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La presencia de mujeres en la politica se va sintiendo |
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Por Mirta Rodriguez Calderon
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Discretísimos incrementos en el parlamento azteca, y
en cámara de diputados y alcaldías quisqueyanas, van
dando cuenta del despacioso pero firme avance de las
mujeres en la política.
A pesar de que tanto las
recientes elecciones en México
como las de RD dejaron un
saldo decepcionante en cuanto
al cumplimiento de las cuotas
femeninas en los órganos de
poder, con discretísimos incrementos
en el parlamento
azteca, y de un 3 % en cámara de
diputados y alcaldías quisqueyanas,
esos pasitos cortos
van dando cuenta del despacioso
pero firme avance de las
mujeres en la política.
Ya las presidentas pocas en
verdad no están tan solas
como se vio Vigdis
Finnbogadottir cuando en l980
se convirtió en la primera mujer
Jefa de Estado a escala mundial.
Fue en Islandia. Ahora es embajadora
honorífica de la
UNESCO. Ella abrió caminos
para otras nórdicas que no se
hicieron de rogar: Tarja Jalonen
en Finlandia y Mary McAleese
en Irlanda.
En la lejana Liberia, una
sesentona con apariencia de
abuela complaciente (sólo
apariencia porque la han comparado
con la Dama de Hierro
británica), Ellen Johnson Sirleaf
se convirtió en Presidenta casi
al mismo tiempo en que por
nuestros lares lo conseguía
Michelle Bachelet. La africana
lo dijo con estas palabras: "las
mujeres estamos listas para
hacer historia, y los hombres
están dispuestos a trabajar
con nosotras", según el reportaje
de Rosanna Nuñez en la
revista Pandora. Como discurso
suena bien aunque la realidad
tenga muchos mayores matices
en particular en nuestras sociedades
machistas. Pero es indiscutible
que los hombres políticamente
más sólidos del presente
han comprendido esta
verdad. La llegada al premierato
de la alemana Angela Merkel,
después de una azarosa negociación
con los varones de su
propia tendencia y de otras, es
un ejemplo.
Nada semejante a lo que
ocurre en RD, desde luego.
Pregúntenle a Gladys Gutiérrez
o a Minou Tavares. La primera
tuvo que ponerse fuerte en la
convención del PLD anterior a
las elecciones, para espetarles a
los señores de su Partido que no
estaban haciendo ningún favor a
sus compañeras de filas porque
éstas se lo habían ganado
sobradamente. No obstante la
autoridad yaciente en esas palabras
y en quien las dijo, no fue
mayor el espacio que le hicieron
los peledeístas a las mujeres.
Hay, sin embargo, un factor
subjetivo presente: aunque
Reinaldo Pared Pérez birló a
Minou Tavarez en la aspiración
a la senaduría, el electorado dejó
saber calladamente su criterio
cuando otorgó a la mujer la más
alta de todas las votaciones en la
lid electoral del pasado 16 de
mayo.
Hace años, en l986, cuando
aspiró a la vicepresidencia de
Estados Unidos, que no consiguió,
Geraldine Ferraro había
proclamado ante las mujeres de
su país y ante los hombres,
claro está que "no necesitamos
unas cuantas mujeres que
hagan historia sino muchas
mujeres que hagan política".
Aludía con ello a la necesidad de
que la capacidad para el heroísmo
de ellas, se traduzca en participación
y en coraje para competir
por espacios que les
pertenecen y a los que tienen
derecho.
La lucha para derrocar lo más
arraigado de la cultura patriarcal
equivale a un enfrentamiento
con milenios de desigualdad.
Eso lo constataron una vez más
la mexicana Patricia Mercado,
que alcanzó, no obstante, una
alta votación en las controversiales
elecciones en México; y la
costarricense Epsy Campbell,
ambas aspirantas a la primera
magistratura Patricia, y a la
vicepresidencia Epsy, quienes
dieron este año una batalla ética
contundente en sus respectivas
campañas. Políticas avezadas
las dos, hay que suponer que no
declinarán en sus aspiraciones y
que el futuro les depara seguramente
victorias que no admiten
dudas.
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