· ¿Es posible ser una periodista impecable en situaciones sensacionalistas, especialmente las que tienen que ver con delitos sexuales, y seguir siendo humana? · ¿Cómo se debe entrevistar a las mujeres violadas y a otras víctimas de delitos violentos, sin aprovecharse de su vulnerabilidad en dichos momentos difíciles? · ¿Puede una distanciarse del sujeto de la entrevista, sin parecer insensible o fría? · ¿Es necesario consolar a las víctimas cuando se dispone de poco tiempo para entregar el artículo? · ¿Existe una forma más rápida y menos engorrosa de obtener la noticia? Quizás la haya. Tal fue la reseña del Population Reference Bureau, reproducido por Modemmujer e integrado a la publicación de Isis Internacional Eso es lo que dicen Louise Kindley y Susan Xenarios, trabajadoras sociales del Centro de Tratamiento de Víctimas de Delitos, del Hospital RooseveltSan Lucas de Nueva York.
“Para poder escribir con exactitud y objetividad sobre la violencia y otras formas de violencia, es importante entender la naturaleza del delito”, dice Kindley. “Los medios de comunicación han perpetuado el mito de la violencia como algo relacionado con la atracción sexual, un delito debido al deseo irreprimible de un desconocido”, continúa diciendo. Sin embargo, hay estudios que demuestran que la mayoría de los violadores conocen a sus víctimas y que, en vez de ser personas solitarias e incapaces de llevar una vida normal, están casados o tienen una compañera sexual habitual. ‘La violación es un delito, no tanto de lujuria, sino causado por el deseo de poder y control. La mayor parte de las víctimas se siente privada de control, como si su vida y cuerpo no le perteneciera’. Por ello es importante poner a la víctima de una violación es posición de control’, dice Kindley. ‘Hay que dejarla elegir, preguntarle si no le importa hablar con una, si se puede divulgar su identidad y cómo hacerlo, si dando su nombre, mostrando su cara o indicando las circunstancias.’ Para Louise Kindley el tema de identificación de las víctimas de delitos sexuales violentos es algo muy delicado. ‘Hay que pensar en lo que implica la violación en una cultura específica y lo que la identificación y enjuiciamiento que con lleva puede suponer para la mujer’. Las consecuencias van desde laS divulgaciones privadaS, como en Estados Unidos, al estigma y rechazo social en muchos países asiáticos. En algunas naciones musulmanas de extrema interpretación literal religiosa, la mujer puede incluso ser apedreada por adulterio (1). El problema es que en los medios de comunicación casi siempre presentan la cara de alguien, dice Kindley, y la visibilidad de la víctima o el sospechoso suele llevar a que sean reconocidos. ‘Hay que acordarse de que la violación es una tragedia, no algo que nos sirve de entretenimiento’, advierte esta profesora de la Universidad de Columbia.
El o la periodista debe evitar hacer preguntas que suenen como si estuviera culpando a la víctima, dice Kindley. ‘La mujeres ya de por sí se culpan demasiado a sí mismas, especialmente después de una violación. Se dicen que no tenía que haber salido con el tipo, que no debía haberse puesto ese vestido o que no se debía haber emborrachado, etc. ¿Para qué torturarla más?’. El temor de verse envuelto/a en el torbellino emocional del caso también puede hacer que los/as periodistas no se comporten con mayor consideración hacia las víctimas de violación. Puede que piensen que una reacción distinta y malhumorada es preferible a las lágrimas.
Los/as periodistas frecuentemente se preguntan: ¿cómo van a ser capaces de controlar sus emociones? ¿Qué harán si la víctima comienza a llorar? Yo les hablo de la capacidad curativa de las lágrimas y les explico que es bueno que las víctimas no se contengan. “Sí, pero me dicen ¿qué pasa si una vez que empiece no pude parar?, ¿cómo podremos escribir el artículo?”. Yo les garantizo que la mujer dejará de llorar.
NECESIDADES REALES Kindley, quien frecuentemente actúa como perita en vista judiciales de casos de violaciones, delitos sexuales y violencia familiar, recuerda a los/as periodistas que las mujeres son más que un título, noticia o símbolo de un tema político controvertido; son personas con necesidades reales. Dichas necesidades incluyen tener que recuperarse de la experiencia. Afortunadamente las preguntas que se hacen a las víctimas pueden de hecho tener un efecto terapéutico. Por su parte, Susan Xenarios señala que a veces hablar con un/a periodista o ver su historia publicada puede ayudar a ‘curar heridas’. ‘La víctima se ve reafirmada porque la gente ha hablado con ella y cree en ella’. Xenarios sugiere lo siguiente: ‘Pregúntele: ¿Le importaría decirme qué pasó? Aquí añade la importancia de hacer ver a la mujer que pensamos que atravesó por algo espantoso. El apoyo es esencial. La víctima tiene que darse cuenta de que creemos lo que nos esta contando y consideramos que la violación, el acoso sexual y la violación en el seno familiar son situaciones serias. Nuestra actitud y reacción puede ser los factores clave que la lleve a continuar buscando ayuda. Este apoyo ofrecerse de diversas formas, dice Xenario. Digan ‘siento muchísimo lo que ocurrió’. Pero tampoco hay que exagerar. ‘Hay que evitar las expresiones comunes o los clichés’, añade la cofundadora del Centro de Tratamiento del Hospital de San Lucas. A veces los/as periodistas exageran en su afán por obtener la compasión de los lectores, pero dicha compasión debe ‘proteger la intimidad de la víctima”. Vota por este artículo: Votar (0) >> ¿Qué es esto?
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