En Estados Unidos, la comunidad latina constituye el segundo grupo de mayor riesgo ante el VIH y el SIDA. La infección afecta en forma desproporcional a las mujeres, las que se llevan la peor parte respecto al hombre.
El censo estadounidense del 2000 reveló que la población latina radicada en este país creció de 22.4 millones en 1990 a 35.3 millones en el 2000. De ese total, el 7.3 por ciento son mexicana/os, el 1.2 puertorriqueña/os, el 0.4 cubana/os y 3.6 proviene de otros países, incluida la República Dominicana. La mitad de los latinos y latinas vive en los Estados California y Texas, aunque también en Nueva York existe un número considerable. Este crecimiento poblacional, unido a las barreras del idioma y las creencias culturales y religiosas, pone a este grupo en riesgo creciente ante el VIH/SIDA. En el año 2000, a pesar de que los latinos y latinas representaban el 13 por ciento de la población de Estados Unidos, ocupaban el 19 por ciento de los casos nuevos de SIDA entre adulta/os y adolescentes. En 1993, el 18 por ciento de las personas que vivían con VIH, eran latinas, mientras que en 1999, ya representaban el 20 por ciento de los infectada/os. Esta situación contrasta con la disminución registrada entre blanca/os de origen no latino, quienes pasaron del 46 por ciento en 1993 al 38 por ciento, en 1999. A medida que aumentan los casos entre la comunidad latina, crece drásticamente el riesgo en las mujeres de ese origen. Según el último censo, desde principios de la epidemía hasta el año 2000, se reportaron 114 mil 019 casos de SIDA entre personas latinas, de los cuales el 81 por ciento son hombres y 19 por ciento mujeres. Entre los hombres, los que tienen sexo con hombres representan el 42 por ciento, los usuarios de drogas inyectables el 35 por ciento, en tanto que, el 6 por ciento restante pertenece a los que tienen relación heterosexual. En contraste, el 47 por ciento de las mujeres latinas con SIDA se infectó por contacto heterosexual, de éstas el 40 por ciento contrajo el virus a través de relaciones sexuales con hombres que usan drogas inyectables. Aunque las afroamericanas y latinas componen menos del 25 por ciento de la población femenina en Estados Unidos, representan cerca del 80 por ciento de los casos de SIDA reportados entre mujeres de todas las nacionalidades que residen en este país. La feminización del SIDA es alarmante, según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades estadounidense, desde 1985 al 2000 los casos de SIDA reportados entre mujeres se triplicaron. Se estima que las posibilidades de transmisión del VIH de hombre a mujer es ocho veces mayor que de mujer a hombre. Los factores que influyen en que las mujeres tengan un alto riesgo de contraer el VIH son biológicos, sociales, emocionales, y económicos. Asimismo, la inequidad de género y el poder desigual que caracteriza el patriarcado, y que están presente con fuerza en la cultura latina, se consideran elementos que impiden el sexo seguro, por ejemplo: las mujeres pueden considerar la intimidad con su pareja más importante que protegerse del VIH; con frecuencia dan por hecho la fidelidad del hombre; la mayoría no se atreve a proponer el uso del condón o no sabe cómo proponerlo, tampoco se permiten pensar que su pareja puede haber tenido o estar teniendo relacioneas sexuales con hombres. La práctica legitimada en esta cultura de que el hombre demuestra su masculinidad a través del sexo, así como el hecho de que la mujer que habla de sexo abiertamente puede ser calificada como promiscua, son otros aspectos que propician el aumento de riesgo en las latinoamericanas. Si partimos de estos múltiples factores causales, se evidencia que para disminuir la incidencia del VIH y SIDA en las mujeres latinas es necesario diseñar estrategias que tomen en cuenta el contexto sociocultural y económico. En tal sentido, se precisa desarrollar métodos de protección controlados por las propias mujeres, y que estén dirigidos a trabajar con éstas de manera individual, pero también con sus parejas. Es imprescindible fortalecer la educación, el empoderamiento, las habilidades de negociación con la pareja, así como el liderazgo comunitario de las mujeres, que les ayude a asumir una actitud de autocuidado ante el VIH. Además, tomar en cuenta las creencias de índole culturales que impiden a los hombres aceptarse como bisexuales u homosexuales y, resistirse a tener prácticas sexuales de alto riesgo. Debido a la alta incidencia de mujeres infectadas por hombres que usan drogas, es importante desarrollar intervenciones con la población masculina usuaria de drogas inyectables. Asimismo, por razón de que las latinas se encuentran en todo Estados Unidos, se requiere que los programas estén al alcance de éstas, independientemente de donde vivan. Otro aspecto relevante es desarrollar investigaciones en mujeres latinas acerca de los factores de riesgo, en búsqueda del arrojo de mayor conocimiento del impacto del VIH/SIDA en esta población, de manera que facilite la definición e implementación de estrategias más precisas y exitosas.
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