Los públicos se resisten a ser engañados PDF Imprimir E-Mail
Por Luis Beiro   

En su conferencia titulada "Periodismo de investigación y su rol en la lucha contra la corrupción", impartida el pasado 13 de abril en el hotel El Embajador de esta ciudad, el doctor Silvio Waisbord, profesor de la Rutgers University de Estados Unidos, precisó: ‘‘Se espera que la prensa sirva al interés público, pero ésta tiene sus pies en el mercado y, en el caso de nuestra región, generalmente guarda vínculos próximos con el Estado’’. Esta precisión para advertir el carácter eminentemente comercial del periodismo moderno y sus inevitables relaciones con el poder político sirve de clave interactuante con la gran pregunta que diariamente nos hacemos los trabajadores de la prensa en el sentido de qué público queremos y qué haremos con él. En primer término debe-mos advertir el carácter irregular de nuestros medios de comunicación, carácter que, por otro parte, no pertenece exclusivamente a la modernidad: los contenidos de la prensa se mueven de un extremo a otro con facilidad asombrosa. Lo mismo podemos hallar contundentes denuncias e investigaciones medulares -que sucesos tratados con poco rigor y, en ocasiones, manipulados tendenciosamente con el objetivo de confundir a la opinión pública. Los débiles mecanismos de credibilidad que ostenta el poder político en las frágiles democracias latinoamericanas de hoy no es más que el retrato de los contenidos de nuestra prensa.

 

La regla de oro del periodismo exige la defensa del lector, el apego a la verdad y a la difusión de la libre expresión. Sin embargo, estos principios se estremecen en medio de las tensiones y motivos en que se mueven los actores y actrices de la comunicación en sus distintos niveles, desde los dueños de medios hasta los redactores.

La concentración de medios en ciertas zonas del poder económico de nuestros países y, lo que es peor, en la anarquía que produce la miltancia circunstancial a la que no pueden dar la espalda una buena parte de los periodistas de hoy, toca los bordes del caos.

Los bajos salarios, las precarias condiciones técnicas y materiales en los diarios y la poca inversión de los dueños en el mejoramiento de a calidad de vida de los periodistas ha contribuido a que muchos profesionales se desplacen hacia otras ocupaciones en busca no sólo de elevar la condición económica, sino de escapar de ciertas ‘‘esferas de influencia’’, del latente peligro de la corrupción y del trabajo superficial que obligatoriamente tendrían que reflejarse en algún momento de sus gestiones en casode mantenerse vinculados a la plantilla de los medios. Hoy más que nunca, el periodismo se ha llenado de charlatanes. Pero no podemos dejar que ese tipo de ente sustituya la labor del periodista.

Existe un tipo de periodista acomodado, de esos que ‘‘espera la noticia’’ sentado en la mesa de redacción; de esos periodistas que llegan al lugar de los hechos no a buscar una verdad sino a reproducir lo primero que le dicen. Este es otro tipo de figura que debe erradicarse de nuestro entorno.

Siempre la tentación rondará el manejo de la prensa. Siempre habrá bribones, mentecatos y sublimes contadores de nostalgias que tratarán de llenar las páginas de los periódicos con sus historias manipuladas.


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