Manipulación de lo genérico PDF Imprimir E-Mail
Por Marta Ramírez Muñiz   

Image La capacidad de la comunicación social para determinar la agenda de la cotidianidad, los contenidos sobre los cuales se informa a los públicos y sobre qué se desea que piense y hable la gente, ha sido desde hace casi medio siglo (en particular como resultado de las teorizaciones derivadas de la Escuela de Frankfurt) tema recurrente en los estudios de comunicación.

Las manipulaciones de la noticia, el ocultamiento de sucesos, el enmascaramiento de conductas, es asunto sabido y referido sobradamente cuando de temas “de lo político” se trata. Mucho menos sobre realidades que atañen a lo social. Y la precariedad es mayor si se aspira a encontrar o promover criterios en cuanto a perspectiva de género en el quehacer comunicacional dominicano.

Hoy por hoy hay todavía muy pocas reflexiones sobre esta verdad que repetimos desde la Red Dominicana de Periodistas cuando una y otra vez recordamos aquella afirmación de la colombiana Patricia Anzola en el sentido de que “la noticia no tiene sexo pero su tratamiento si tiene género”. Ya ha llegado el momento de hacer esos análisis, sin embargo. De alertar sobre cómo, en el proceso de construcción de escenarios y situaciones que responden mucho más a intere
ses e intenciones que a la realidad misma, se introducen sesgos manipuladores en perjuicio de las aspiraciones de promover la equidad de géneros y , por qué no, de favorecer los avances de las mujeres, históricamente las más desfavorecidas.
Ejemplos hay bastantes. Todos los días ellos alcanzan a lectores y espectadores.

Hace poco, cuando nuestra sociedad comenzó a angustiarse con razones por la ocurrencia de violaciones a niñas y niños, varios medios masivos de comunicación reprodujeron profusamente declaraciones de mamás trabajadoras que declaraban su voluntad de volver al hogar para cuidar personalmente de sus hijos e hijas en previsión de que alguna o algún pedófilo pudiere ensañarse con los y las menores de su familia.

No hubo, al menos hasta donde pude chequearlo y mantenerme al tanto, ni periodista mujer ni periodista hombre que, en lugar de incitar a madres inquietas a abandonar espacios que seguramente les han costado mucho esfuerzo conseguir, señalaran la urgencia de que el Estado y la justicia asuman plenamente y con rigor sus responsabilidades en estos casos.

Sería difícil de probar que hubiere en esta campaña una consciente intención para excluir mujeres e ignorar sus derechos a participar en la vida económica del país (además de garantizarse mejores condiciones materiales). Pero lo cierto es que tal llamado a abandonar empleos y a sacrificar aspiraciones personales se traduce en esto. ¿Vio, escuchó o leyó alguien algún producto comunicativo que incitase a los papás a algo semejante? ¿Es que los padres no se han sentido angustiados por riesgos así para sus hijos e hijas? Las respuestas, por obvias, no necesitan ser citadas.

Lo que no se ve, y casi seguro tampoco se piensa, es en la razón económica subyacente, por la cual se “distrae” la presión necesaria sobre
las autoridades y el Estado y se descarga sobre las mujeres esa responsabilidad: otra expresión de neoliberalismo en adición al sesgo machista en el tratamiento de la noticia.

Que las mujeres no compitan

Lo cierto es que RD vive una seria crisis económica. Y en tiempos de crisis es mejor que las mujeres no compitan por empleos escasos sino que garanticen la reproducción de la fuerza de trabajo en el seno del hogar y se aseguren de proporcionar inmunidades a sus hijos e hijas frente a la profusión de la violencia, mientras también los educan, cuidan y alimentan personalmente.

Por desgracia las estadísticas disponibles en el país son precarias. Una situación bien distinta en materia de documentación tuvo Susan Faludi, la prominente analista norteamericana, autora de “La guerra contra las mujeres” cuando en un trabajo que le tomó cinco años, quiso demostrar la manipulación que los medios masivos hacen de realidades económicas para frenar la voluntad de ellas de medirse frente al universo patriarcal y a los condicionamientos machistas.

Reiteradamente ella prueba en su obra el falseamiento de informaciones según las cuales las mujeres ejecutivas estarían cansadas de serlo y temerosas de “quedarse para vestir santos”; o las trabajadoras preferirían reasumirse en el rol de madressolo madres y volver al hogar.

En la década de los 80 –cuenta la Faludi– la revista Fortune la emprendió contra las mujeres de empresa a quienes quería desalentar por razones políticas. En varias entregas y durante varios años exaltó hasta la saciedad a las mujeres que hacían del marido triunfador el “foco de sus vidas” en detrimento de sí mismas y de sus aspiraciones.

“Fortune no fue la única publicación que recurriera a esta estrategia –reseña Susan Faludi. Esquire, una publicación periódica muy dada a las invectivas contra la mujer moderna, dedicó su entero número de junio de 1990 a un almibarado tributo a la “esposa norteamericana”, sólo la de la clase tradicional. En una memorable foto a toda página, un ama de casa modelo era presentada de rodillas, frotando jubilosamente un inodoro...”

“Un número creciente de mujeres profesionales deliberadamente se han retirado de la pista rápida”, afirmó Newsweek en 1988, una aseveración una vez más no apoyada en las estadísticas federales sobre la fuerza laboral. Las mujeres que abandonan las aspiraciones a carreras, decía la revista, son “mucho más felices”... Más mujeres profesionales de carrera están “eligiendo” ser algo que nunca imaginaron que serían: “madres que se quedan en casa”, anunciaba un artículo de la New York Times Magazine. Maniobraba en torno de la falta de datos para apoyar su afirmación diciendo: “Nadie sabe cuántas mujeres con carreras dejan sus puestos cada año para estar con sus hijos”.

Luego de otras muchas ejemplarizaciones, Susan Faludi sintetiza en su libro: “en realidad, las mujeres con mentalidad de madre ¨(sólo madres) estaban en vasta minoría en el mercado laboral: en el Informe de la Investigación sobre Mujeres que Trabajan, realizada por Newsweek en 1984, por ejemplo más del 70% de las mujeres entrevistadas dijeron que preferían tener empleos de alta presión en los que era posible el avance que los empleos de baja presión donde no había avance...”

Varios lustros han transcurrido desde los ejemplos mencionados en la obra de Susan Faludi. En esa etapa las mujeres norteamericanas siguieron conquistando espacios, los mismos que hoy están amenazados por una administración profundamente reaccionaria y conservadora que nuevamente la emprende contra esas conquistas, particularmente en materia de derechos reproductivos.

Para ellas y para nosotras, las dominicanas, minimizadas por semejantes razones y con experiencias bastantes de esas discriminaciones (que en los empleos de zonas francas alcanzan cúspides, según lo testimonian muchas de las trabajadoras), valen estas sentencias del epílogo de la propia obra, en uno de cuyos párrafos la analista cita esta frase de otra mujer: “por fin decidió, como tantas otras mujeres ´que no había otro lugar hacia donde ir sino adelante`”* Alude a Felice Swartz, fundadora de una firma consultora de corporaciones sobre carreras de mujeres quien inició la andanada de publicaciones que aseguraban, con pocas evidencias y pruebas, que la mayoría de las mujeres de carrera deseaban volver al hogar.


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