La fotografía muestra cientos de cadáveres en fosas comunes, en Irak, los diarios alrededor del mundo ya tienen un tema más para su primera plana. Imagino a Bush caminando ansioso en oficina oval de la Casa Blanca gritando órdenes. Poner más candados a las televisoras, dar órdenes más precisas a los dueños de las cadenas: sí, se pueden dar las noticias, pero siempre deben recordar el patriotismo norteamericano, remitirse al 11 de septiembre. Los muertos son árabes, una raza inferior y desechable, los engendros del eje del mal; quien los asesinó fue el Estado norteamericano: el eje del bien, no todo está perdido.
Los generales obedecen, de igual manera lo hacen los dueños de las cadenas televisoras y algunos propietarios de diarios con visos de derecha. Bajo la simple premisa: "de que se muera mi abuelita a que se muera la tuya. ¿Cuándo dices que es el entierro?" Bush alude a la ética guerrera que durante siglos ha imperado en el mundo entero. Europa, la cuna de la cultura occidental, ha sido también la madre de todos los grandes guerreros, desde Aquiles hasta los héroes de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. La Primera dejó en ruinas a una buena parte del continente europeo, derivando del horror los primeros visos de una cultura pacifista que hoy crece alrededor del mundo. Por su parte los árabes, los judíos, los serbios, los mongoles y los rusos han desarrollado estrategias geniales para destruir a sus enemigos. La violencia es la religión del control. En su libro El dolor de los demás (ed. Alfaguara) Susan Sontag narra cómo, al final de la Primera Guerra Mundial, en un intento por generar una reacción colectiva de desprecio a la guerra y la violencia Erns Friedrich publicó su libro Guerra contra la Guerra. En él no solamente mostraba más de cien fotografías que revelaban el horror de la guerra: cuerpos mutilados, familias desmembradas por bombas, pueblos asolados por la destrucción, soldados de los diversos ejércitos, muertos, asesinados, crucificados o apilados en el olvido de una calle sórdida. Además Friedrich, pacifista empedernido, escribió en los pies de página las órdenes militares que llevaron a tales tragedias humanas. El libro cierra con closeups de 24 soldados con heridas profundas en el rostro. Por si fuera poco, el autor escribe el libro en Inglés, francés, alemán y dutch, en un esfuerzo por hacer comprender, a todos y todas, el horror de la guerra. La censura no se hizo esperar, la ultraderecha patriótica conformada por intelectuales, periodistas, políticos y literatos, así como los mandos militares, incitaron a la destrucción del libro. La policía consignó las fotografías en las librerías, y se levantaron demandas penales contra quienes vendieran públicamente la obra de Friedrich. Argumentando que esta era la guerra necesaria, que daría fin todas las guerras. El argumento de Bush. Quienes vivimos en el Siglo XXI sabemos que la cultura guerrera sigue vigente; aunque a partir de la invención de armas de destrucción masiva, las guerras se declaran en ámbitos mejor controlados y a veces por medios más civilizados, como la colonización de las ideas y la globalización feroz. Pero aquí están, las masacres y torturas en Irak. Yo recuerdo cuando niña haber escuchado a mi padre, un mexicano promedio, hablar del "terror amarillo", como si Pearl Harbor estuviera a la vuelta de la esquina, y fuese preciso que se nos inculcara en México el racismo contra los japoneses para salvar la vida. La cultura guerrera está en todas partes y la normalización cultural de todas las formas de violencia, comenzando por la que se da en los hogares, es parte de ese principio. La querida maestra feminista Graciela Hierro nos obsequió la frase que titula esta columna. Ella insistía en que debe haber otro modo de resolver las cuestiones suscitadas por la violencia, otras formas que no sean la violencia misma. Esta filosofía del ojo por ojo, terminará por dejarnos a todas y a todos ciegos, decía. La ética feminista del placer, según Hierro, inaugura una visión moral desde el punto de vista de las mujeres. Las reflexiones, el análisis y los valores de la ética se construyen desde la visión de quienes protegen y cuidan la vida, no la destruyen. La norma primaria de esta moralidad se centra en el amor y la responsabilidad mutua. Resulta interesante, porque según Hierro, las normas morales se legitiman a partir de la propia jerarquía de valores personales, bajo la guía del autoamor. Baste decir que bajo este principio, aquella historia que me narró un lector de Cancún hubiera salvado la integridad física de una veintena de niñas y niños. Resulta que en una mansión de Poktapok se reunieron varios amigos con sus esposas, comenzaron a hablar del ahora famoso y detenido pederasta Jean Succar. Una de las católicas damas de sociedad dijo que ella no dejaba a sus hijas ir a casa de Surcar con su político esposo porque "le gustaban las niñitas y abusaba de ellas". Si esta señora a quien le constaban los hechos hace 6 años y los hombres de poder que la acompañaban en la comida, hubieran pensado "cualquier niña podría ser mi hija, haría por otras lo que hago por mi", Succar habría sido detenido fabricando pornografía infantil hace años. Pero tanto hombres como mujeres siguen subsumidos en los principios del patriarcado cultural. Basado en la lógica del poder/control sobre todo lo que existe. La lógica que nos dice cómo es el mundo y está dispuesto a destruirlo para demostrarlo. En la mayoría el deseo de control no nace de un amor por el poder, sino por el temor de que sin él estarían inseguros y serían vulnerables. Vivimos en la cultura masculinizada del control, el desprecio al amor a la vida y el miedo a ser vulnerables, frágiles. La senda del egoísmo justifica la violencia en todas sus formas. La violencia y el miedo son motores de la guerra. De la guerra en las trincheras internacionales y de aquella que se da en un hogar cuando un hombre amenaza con matar a su pareja si ésta no cumple sus expectativas. Nos queda claro, como decía Graciela, que vivir bajo la ética del placer no resulta fácil, pero tampoco lo es vivir el sendero del dolor y la destrucción dividiendo al mundo en ejes del bien y del mal, en hombres fuertes y mujeres obedientes. Dar la vida ha sido la función de las mujeres, regular la vida y la muerte, ha sido la de los hombres de poder. Podemos comenzar ¿por qué no? A cuestionar el placer que muchos hallan en el poder de la violencia, el control y la muerte? Digamos que un simple: hoy por ti, mañana por mí y por el resto de la humanidad, ¿no cree usted?. Ilustrado con un grabado de Goya y una escultura de Rodin. Vota por este artículo: Votar (0) >> ¿Qué es esto?
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