La de Milagros Altagracia Comprés Domínguez y su madre, Ramona Comprés, ambas madres solteras, abandonadas a su suerte por padres irresponsables, es la historia de dos mujeres, solas, luchando por salir adelante y a las que en el camino se les cruza la mano criminal de otro hombre que, al asesinar a Milagros, mata también la única esperanza de Ramona.
Milagros Comprés, natural de Jarabacoa, llegó como ilegal a Nueva York el 15 de noviembre del pasado año. Tenía 27 años y todo el entusiasmo por conseguir un trabajo que le permitiera ayudar a su madre a sacar adelante a sus cinco hermanos menores. Milagros también había dejado al cuidado de su madre, en Jarabacoa, a su hija Heidi, de 11 años. Pocos días después de haberse instalado en Nueva York, Milagros comenzaba a trabajar como dependienta en una cafetería. Conoció a un joven ecuatoriano de alrededor de 20 años y de nombre Aníbal que trabajaba como mecánico y con el que comenzó a compartir su vida. Desde que tuvo ocasión le mandó a su madre algún dinero y un celular para poderse comunicar con ella, con sus hermanos y su hija. Aparentemente, todo marchaba bien.Sin embargo, el 7 de septiembre de este año, una vecina de Milagros, alarmada por el mal olor que provenía del apartamento de la dominicana, llamó a la Policía. Una vez echaron abajo la puerta, encontraron el cuerpo de una mujer joven y desnuda, en muy avanzado estado de descomposición. Había sido asesinada de multiples golpes y cuchilladas, con brutal saña, llegando incluso su asesino a sacarle los ojos, acaso para que su víctima no siguiera mirándolo. El apartamento había sido desvalijado y no quedaba en él nada que tuviera algún valor. Y Aníbal, el esposo de Milagros, había desaparecido junto con sus pertenencias. Según los exámenes practicados al cadáver, la mujer había sido asesinada nueve días antes, aproximadamente el 30 de agosto. La víspera, Milagros había llamado por teléfono a su madre para anunciarle el envío de un dinero que nunca llegó.
Al margen de las dudas legales sobre si la mujer asesinada es o no Milagros, que por el estado de putrefacción del cadáver ha sido muy difícil de confirmar, así como por la imposibilidad económica de Ramona para trasladarse a Nueva York, los restos de quien parece ser Milagros permanecen en la morgue Jamaica, de Quenns, con el número 68103. La coincidencia del tatuaje de una flor en una pierna parece despejar cualquier duda. Nada, al parecer, han hecho hasta el momento las autoridades dominicanas en Nueva York. Y Ramona, la madre de Milagros, que trabajaba cuidando y limpiando ancianos en el asilo de Pinar Quemado, devengando 1,500 pesos al mes, fue desalojada de su modesta vivienda en la que pagaba mil pesos mensuales, por atrasarse varios meses en el pago, y sacada de la vivienda esposada, junto a sus cinco hijos. Desde entonces, con ayuda de algún vecino, ha levantado una vivienda aún más modesta a orillas del Yaque y vive pendiente de que el río no se lleve la casita y del celular que le regalara su hija en la esperanza de que ésta le llame. Extrañamente, después de encontrado el cadáver de la que todo hace suponer es su hija Milagros, ha recibido algunas llamadas desde el (917) 3304495, el número del celular de su hija, pero nadie le ha hablado. La Policía sigue buscando al joven ecuatoriano como principal sospechoso del crimen. Ramona sólo aspira a saber qué ha sido de su hija, enterrarla cristianamente, encontrar una manera digna de ganarse la vida y poder sacar adelante al resto de sus hijos. Fuente: El Nacional.
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