Hogar de acogida para migrantes, traficadas, retornadas: PDF Imprimir E-Mail
Por Mirta Rodriguez Calderon   

Image  Entre las muchas fuentes posibles de información para una o un periodista es poco frecuente abrirle puertas a ese universo a veces sórdido, pero también muchas veces estimulante, de las mujeres que migran.

Casi siempre las notas informativas o los trabajos de más vuelo (ejemplo interesante el del diario El Caribe del 7 de febrero) se sumergen en los pasadizos ingratos del porcentaje de migrantes que lo hacen como sujetas de explotación sexual, y en el testimonio  una y otra vez repetido  de las engañadas y maltratadas por los traficantes que les quitan sus pasaportes y las retienen en prostíbulos donde, como el personaje de Dante a las puertas del infierno, se ven  convocadas a “abandonad toda esperanza”. 
Todo ello es realidad, claro. Pero no es toda la realidad de los y las migrantes, mujeres en particular. Y es ahí donde las y los periodistas podemos encontrar nuevos ángulos de enriquecimiento de nuestras historias.
Para quienes lo leímos en su momento es difícil olvidar el enfoque que María Isabel Soldevila le dio a aquel reportaje maestro (que en cierta medida favoreció el otorgamiento a ella del Premio Pellerano Alfau de 2001) publicado en la revista RUMBO y titulado “El país que vive de las mujeres” donde ella exaltó la contribución enorme de las migrantes a la economía de sus familias y del país; y la calidad de triunfadoras que acompaña a muchas de ellas que no necesariamente se van a hacer prostitución y,  aun cuando la hagan de modo permanente o esporádico , se involucran en una batalla por  sus vidas y las de sus familias que necesita de mucho reconocimiento y de mucho apoyo.
No es por caridad y por buenos sentimientos de los demás, que esas mujeres están urgidas de apoyo. Es también porque apostaron a una vida mejor. A veces   el enfrentamiento les permitió salir triunfadoras pero, otras, resultaron lesionadas.
Enfoques periodísticos que mueven a la lástima y a la compasión no son los que se necesitan. Hace falta desde  nuestros reportajes y artículos, el reconocimiento de los derechos de esas humanas y el respeto por sus esfuerzos, por sus dolores, por sus carencias, por sus llantos o...: por sus enfermedades cuando las contrajeron. Y también la exaltación de sus victorias, de la experiencia y los conocimientos que adquirieron, y de  los nuevos saberes que las conminan a regresar para rescatar sus raíces y seguir adelante.
Eso es lo que está moviéndose en el país en estos tiempos cuando la Secretaría de Estado de la Mujer, el Centro de Orientación Integral (COIN) , el Comité Interinstitucional de Protección a la Mujer Migrante (CIPROM) con el apoyo del Fondo de Población de Naciones Unidas (FNUAP) acaban de abrir puertas a un Centro de Acogida para retornadas, traficadas o migrantes  donde recibirán auxilio si lo necesitan, y favorecerán su reinserción en la sociedad por vía de  proporcionales modos de atenderse y de superarse y reformular sus propias vidas sintiéndose más plenas.
Nadie ignora que a veces esas compañeras que regresan son rechazadas en sus  familias o en su barrio. Pero no es por la existencia de ese rechazo que deberían estar en nuestros textos. Al menos, no siempre.
Hay, al calor de todo esto, una discusión tremenda: ¿son o no son una solución los hogares de acogida para migrantes, retornadas o traficadas? (Bien diferente es la situación de los centros para las sobrevivientes de violencia que pueden ser   inclusive asesinadas de colocarse al alcance del agresor)
Para algunas personas, estas instituciones lo que hacen es prolongar la exclusión de las beneficiarias, haciéndolas sentir “diferentes” por más tiempo y postergando el momento en que ellas luchen por reinsertarse, emplearse, estudiar, etc.
Para otras personas, y este es el caso de Gilka Meléndez, representante del FNUAP en RD , “estas mujeres suelen estar emocionalmente tan lastimadas que un impulso y un apoyo es el punto de partida que necesitan. Es un deber de todos y todas las demás para con ellas el proporcionarles el estímulo que les puede  facilitar el volver a asumirse de un modo pleno en la vida, no por lástima hacia ellas sino por el reconocimiento al derecho de ellas”.
Si se le observa de conjunto el tapiz informativo que esta problemática aporta da material para muchos reportajes, entrevistas, artículos de opinión. De mirar al fondo se trata. Allí donde las retornadas, migrantes o traficadas se descubren en todas sus necesidades y potencialidades como humanas y como ciudadanas. ¡Cuántas noticias nuevas podemos llevar a nuestras redacciones si las vemos así!


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