Un libro y dos confesiones: La loca de las yagrumas PDF Imprimir E-Mail
Por Mavis Dora Álvarez Licea   

Image Llevaba yo un rato largo en aquel patio luminoso y cálido en la media tarde sabatina del primer agosto de mi libro. Conversaba con un grupo de personas bien heterogéneo, jóvenes, adultos, hombres, mujeres, negros, mestizos, en fin; un grupo de cubanos y cubanas en una de las provincias centrales de mi país. Todo fluía a mi placer, me escuchaban hablar, más bien contar de esas historias sacadas de mi memoria y puestas ahí tal como estaban en esos rincones donde uno guarda lo que no puede olvidar.

Llegado el turno de las preguntas una mujer muy joven levanta la mano y me suelta, sin aparente alevosía, como si nada: ¿Por qué usted escribió ese libro ahora y no antes? Me quedo en blanco, no puedo contestar enseguida, simplemente no sé qué argumentar… y le dije la verdad:

Mira, ¿sabes una cosa?... no lo sé, pero te prometo que en cuanto lo sepa te lo digo.

Y de ahí para acá me propuse encontrar una respuesta, para esa muchacha curiosa y profunda, para las futuras ocasiones en que me viera en semejante embarazosa situación, y para mí. Justificaciones podría alegar con la escasez de tiempo de la siempre funcionaria en misiones urgentes e impostergables, pero no es cierto porque montones de otras cosas escribí. Igual diría de la falta de oficio de escritora, pero no es válido porque torrentes de cuartillas redacté en informes para decir o no decir lo que oportunamente debía. Entonces, ¿Por qué? Ahora creo saberlo. Al menos, tengo algunas respuestas. Porque me sentía endeudada, porque habían caído demasiado aguaceros y pasado otras tantas ventoleras como para sepultar en el silencio de lo no dicho a tanta gente, tanta pasión, tanto amor entregado apenas sin saber razones, a puros golpes de intuición sintiendo llegada la hora de los ninguno y el “con las manos cruzadas no me quedo”.

Porque no encuentro en los relatos oficiales sus nombres, porque tampoco aparecen en los recuentosde hechos trascendentes, ni en imágenes al lado de personajes y personalidades, porque no los veo en la historia escrita… y sin embargo, sin ellos y ellas, ¿esa historia sería la misma?

No es justo perder en el hoyo de los tiempos la vitalidad de esas mujeres envueltas en torbellinos sociales y políticos que irrumpieron y trastornaron profundamente el entorno íntimo de sus relaciones familiares, afectivas. Cambios, desgarraduras, incomprensiones, violencias, todo mezclado en un contexto de esperanzas y desconfianzas. Pero entonces y aún por muchos años yo sería demasiado joven y apasionada para ver –como he visto en el otoño de mi ya larga vida la valía de toda esa gente con quienes tuve la suerte de convivir en tiempos convulsos y hermosos. Parece que el corazón también debe añejarse para atemperar sus emociones y para percibir que contar también es un modo útil de seguir en la lucha.

Por eso están ahí ahora y no antes esos cuentos construidos con pedazos de vidas rescatadas del silencio, del polvo de los caminos caminados, de las raíces y cicatrices de un pueblo que no quiere, no puede, olvidar. Y para que yo pueda descansar tranquila, algo aliviada del peso de la deuda pendiente por más de cuatro décadas. Y a la jovencita de Palmira (así se llama el pueblo de la preguntona) la encontré de nuevo en una de esas vueltas con mis locas a cuestas.

Muchacha, creo que ya tengo una respuesta para ti. Y me escuchó, tan curiosa y atenta como la primera vez.

Al despedirnos le dije “Bueno, si ya leíste el libro, ahora soy yo la que pregunta, ¿crees que no queda nada por hacer?”

Enero del 2005

 


Vota por este artículo: Votar (0)   >> ¿Qué es esto?

Sea el primero en comentar el artículo

Para agregar sus comentarios a este artículo, favor acceda con su cuenta de usuario.
Si aún no tiene una, puede registrarse de manera gratuita.

 

Actividad de los Usuarios

Lo que escribimos...

dominicanos periodistas periodismo rumor libertad expresion ciudadana movilizacion etica publicos participativo medios comunicacion

Feeds RSS