Uno de los cuadros más impactante de la famosa pintora mejicana Frida Khalo se llama “Unos cuantos piquetitos”, cuya historia se inicia en los años 30, en ciudad Méjico, donde una mujer fue encontrada muerta en su cama con más de treinta puñaladas. Cerca del cadáver estaba el marido, ensangrentado y con puñal en mano.
En el juicio, el hombre se mostró todo el tiempo tranquilo y cuando le tocó exponer preguntó por qué le estaba pasando todo aquello y por qué le querían condenar si, total, “sólo fueron unos cuantos piquetitos”. Su afirmación conmovió la susceptibilidad de artista de Frida, quien, motivada por el suceso, lo plasmaría, con dolor, en su célebre obra citada. Diariamente se suele escuchar parecidas expresiones de los feminicidas aquí y en el resto del mundo para llenar de rabia e impotencia a la gente sensible. “La maté porque era mía”; “Excúsenme, el diablo se apoderó de mí”; “No supe lo que hice”. Sesenta y cinco años después, el 27 de enero recién pasado, y en esta nación, la dominicana, Bélgica García no sospechó que José Alfonso Germosén le quitaría la vida minutos después de una ligera discusión. Las altas cifras demostrativas de que las mujeres siguen estando en riesgo permanente de ser víctimas de violencia de género deben decir algo a la sociedad, que todavía no encuentra una respuesta adecuada del Estado para encarar tanta violencia. La impunidad queda entonces consolidada y los agresores terminan con ligeras condenas o con ninguna.
Parece llegada la hora de que este fenómeno de extrema gravedad sea tomado más en serio por las autoridades. Tiempo hace ya para la inclusión de una perspectiva de género en los procesos de reforma judicial y legislativa. Basta ya de quedarnos rumiando datos estadísticas y perfiles de homicida y víctima como los que siguen: “En el 2002 las cifras de feminicidios fue de 124; y en el 2003, de 102. O bien reseñas como la que sigue: “Ella era una buena muchacha”; “¡Dios mío! Pobres niños que quedan marcados y en la orfandad”; “Nunca pensé que José podría llegar a cometer ese crimen, pues era un hombre tan tranquilo”; “En realidad siempre escuchaba discusiones, pero no pensé que todo terminaría con Bélgica asesinada”; “En este departamento contra la violencia intrafamiliar no hay expedientes ni querellas contra el homicida”. Para terminar, les dejo con la cruda y categórica apreciación de la colega Sara Pérez: “¿Tiene derecho a escandalizarse por unas mujeres desnudas que hacen el amor en público, la misma sociedad que permanece indiferente ante los asesinatos de miles de mujeres a manos de pretendientes, novios, maridos y exmaridos?” “¿Es más inmoral la exposición de un pubis húmedo de saliva, que los olvidados orificios sangrantes de 1000 puñaladas, 1000 balazos, 1000 batazos y 1000 estrangulamientos?” Email:
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