La Cuarta Conferencia Mundial de las Mujeres, celebrada en 1995 en Beijing, es un hito fundamental para el avance en la consecución de los derechos de las mujeres. Hace diez años, se definía una agenda común de acción, que a su vez se convirtió en compromisos que los Estados miembros de la ONU adquirían. La Plataforma de Acción de Beijing, dividida en 12 Areas Críticas, representa el rconocimiento de las reivindicaciones que el movimiento de mujeres venía haciendo hasta ee momento.
En el trabajo cotidiano de las organizaciones, instituciones o personas comprometidas en la lucha por la equidad de género y los derechos de las mujeres existía, a partir de este momento, un referente, un marco sobre el que sustentar su labor. Diez años después, la Plataforma de Acción de Beijing sigue vigente. La pregunta ahora es: ¿se han implementado los objetivos específicos definidos en cada una de las doce áreas críticas? Entre los días 28 de febrero y 11 de marzo, se celebrará en Nueva York la 49 Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de la ONU (CSW, por sus siglas en inglés), con el objetivo de examinar, después de diez años, la aplicación de estos compromisos relacionados con la igualdad de sexos y de debatir los desafíos que permanecen y las estrategias de futuro para la promoción y el apoyo de las mujeres. Esta sesión conmemora también la primera conferencia que la ONU celebró sobre la mujer en México (1975). Una de las consecuencias favorables de la definición de esta Plataforma de Acción ha sido la creación de numerosas redes nacionales, regionales e internacionales que comenzaron a ver la importancia de compartir experiencias y de trabajar conjuntamente para conseguir los mismos objetivos. El trabajo en redes adquiere un valor fundamental en el caso de la implementación del Punto J, sobre Mujer y Medios de Comunicación. A pesar de que este punto, allá en 1995, hacía referencia casi exclusivamente a los medios de difusión convencionales, ya se apuntaba el potencial de las nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (TICs) en el proceso de empoderamiento de las mujeres de todo el mundo. Sin embargo, a lo largo del Punto J, el tema de TICs y género, es decir, el impacto de las nuevas tecnologías en las mujeres y el uso de éstas para su empoderamiento, no era abordado en profundidad, sino como un componente más de la relación mujer y medios de comunicación, tal y como se incluye en los dos objetivos específicos del Punto J: a J.1: aumentar el acceso de la mujer y su participación en la expresión de ideas y la adopción de decisiones en los medios de difusión y por conducto de ellos, así como las nuevas tecnologías. a J.2: fomentar una imagen equilibrada y no estereotipada de la mujer en los medios de difusión. Por lo tanto, durante estos diez años, y en relación al Punto J, es importante destacar cómo el movimiento de mujeres ha sabido captar las potencialidades de esas tecnologías nacientes y usarlas para su empoderamiento, en un principio, mediante la difusión e intercambio de información. Entre algunas de las iniciativas que se han protagonizado en América Latina cabe destacar el surgimiento de agencias de noticias sobre la mujer, como es el caso de CIMAC, en México; ALAI, en Ecuador; SEM, en Costa Rica; o la desaparecida FemPress, entre otras. Al mismo tiempo, numerosas revistas o periódicos feministas o información sobre la mujer han ido surgiendo en distintos puntos de nuestra región. En todas las regiones se han estado llevando a cabo experiencias similares, con el propósito de visibilizar a las mujeres en las informaciones que se difunden y que el tratamiento de éstas en los medios de comunicación no refuercen estereotipos tradicionales que las limiten y que no respeten sus derechos. En palabras de la periodista guatemalteca Laura Asturias, el trabajo de estas organizaciones, asociaciones o redes de periodistas anhelaban y luchaban por hacer un periodismo no excluyente, en el que todos y todas tuviesen voz y fuesen representados de forma equitativa. “Desde mi propia visión, ejercer un periodismo incluyente implica hacer parte de nuestra tarea las sutiles aristas de la vida y la convivencia humanas; reconocer las diferencias inherentes a las personas y sus realidades, y representarlas en una justa dimensión; tomar en cuenta las voces tradicionalmente excluidas para que nos enriquezcan pero, sobre todo, para que no sigan marginadas(…). Es decir, que nuestro quehacer refleje al mundo tal y como es y, más importante aún, a las personas tal como son. Un periodismo que cuestione la uniformidad que encasilla a la gente en rígidos modelos imposibles de cumplir” .1 Muchos y muchas pueden considerar, y lo hacen, que hablar de la invisibilidad de las mujeres en los medios es algo del pasado y que en la actualidad se incorporan sus críticas, sus necesidades y su nueva imagen. Puede haber cambios, los ha habido, pero el origen, el contenido y la forma de los mensajes además del lenguaje utilizado con los que los medios de comunicación traducen una idea de lo masculino y de lo femenino, y de la relación entre ambos, sigue vigente y preocupando a muchas y muchos periodistas que, en su trabajo cotidiano, buscan llevar a cabo un periodismo inclusivo. Esta ausencia de las mujeres en las informaciones de los medios masivos quedaba de manifiesto con los dos monitoreos globales de medios de comunicación (Global Media Monitoring Project, GMMP, en inglés). El primero, realizado en 1995 en 71 países, por MediaWatch Canada, evidenciaba que tan solo el 17% de las informaciones monitoreadas tenían a una mujer como sujeto de la información. En el GMMP llevado a cabo cinco años después por la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC), por sus siglas en inglés), se concluía que las mujeres representaban apenas el 18% de los sujetos protagonistas de las informaciones, frente al 82% de los hombres. De esta manera, los monitoreos se han convertido en herramientas muy útiles para, además de obtener resultados concretos de la participación de las mujeres en los medios de comunicación y la manera en la que se representa a éstas, reforzar la solidaridad y el conocimiento sobre la profesión periodística. Se han ido creando redes a raíz de estos proyectos, que han establecido mecanismos para analizar y criticar el contenido de los medios de comunicación, en este caso abogando por la equidad de género y la defensa de los derechos de las mujeres. El trabajo de monitoreo constante y de abogacía del movimiento de mujeres y de organizaciones de periodistas han servido para darle al discurso sobre mujer y medios de comunicación herramientas para el cambio social y político en la manera de ofrecer una imagen más equitativa del mundo y de las relaciones de género. Desde 1995, estas organizaciones han tenido un rol fundamental en la labor de visibilizar a las mujeres y sus aportes a la sociedad en los medios de comunicación. Ya en los años 70, había comenzado a desarrollarse la comunicación alternativa (periódicos, revistas y programas radiales alternativos de mujeres), de mano del movimiento feminista, siendo expresión pública de las nuevas propuestas sociales y, al mismo tiempo, colaborando a su construcción. Aunque los aportes de este periodismo son incuestionables –en relación a nuevos ángulos explorados de la noticia, una mirada más amplia e integradora de los acontecimientos, una representación de los sujetos entrevistados o noticiosos más completa y no estereotipada, a partir de la definición del Punto J de la Plataforma de Acción de Beijing se rescata la preocupación por que el enfoque feminista o la perspectiva de género se incluya en el trabajo cotidiano de los y de las periodistas que trabajan en los medios de difusión masivos. Es decir, que se produzca un cambio en la manera de presentar las noticias, para que éstas integren la voz y la opinión de todos y todas y que su representación no esté sujeta a estereotipos. Con la filosofía de transformar el enfoque de las informaciones, a favor de una comunicación más equitativa, desde dentro de los medios de comunicación, surge en el año 2001 la Red Dominicana de Periodistas con Perspectiva de Género, con la revista de género y comunicación A PRIMERA PLANA, integrada, en su mayoría, por periodistas que trabajan en medios de comunicación convencionales. La Red Dominicana, además, ha llevado a cabo talleres sobre distintos aspectos de la comunicación y del quehacer periodístico, sensibilizando sobre temas relacionados a las relaciones de género a los y las periodistas a los que estaban dirigidos estos talleres. En esta línea, cabe destacar también el trabajo que se está llevando a cabo en Sudáfrica donde, después de unos trabajos de monitoreo de medios de comunicación y una fuerte labor de abogacía de diferentes organizaciones de periodistas (Gender Links, MISAMedia Institute of Souther Africa), se creó en 2003 la Red de Género y Medios de Comunicación de Sudáfrica (SAGEM, por sus siglas en inglés), que ha aglutina a diferentes medios y organizaciones de periodistas para ahondar en el tema de las relaciones de género y los medios de comunicación. En noviembre del año pasado, esta Red organizó la primera Reunión sobre Género y Medios de Comunicación en Johannesburgo, en cuyo contexto se repartieron premios a los trabajos periodísticos que mejor reflejaban unas relaciones de género más equitativas o que abogaban por los derechos de las mujeres. Este intento por premiar buenas prácticas de productos de comunicación representa un avance más en la implementación del Punto J de la Plataforma de Acción de Beijing. ¿Dónde queda el Punto J en los Objetivos de Desarrollo del Milenio? A pesar del avance vertiginoso de las nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs), la globalización y la concentración de los medios, el Punto J y sus dos objetivos específicos sobre el acceso y participación de las mujeres en los medios de difusión y el tratamiento que éstos hacen de las mujeres siguen vigentes. Sin embargo, la agenda mundial parece girar en otra órbita, desviando el foco de atención de estos compromisos adquiridos por los Estados en 1995 y en conferencias posteriores, como es el caso de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (Cairo, 1994), donde se ahonda en los derechos sexuales y derechos reproductivos de las mujeres. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) han eclipsado, a escala internacional, las prioridades de gobiernos y organizaciones internacionales, principalmente, a pesar de las críticas de un amplio sector de la sociedad civil y otros ámbitos. Reducir a ocho los problemas mundiales, después de que los países han suscrito acuerdos derivados de cumbres y conferencias internacionales sobre temas específicos que no se incluyen necesariamente en estas ocho metas, ha sido objeto de crítica por parte de diversos sectores. En el caso del movimiento de mujeres, ha habido numerosas voces críticas a esta metas que reducen a un objetivo la referencia a la equidad de género y el avance de las mujeres. La Plataforma de Acción de Beijing se diluye, así, ante la urgencia de tener una agenda común para erradicar la pobreza, el hambre, el analfabetismo, el VIH/Sida, entre otros, antes del año 2015. Los ODM tienen como principal valor que fueron ratificados por todos los países de la ONU en la Cumbre del Milenio de 2000. Además, tienen indicadores para medir los avances en cada uno de los objetivos y sus metas. Sin embargo, estos objetivos no se van a alcanzar hasta que las mujeres, la mitad de la población mundial, disfruten y puedan ejercer plenamente todos sus derechos. Es ahora, diez años después de la Cumbre de Beijing, cuando la implementación de la Plataforma de Acción se hace más urgente y la defensa de las doce áreas críticas definidas, más necesaria. Vota por este artículo: Votar (1) >> ¿Qué es esto?
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