Mirandonos como Jóvenes: En tiempos del VIH-SIDA PDF Imprimir E-Mail
Por Jeannette Tineo   

Image La sexualidad es lo que define nuestro sentir, pensar y hacer. Para las y los jóvenes dominicanos, la sexualidad se relaciona con vivir en una isla caribeña con cerca del 60% de casos de VIHSIDA en jóvenes. Esto significa que nuestra sexualidad está mediatizada por esta realidad. Sobre el VIHSIDA, existen múltiples enfoques y miradas. En este artículo planteo que si ocurre el VIHSIDA, en las dimensiones en que impacta a mujeres y hombres jóvenes, es porque la gente joven convive en contextos adultistas y patriarcales que limitan el ejercicio de
los derechos. Ambos son sistemas sociales excluyentes, en uno se plantea la edad como el criterio o parámetro de Ser, en otro lo masculino y sus producciones se convierten en el referente del Ser y Hacer.

Estos sistemas se traducen en paradigmas y referencias para las instituciones sociales y personas.
A partir de estos modelos, se construyen prácticas y estilos de vidas fundamentados en discursos excluyentes en lo político, económico, cultural y familiar. Por tanto, prima la cultura del silencio, sobre las realidades e intenciones juveniles, sobre todo las relacionadas a la sexualidad.

Ambos sistemas son complementarios, y recrean la historia cultural de Occidente. Permeada por el pensamiento judeocristiano, donde la sexualidad se ubica separada del ser humano, y se asocia al “pecado”, “sucio” y lo “malo”.

Según esta tradición, todas las sensaciones corporalessensoriales fueron y siguen siendo castigadas y reprimidas por ser consideradas “demoníacas”, perversas o que conducen a la enfermedad. En estos contextos, se conforman las identidades juveniles basadas en ideas, prejuicios y tabúes que se arrastran y determinan lo que se piensa, dice y hace alrededor de la sexualidad.

Lo juvenil, en las sociedades modernas, se asocia a discursos y prácticas separadas de lo adulto
y, al mismo tiempo, se entiende lo juvenil como reproductor del mundo adulto. Esto significa que lo juvenil se construye en tanto refleja, a modo de espejo, a las y los adultos, y el mundo adulto, en materia de sexualidad, carga con miles de años de prejuicios, tabúes y mitos sobre la misma.

La ciencia tradicional, por su parte, ha elaborado criterios de juventud como una etapa de preparación.
La psicología y la medicina teorizan acerca de que es una etapa
de la vida para prepararse para “ser alguien”. Elaboran ideas de que las y los jóvenes son seres
“en carencia” y “en falta”. Basándose en criterios biológicos, se establecen teorías en las que se ubica a “el o la joven” como personas que carecen de madurez, experiencia y responsabilidad para Ser y Hacer. Por tanto, no se les considera sujetos o sujeras de derechos. En estas visiones, descansan, a mi modo de ver, la premisa fundamental por la que jóvenes, hombres y mujeres, se ven hoy más que ningún otro grupo social, afectados y afectadas por el VIHSIDA.

Entender lo juvenil desde esta mirada históricosocial es importante. Estos procesos históricos determinan la ubicación social, las interrelaciones y las realidades que atraviesan las y los jóvenes. Los discursos, representaciones simbólicas y prácticas que les definen están basadas en el hacer adulto. Esto se convierte en la causa fundamental del VIHSIDA. Estas visiones hacen que no se apliquen políticas públicas, basadas en informaciones y nociones de la sexualidad que den cuenta de las necesidades y diversidades juveniles.

En estas encrucijadas del no saber, y de un saber no crítico, orientado en enfoques salubristas, de población y no de derechos, hace posible que las y los jóvenes no asuman, en sus prácticas personales, cambios necesarios en las formas que ejercitan y perciben su propia sexualidad.

Muchas políticas sobre el VIHSIDA no son efectivas porque descansan en estas visiones de lo juvenil:

Joven como problema social: se culpa a las y los jóvenes, se les ve como el problema. Se plantean políticas, programas para jóvenes, no desde las y los jóvenes, desde sus necesidades, deseos y propuestas.

En este sentido, se piensa que el VIHSIDA ocurre aisladamente, porque las y los jóvenes, son “promiscuos”, “locas o locos que no piensan”. Por tanto, se crean regulaciones, controles que, lejos de contribuir a cambiar la realidad del VIHSIDA, contribuyen a que muchos y muchas jóvenes no participen y se alejen.

Joven como futuro: significa que los jóvenes no son ahora, sino mañana. Esta es una tendencia que hace que mucha gente joven no se visualice como sujeto en el aquí y ahora, sino en tanto tránsito a lo adulto. Por esta razón, muchas prácticas riesgosas no se consideran, no se asumen, pues “queda mucho por vivir”. Estas tendencias basadas en modelos adultistas (las cuales no son cuestionadas en las bases de la mayoría de programas que se implementan en el país) hacen que gente joven no se comprometa con un cambio efectivo en las condiciones económicas, sociales, culturales y personales que sostienen el VIHSIDA.

Estas ideas homogéneas sobre las
y los jóvenes repercuten en cómo se abordan las realidades juveniles. Por lo regular, no se parten de criterios de diversidad y criticidad del presente y de las condiciones que crean el VIHSIDA. Sobre todo, se reproduce lo social, o sea lo aprendido sin cuestionamientos, sobre
las implicaciones que estos modelos tienen para el ejercicio de la sexualidad.

Desde el enfoque de derechos, es importante que las personas se socialicen en estructuras que les permitan vivir en autonomía. Para esto es primordial recibir atención, protección y libertad familiar, social y cultural. Esto es necesario para desarrollarse sin miedos e inseguridades y vivir la sexualidad libre de prejuicios y culpas. Por el contrario, la mayoría de mensajes culturales que reciben las y los jóvenes están cargados de tabúes, patrones y roles fijos para hombres y mujeres que son la base de las actuales cifras del VIHSIDA.

La sexualidad está conformada por diferentes elementosdimensiones que se relacionan. Estos componentes fundamentalmente son:

Aspectos socioculturales:

Este aspecto se refiere al sistema de creencias, costumbres, rituales y códigos que una sociedad constituye, crea y mantiene. Estos elementos conforman los paradigmas
y la cosmovisión con que una cultura se refiere a temas, situaciones, hechos y vivencias. Estos patrones se constituyen en normas
de relación entre las personas, los cuales se traducen en conductas que se aprenden a través de los procesos de socialización.

Aspectos afectivosemocionales:

Esta dimensión está relacionada con la forma en cada joven vive
su sexualidad y corporeidad. Este aspecto es de suma importancia, porque alude al mundo subjetivo,
al marco de referencia con que se relacionan entre sí y con las y los adultos. Comprender lo afectivo en la sexualidad supone una mirada a cómo cada persona experimenta y decide vivir sus deseos, sentimientos, búsquedas y pasiones; cómo cada persona se conecta con su propio mundo, con el mundo geográfico y con el mundo de las interrelaciones y contactos personales.

En esta dimensión, se desarrolla un sentido básico de seguridad, autonomía y de intimidad personal que permite a las personas jóvenes vivir su sexualidad sin riesgos.

Significa desconstruir lo culturalmente aprendido, para incorporar nuevas visiones, valores y prácticas, que efectivamente permitan vivir el deseo, el placer sin temor, culpa y discriminaciones.

Implica que quienes toman decisiones y aplican políticas públicas tienen el compromiso de contribuir al cambio, a través de incorporar nuevas ideas no prejuiciadas sobre estos temas.

En un mundo cristalizado por el VIHSIDA, es importante ver cómo estas visiones restringen el ejercicio de derechos sexuales y derechos reproductivos. Significa que mucha gente joven es discriminada por su condición serológica y, sobre todo, que se recrean ideas, visiones valores, que restringen los derechos. El conservadurismo y los fundamentalismos intentan, sobre todo, atacar el ejercicio a una sexualidad libre y placentera por parte de las y los jóvenes.

Estos aspectos socioculturales e intersubjetivos interactúan entre sí y no se pueden ver como entidades separadas, pues conforman nuestra sexualidad, otorgándonos la posibilidad de vivir lo erótico, sensual y genital de forma simultánea. Vivir estos elementos íntegramente nos permite decir ESTE CUERPO ES
MIO. Y así, vivir el lenguaje de la ternura y del placer en cada dimensión, espacio de la vida cotidiana, sin temor a ser un número más en las estadísticas del VIHSIDA.

(*) Jeannette Tineo: miembra de Family Care International.


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