Las dominicanas, que participan en las organizaciones políticas de nuestro país, están sufriendo más que nadie la aplicación de los argumentos patriarcales que se reciclan en tiempos de crisis en nuestra cultura y que tiene como gran característica la exclusión de las mujeres de la actividad democrática y representativa.
Y si no, miren a Milagros Ortiz Bosch. Esta negación pone de manifiesto el rasgo histórico que establece a la actividad política como una acción pública, basada en el ejercicio de la libertad y en el desarrollo de la razón, por lo tanto "viril", mientras que la vida en la esfera privada mantiene las actividades que sostienen la existencia, y es netamente "femenina". Las razones de esta discriminación mantenida a través de la historia, permanecen desde el inicio de las formulaciones que conforman el pensamiento político occidental y que empiezan por Aristóteles, trascendiendo intactas el período del Contrato Social y recicladas en el posmodernismo de hoy. El movimiento en círclo se da cuando el colonialismo insertado en las Américas, traslada el pensamiento europeo reduccionista y lo sostiene hasta la fecha con constituciones y normativas. El deterioro producido en los últimos meses, sobre todo en el PRD y el PRSC, entre otras cosas, pone de manifiesto esta inequidad histórica cuando borra del panorama electoral las posibilidades establecidas en el ejercicio político partidista por muchas mujeres a las que, a la hora del "reparto" y siguiendo la lógica androcentrista de nuestra cultura, se les ignora, a pesar de presentar una práctica mucho más ética que la de cualquier "animal político" dentro de la organización. En este sentido, el daño desde el PRD trasciende a la nación y es una responsabilidad de quienes protagonizaron divisiones como una demanda histórica, cuya gran debilidad es hacer retroceder la ciudadanía de las mujeres de manera intencional e irresponsable. Es que el PPH, o neo PRD, nos devuelve a las dominicanas la época del populismo, cuando se nos reconoció el derecho del sufragio a las mujeres a partir del interés de los hombres por permanecer en el poder y no por los argumentos humanistas de los movimientos sufragistas. La escasez de modelos de liderazgo femeninos, basados en una identidad política de género, como obstáculo de importancia para la participación de la mujer, hace que las que se integran a la práctica vivan sujetas a las formas masculinas de lealtad, pertenencia y control, estereotipando una identidad fuera del género en la actividad partidista. Es por eso que las mujeres políticas temen y rechazan un reconocimiento con los movimientos sociales de mujeres, particularmente con el feminismo, sin convencerse de que su fuerza está en diferenciarse de la práctica política tradicional y masculina, así como en identificarse con la mayoría de quienes votan. Mientras tanto, el silencio de Milagros y de otras políticas dominicanas, da la impresión de ser de derrota o al menos de complicidad con organizaciones que piensan y actúan en clave masculino y que no representa a esta sociedad mayoritaria de mujeres. Fuente: EL NACIONAL, martes 24 de febrero 2004. Vota por este artículo: Votar (0) >> ¿Qué es esto?
Para agregar sus comentarios a este artículo, favor acceda con su cuenta de usuario. Si aún no tiene una, puede registrarse de manera gratuita. |