La Muerte como espectáculo PDF Imprimir E-Mail
Por Grisbel Medina R.   

Image La sangre pinta, cada noche, la televisión cibaeña. La crónica roja en televisión es la "cena" visual de las familias. Nadie se escapa del lente que acecha cabezas destrozadas y los cuerpos ensartados por armas blancas y cañones de fuego.

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Con tal de que nada se escape, el camarógrafo desayuna, come y cena frente a la morgue del hospital José María Cabral y Báez de Santiago. Mucho se habla de impedirles el paso, pero, al final, los "super varones de la televisión" pisotean argumentos y siguen grabando. Eso es lo suyo. Todo es captable. El "zoom” es el más apetecido. Si el "muerto" fue perforado en la cabeza, el lente huele el hoyo, se salpica de sangre. La periodística, aquella que entienden los "super varones de la televisión", no concibe perderse las heridas.

La muerte servida como un espectáculo da muchos beneficios. De pronto, aquellos espacios donde los cadáveres (siempre de sectores pobrísimos) son ricos en publicidad. "Detras de la Noticia", el programa del periodista Esteban Rosario, es una de las referencias más antiguas del tema. Los ciclos de comerciales son larguísimos y su consecuencia económica tiene a su dueño transitando en yipeta. A su modo, Rosario defiende el espacio que en junio cumplirá 10 años: “La violencia urbana crece y Santiago no escapa a esa realidad”. Reconocido por las acertadas y espinosas investigaciones publicadas bajo los títulos "La oligarquía de Santiago", "Los Dueños de la República Dominicana", y "Trujillo y la Tabacalera", no le da crédito a la crítica de especialistas en psicología. No le hace caso a quienes opinan que esas exposiciones son dañinas. Según dice, "nadie ha estudiado el impacto de la crónica roja en televisión a las familias" y con esta expresión culmina su defensa.

UNA IMAGEN, UNA AGRESION

Esteban Rosario protagoniza un recuerdo del psicólogo Apolinar Rivas. Una vez, un oficial de la AMET mató
a un chofer en Santiago.

El periodista, domiciliado cada noche en Tele Unión, quiso entrevistar al padre de la víctima. La insistencia se vistió de presión. Y la amargura, según Apolinar, no impidió que el señor le rogara al periodista: "Por favor, respete mi dolor".

La meta de conseguir una entrevista no debe ser un mecanismo de extorsión, de maltrato. Otra forma de agresión evidente en cada entrega es la constante grabación en hospitales públicos. Las clínicas o centros privados "nunca salen". Las escenas desgarradoras protagonizadas por familiares de víctimas de accidentes y asesinatos son siempre humanos y humanas pintarrajeados con los tonos de la extrema pobreza.

La respuesta a la intromisión y venta del dolor ajeno, emanado siempre de barrios populares, la tiene el experto: "Esos programas graban a personas que no conocen y tampoco reclaman sus derechos". Cita el caso de las funerarias y "velorios de ricos". Ahí nunca hay cámaras. Así de simple.

Elisetty Polanco, productora de "Portafolio extra", programa transmitido cada noche por Teleuniverso, opina que el "boom" de la sangre en televisión es efímero. Sus años como reportera la marcaron. No olvida aquellos camarógrafos que, con tal de grabar lo peor, le quitaban "el cartón o la tela que algunas personas le ponían a los cadáveres". Para ella, la exposición de cuerpos inertes "es una falta de respeto a la dignidad del fallecido, su familia, el público y una afrenta a la clase periodística".

A su juicio, los programas como "Detrás de la noticia" de Esteban Rosario y "Zin Nombre" de Nelson Abreu, despiertan el morbo de gente y asegura que "eso cae por su propio peso; la gente sensata no
se complace con esos programas".

La periodista recuerda la caída de las Torres Gemelas en New York el 11 de septiembre de 2001. Allí –dice, nadie vio cuerpos destrozados. Se cuidó la integridad de la gente. Y, a pesar de las desdichas humanas por fenómenos naturales o acciones provocadas, "siempre aparecen sacos, jamás despojos", establece la periodista. "Normalmente presentan fotografías del lugar donde ocurrió el hecho como referencia, jamás sale un cuerpo en mal estado", argumenta.

Más que informar, el constante auspicio de reportajes sangrientos basta con recordar los siete jóvenes fusilados en Navarrete busca afianzar los programas sobre la base de explotar el morbo.

TAMBIEN EN LA VEGA

La Vega, ciudad famosa por la organización y el colorido de su Carnaval, también anida espacios donde, groseramente, se tributa honores a muertes despiadadas. "Alberto y Ubaldo", "La Fogata Mañanera" y "Meridiano vegano", son tres de las tribunas que no respetan tiempo, lugar ni la dignidad de las personas.

Yadiris Morilla, madre de 25 años, asegura que "La fogata mañanera", de José Luis Pacheco Ayala, y Radhamés Jimnez, de Microvisión, presentan, desde las siete de la mañana, cadáveres en distintas circunstancias. El lenguaje también se constituye en un atentado.

"Alberto y Ubaldo en el meridiano", de Alberto Rodríguez y Ubaldo Brito, es otra mesa donde se desestima la vida y la moral de cientos de familias.

La "chercha" con que muchas veces se abordan los casos también irrita. Una vez, la dueña de una casa de cambio fue asaltada y nunca permitió que las cámaras entraran a su casa. La razón, la deja claro al decir: "Para qué, siempre que vienen hacen una chercha”.


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Mirta Rodriguez Calderon
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