No dejar que nos dividan… PDF Imprimir E-Mail
Por Edith Beltré   

Image Por lo menos en la radio insular, constituyó un hecho sin precedentes, el intercambio realizado vía telefónica, a través de la emisora dominicana Z-101 entre dos mujeres dominicanas y dos mujeres haitianas que participaron en el programa “Voces Propias” desde Puerto Príncipe para hablar de la masacre de haitianos y haitianas ordenada por el dictador Rafael Leonidas Trujillo en octubre de 1937. 

La iniciativa de Edith Febles y Patricia Solano, desde su innovador espacio radial, de contactar a los y las integrantes del “Comité Memoria 1937” para hablar de sus actividades, se transformó, más allá de sus propios objetivos rutinarios, en una conversación crítica y franca, sobre un episodio doloroso y complejo de las relaciones entre los dos países.

“Nadie en Haití culpa al pueblo dominicano por este acontecimiento” dijo de manera enfática la antropóloga Rachelle Doucet, una haitiana que viaja frecuentemente a República Dominicana por razones profesionales, por lo que conoce a la sociedad local.

En tanto que la editorialista del periódico Le Matin, impreso en la zona franca de San Isidro en la capital dominicana, Sabine Manigat, manifestó “que hay prejuicios y mitos alrededor de la masacre, que conviene esclarecer”.
Más que sus palabras, sus roles en la sociedad haitiana colocan a estas dos mujeres en la obligada posición de promover la armonía, el entendimiento y la paz entre los dos pueblos, como lo han hecho las entrevistadoras dominicanas, en su tratamiento objetivo del tema.

A un oyente que llamó al programa, Solano le recordó las ocupaciones e invasiones militares sufridas por el pueblo dominicano, especialmente la ocupación americana de 1916 al 1924, señalando que las mismas no constituyen hoy día, elementos de discordia en las relaciones dominico-americanas, tal como se utilizan las llamadas invasiones haitianas y la ocupación haitiana de 1822 al 1844. Planteó “la necesidad de hacer una catarsis” para garantizar la buena vecindad entre las dos naciones.
Por su lado, Febles observó que a pesar de las múltiples acciones de acercamiento concretizadas entre los dos pueblos, todavía perduran ciertos temores y desconfianza, lo cual se evidenció con el tiempo demorado para lograr la participación de las entrevistadas.

“Tenemos que reconocer las diferencias entre los dos pueblos, pero lo más importante, es no dejar que nos dividan” apuntó Manigat. Sin embargo, su colega dominicana de la prensa radial y televisiva, Patricia Solano, es de opinión que el nombre de “Año Perejil” escogido para el Comité de conmemoración, “es una suerte de metáfora de nuestras diferencias”.

En algo hubo consenso entre las cuatro mujeres: recordar y aprender de ese hecho del pasado, especialmente de la solidaridad de los y las dominicanos y dominicanas que protegieron a muchos haitianos y haitianas durante la masacre “es una oportunidad para mirar juntos al futuro”.

La creación a principios de octubre de este año, del Comité Memoria 1937, por intelectuales haitianos y haitianas, seguido del pedido de perdón al pueblo haitiano, de parte del obispo católico Diómedes Espinal de León, cosechó una lluvia de críticas de sectores conservadores reputados anti-haitianos en la República Dominicana. Incluso una posición contraria del Cardenal y Obispo de la capital dominicana Nicolás de Jesús López Rodríguez.

Empero, las denominaciones cristianas protestantes de la isla, a través del Diálogo Dominico-Haitiano de las Iglesias Evangélicas, en un acto público de mujeres de ambos países, en el puente fronterizo de Dajabón y Ouanaminthe, pidieron perdón recíprocamente por los errores de los dirigentes de sus respectivas naciones, que han creado resquemores entre los y las habitantes de Quisqueya.

(Tomado de 7Dias.com.do, 19 de oct. 2007)


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