El Derecho a Ser, a Estar, a Vivir... PDF Imprimir E-Mail
Por Georgina Herrera   

Mientras escribo esta nota introductoria, en total disfrute, puedo confirmar que soy una mujer afortunada, porque lo hago valorando literaria y humanamente “La Loca de Las Yagrumas y otras mujeres”, el libro de cuentos de Mavis Dora Álvarez Licea, el primer libro de Mavis, el libro de todos y todas, el libro del amor en toda su magnitud, digo yo.

Historias que la autora cuenta y en las que hombres y mujeres se ven envueltos en un momento histórico desconocido que los arrastra inexorablemente a situaciones que transformarán sus vidas. Es el momento de un cambio radical e irreversible en el entorno específico y complejo de la aplicación de la reforma agraria revolucionaria, por tanto estas mujeres que piensan, recuerdan, dicen y hacen cosas, son, en su mayoría, campesinas, junto a otras que, por distintos motivos, fueron a compartir ese destino de haber sido, hasta entonces, las menos escuchadas.

El hombre, sin ser relegado, se convierte ¿se lo propuso Mavis, o no? con su quehacer acostumbrado y cotidiano en un pretexto para la aparición de la mujer en rol de protagonista en muchos de estos relatos. En ellos la mirada femenina, su olfato, sus sentimientos, se enfrentan y analizan el pasado, el presente y el futuro de manera muy peculiar.

Para contar estas historias era necesario una persona que conociera la vida en el centro mismo del campo, que amara la tierra y sus pobladores, y los respetara, entonces, todo lo que hay de transformación y resistencia al cambio, todo lo que sucede se convierte en un canto épico a un acto de justicia que ya no podía esperar más.

Quienes transiten los caminos que Mavis traza a los personajes de sus narraciones, se preguntarán: ¿Dónde estaba esa gente? Ahí mismo, es la respuesta, sólo que fueron muchos los pares de ojos que les cruzaron por encima buscando “asuntos más trascendentes”. Alguien como Mavis tenía que sentir el latir de esos corazones, hurgar entre la sangre detenida por los abusos y las angustias y hacerla fluir, no precisamente como un milagro, sino como realidad esperando su momento, por eso en la múltiple lectura de cada historia hay dedicación y entrega, pero también frustraciones, miedos, audacia, terquedad y malicia.

La autora no les escatima a sus “locas” ningún sentimiento. No hay maternalismo, no oculta ni justifica; su rol en este libro se limita a concederle a cada cual, muchas veces con sorprendentes rasgos poéticos, el derecho a ser, a estar, a vivir. En ocasiones reímos a carcajadas, pero detrás del estremecimiento de la risa, viene la reflexión profunda; son trampas que nos tiende la humanidad y la sabiduría de la autora y en las que caemos a gusto.

Dije, al principio, que me consideraba afortunada al escribir sobre Mavis y su libro. ¿Por qué? En mi primera lectura pensé: Tengo que hacerle saber a Mavis lo orgullosa que estoy de ser su amiga, porque me ha dado a leer un libro que puede ser lo mismo un diario muy personal que una pintura mural o una sinfonía donde intervienen todos los trinos del monte, pero nunca, nunca imaginé que, con mi criterio, emocionada, más que certera tal vez, estaba abriendo el camino para una nueva lectura, en esta nueva edición de esas intensas historias de amor, de vida y dedicación al proyecto más hermoso que hemos tenido y en el que insiste en participar gente que conocemos, con otros nombres, otra edad y otros entornos.


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