A pesar de las secuelas personales, comunitarias y sociales que los abusos sexuales provocan en la vida de las personas, lo más lamentable de todo es que continúe la permisividad y la dolorosa impunidad individual y social.
No importa la edad de la víctima, para el ofensor sexual ha sido ella quien lo ha provocado, él ha tenido que responder como “varón”, o se ha visto llevado a un estado incontrolable para él. Nunca reconocerá que el problema es suyo sino de factores externos. La interpretación de tal conducta se basará en actitudes y prejuicios que van desde justificar un determinismo biológico hasta ideas mágico religiosas. Algunos testimonios pueden ilustrar mejor ciertas creencias al respecto: “un violador es un enfermo de la mente” “porque cuando bebe se le mete el diablo” “no se puede controlar” “la naturaleza del homber es esa: son instintos del mismo hombre” “la naturaleza del hombre es demasiado fuerte... con el hombre nada más puede Dios” “el hombre tiene un demonio”. Todas estas frases corresponden a hombres que fueron entrevistados para un estudio que pretendía, mediante los discursos de los involucrados, describir la manera en que ellos ven su delito y conocer sus historias personales. Lo más grave que está presente detrás de estos testimonios es que las víctimas fueron niñas entre un año y medio y doce años de edad. Esto agrava la nocividad acerca de falsas ideas sobre la conveniencia del silencio, posibles daños a la niñez, el temor al poder, o las consecuencias de la denuncia. Una revisión a dictámenes médicos acerca de las víctimas ofrece resultados como éstos: “el medico legista, dice que la niña no estaba violada, tiene como uno rayoncito; una que se yo qué” “Ella decía que la niña había sido violada con un dedo... esa fue la querella que ella puso en la policía” “lo que yo hice fue un favor” “el certificado medico dice que es antiguo y que ha tenido varias relaciones” “no estaba totalmente violada”. Lejos de aceptar su responsabilidad personal, los entrevistados se valieron de excusas que los colocan a distancia de la situación, definiéndose a sí mismos como víctimas de las circunstancias.
Las ideas de la violación estuvieron conectadas en estos agresores a la violencia física, obviando aspectos importantes como el chantaje, regalos, y amenazas utilizadas para llevar a cabo el hecho. La violación sexual continua siendo uno de los mayores desafíos en los temas de violencia intrafamiliar y hacia las mujeres de todas las edades. Sabemos qué ha ocurrido por lo que dicen las victimas, y por los acercamientos a ofensores sexuales encarcelados. Así se va entendiendo el comportamiento abusivo, e identificando cómo se relacionan la violencia, el poder y la construcción de la sexualidad en estos hombres. A menudo las repuestas dadas han sido muy tradicionales, y suelen ubicar al agresor en los extremos: enfermos mentales o degenerados. Han sido escondidos asimismo por vergüenza y miedo de sus víctimas y por la complicidad explícita o implícita de los discursos dominantes a nivel político, religioso y científico. En la actualidad sabemos que no existe un perfil acabado de agresor sexual. Los estudios muestran que provienen de diferentes estratos sociales. La mayoría son personas cercanas o familiares de las victimas, conocidos o amigos. Pueden haber sido abusados en su infancia o no, pero niegan laresponsabilidad del comportamiento abusivo. Su característica más notable desde el punto de vista del diagnóstico es su “normalidad”. Vota por este artículo: Votar (0) >> ¿Qué es esto?
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