“Creo que la cobertura de la prensa ha cambiado bastante, que hace una
década la cobertura era mucho más sensacionalista. Realmente, no tomaba
en consideración la perspectiva de género y se trivializaba mucho la
cuestión de la violencia doméstica que, yo creo, estaba instalada en el
imaginario social nuestro como algo de chiste, privado, que ocurre en
la familia y que no hay que darle mucha importancia. Ni tan siquiera
era un asunto importante para la prensa. Yo te diría que, últimamente,
sin generalizar, hay de parte de algunas periodistas, mucha más
conciencia de que esto es un problema social serio”, comentó Diana
Valle Ferrer, profesora de la Escuela Graduada de Trabajo en la
Universidad de Puerto Rico (UPR) en Río Piedras.
“El problema es que los hombres y mujeres tenemos los mismos derechos y no hay justificación alguna para que un hombre mate a una mujer en una relación de pareja. Definitivamente, el acercamiento de los medios a estos incidentes repercute en el concepto que se va a llevar la audiencia, que no es otra cosa que el pueblo. El periodismo tiene una fuerza bien grande. Si nosotros queremos hacer un cambio social no podemos dejarlo afuera; (el periodismo) es susceptible de cambio también. Nosotros entendemos que si el problema es que los periodistas no se han concienzado, nosotros vamos a buscar los mecanismos para que se conciencien,” señaló Aileen Navas Auger, Subprocuradora de la mujer. Navas Auger entiende que, aparte de la capacitación de los reporteros, hay que comprometer a los empresarios de los medios porque son ellos los que toman las decisiones finales del contenido de los diarios.
La periodista española Rosa Solbes, quien se destaca por trabajar el tema de violencia doméstica y es autora de Noticias con lazo blanco: Manual para periodistas sobre la violencia doméstica, plantea que:
“Es sumamente importante recordar que la violencia doméstica constituye un delito, pero es un delito que involucra el dolor y la angustia dentro de un hogar o durante una relación sentimental. La violencia doméstica no discrimina, ocurre en todas las esferas sociales, profesionales o económicas y nadie está exento a este tan terrible fenómeno. Por tal, no pasar juicio sobre una víctima o sobreviviente es de los aspectos que más deben ser reforzados en nuestra comunidad y que ayudaría en gran manera la presentación de la información de manera responsable”, añadió Carmen Ana González Magaz, directora del Programa de Violencia Doméstica de la Clínica de Salud Mental de la Universidad Carlos Albizu.
Por otro lado, la profesora Margarita Mergal Zimmermann, de la Escuela de Comunicación en la UPR considera que el defecto de los periodistas es que, por falta de tiempo, tienden a hacer análisis superficiales, sin cuestionar lo que están escribiendo. Además, como la violencia vende -automática e inconscientemente- el periodista, dice Mergal Zimmermann, suele presentar la violencia doméstica como una mercancía y la deshumaniza. Al igual que Navas Auger, la también columnista del Vocero, cree que, en relación con el tema, deben hacerse más escritos periodísticos de índole investigativa, para así dar a conocer más sobre la problemática: qué constituye la violencia doméstica, los recursos de ayuda disponibles, cómo identificar una posible persona agresora e información sobre medidas de seguridad y prevención, como han hecho en otras jurisdicciones latinoamericanas y europeas. De hecho, para una mayor comprensión de los lectores, la comunicadora sugirió que en los periódicos deberían de publicarse crónicas narradas por las mismas mujeres que han sido víctimas de abuso psicológico, emocional, verbal y/o físico por parte de su pareja.
Las cuatro expertas coincidieron en que, por ser un problema social, es responsabilidad de todo ciudadano trabajar en la erradicación de los problemas por razón de género. No obstante, es sobre el Estado, la Iglesia y los medios de comunicación donde recae el mayor compromiso para el desarrollo de currículos, desde nivel preescolar, con una perspectiva de igualdad de género.
Sin embargo, el gremio no debe esperar a que el Departamento de Educación “despierte”. Es imprescindible que, a pesar del poco tiempo que lleva vigente la Ley 54 (1989), los comunicadores y las empresas trabajen para eliminar el discrimen.
En conclusión, como dijo la profesora de periodismo Milagros Acevedo Cruz en la revista Identidades “se necesitan nuevas vías preactivas, no ofensivas; veredas sutiles que no produzcan sospecha de cambio; para que el cambio se descubra cuando ya no sea más que una costumbre.”
Tomado de Universia 18/ 5 /2007
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