Las caras ocultas del SIDA PDF Imprimir E-Mail
Por Laura Martinez   

Image La lucha contra esta enfermedad es también una batalla contra la falta de continuidad a los programas
estatales.

En la Casa Rosada, la realidad habla por sí sola: de 47 niños/as, 14 no reciben ningún tipo de tratamiento. Por eso, sólo piden que esa teoría de la que tanto se habla se haga realidad. Y pronto, claman.

Más de 10 mil niños/as dominicanos padecen una enfermedad heredada. Ellos son los grandes olvidados de esta afección. Muchos son abandonados por sus familias, otros quedan huérfanos y huérfanas.

En la Casa Rosada, tienen más solicitudes que camas. Varios de estos niños son "afortunados", pueden acceder a las terapias antirretrovirales gracias al respaldo económico de sus padrinos. Otros, gracias a donaciones. El resto, lucha por sobrevivir.

En 2003, dos de ellos fallecieron. Este año, Rosita, en silla de ruedas y con sonrisa inquebrantable, perdió la batalla contra el Sida el mismo día en que el país celebraba la Independencia. La otra cara, triste también: dos vencieron la enfermedad, pero todavía no han podido localizar a sus familiares.

Promesas sin cumplir

Los datos de las Naciones Unidas no son nada halagüeños: el 2.5% de los dominicanos está infectado con el VIH, la tasa más alta del Caribe después de Haití, que tiene un 6%. Cifras que quedan en la mera anécdota cuando se observa las cárceles, bateyes o trabajadores sexuales donde la prevalencia supera el 4%, según María Isabel Tavárez, coordinadora del Programa Nacional de Atención Integral de la Dirección General de Control de Infecciones de Transmisión Sexual (Digecitss). En definitiva, según la ONU, son alrededor de 214,000 infectados.

Sin tanto apego a las estadísticas, pero sí a la realidad del día a día, la pediatra Solange Soto trabaja en el hospital Robert Reid Cabral desde 1985.

En 2003, Soto trató los 137 casos pediátricos que llegaron hasta el Robert Reid. Más del 20% habían quedado huérfanos víctimas del Sida. Soto dice que está cansada de promesas sin cumplir, de programas que van y vienen según el gobierno de turno. 
    Avances, pero...

Desde octubre pasado, la Digecitss aplica un programa de atención integral para introducir el tratamiento antirretroviral en el sistema hospitalario. La mayor parte de los fondos procede de organizaciones internacionales. Los objetivos: cubrir 18 centros en cinco años. El programa, que abarcará a 70,000 pacientes, incluye consejería, seguimiento, adherencia al tratamiento, entre otros.

En el hospital Robert Reid Cabral comenzaron a aplicar este proyecto en enero con 15 niños. Sin embargo, a las dificultades de dosificación del medicamento y a la falta de otros fármacos para prevenir sus efectos secundarios se suma la ausencia de una unidad de atención integrada. "Una promesa que estamos esperando desde el año pasado", denuncia Soto.

Esto hace que uno de los hospitales infantiles más importantes del país tenga antirretrovirales, pero no disponga ni de personal adecuado, ni de un área física propicia: teléfonos para poder dar seguimiento a los pacientes o agua para lavarse las manos entre la consulta de un paciente y otro.

La transmisión maternoinfantil es también un tema clave. Si no se hace algo por evitarlo, el 30% de los niños de madres con Sida padecerá esta enfermedad, tal y como corroboró recientemente Santiago Collado, experto en hematología. Desde 2001 se aplica en el país el programa de Reducción de la Transmisión Vertical, con el que ha descendido el contagio en más del 70%. Consiste en suministrar a la madre el medicamento Nevirapine, ocho horas antes de provocar el parto. Con esta medida, se consigue reducir la cantidad de virus en circulación de la madre. Después, se le suministra al bebé el mismo medicamento en las 72 horas inmediatas a su nacimiento.

Estigma latente

La discriminación de la sociedad y la autodiscriminación será otro de los puntos fuertes del programa. Según la última Encuesta Demográfica y de Salud de 2002, un tercio de las mujeres entrevistadas piensa que las personas con VIH/Sida deben guardarlo en secreto. Esto hace que la mayoría afectada, ya sean mujeres, hombres o niños, padezcan una segunda enfermedad y no menos terrible: la depresión. Un círculo vicioso que hay que romper para que la teoría se convierta en realidad.
 


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Mirta Rodriguez Calderon
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