Así nació la televisión en Cuba PDF Imprimir E-Mail
Por Mirta Muñiz   

Image Hace días me debato entre escribir o no escribir estas líneas sobre el nacimiento de la televisión en Cuba para ‘A primera plana’. Y no puedo dejar de pensar en aquel día, hace ya casi 52 años cuando en mi vida entró, con gran impulso, ese maravilloso invento de la televisión. Por tanto, aquí van unas líneas sobre el tema. ¿Anécdotas? Muchas, no caben en este espacio. ¿Alegrías? Miles. ¿Tristezas? También. Quizás la vida es eso: anecdotario, alegrías y tristezas. Quizás es dar y recibir un poquito de cada una, y eso ha sido mi vida vinculada a la televisión.

El inicio de la televisión en Cuba está marcado por dos nombres: Gaspar Pumarejo y Goar Mestre, y por la representación de dos monopolios transnacionales: Dumont y RCA Víctor.

Durante mucho tiempo Cuba fue terreno de experimentación para determinadas ramas de la técnica estadounidense: los trenes de vapor circularon por el país en 1837, antes incluso que en la metrópoli española; cuando el presidente Warren G. Harding habló por primera vez por radio en Estados Unidos, antes los marines hicieron pruebas en Cuba, para asegurarse de que funcionaría. Y un dato curioso, cuando en 1922 el presidente Zayas inauguraba la radio cubana, el discurso lo hizo dirigido a Estados Unidos y en idioma inglés. Ello muestra a las claras la dominación estadounidense sobre los medios masivos en nuestro país. Igualmente, muchas veces las campañas de publicidad para el mercado latinoamericano se medían aquí antes de invertir masivamente, lo que determinó un gran conocimiento de éstas técnicas de comunicación.

El desarrollo de la televisión se inició a partir del disco explorador de Paul Nipkov (18601940), y en 1906 en Alemania se fabricó el primer receptor de televisión, con el tubo de rayos catódicos inventado por Braun.

En 1936, durante la XI Olimpiada de Berlín se utilizaron por primera vez tres cámaras de televisión electrónicas para transmitir imágenes en directo. La misma Olimpiada en que Hitler se negó a darle la mano al atleta negro Jesse Owens. Pudiéramos decir que aquí comienza la carrera de penetración ideológica del fascismo utilizando los medios masivos de comunicación. Una carrera de relevo por los imperialistas norteamericanos en el sueño no confesado de dominio del mundo.

La Segunda Guerra Mundial interrumpió el desarrollo de la TV, y al concluir la contienda en 1946 se llevó acabo en Moscú una Conferencia Internacional de Telecomunicaciones, donde se sentaron las bases de muchas de las regulaciones que hoy rigen en esta materia.

En 1948 sólo algunos países tenían programas regulares de televisión: Estados Unidos de Norteamérica, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética.

Durante esos años la radio cubana alcanzaba gran auge, eran los días de inolvidables conciertos de la Orquesta CMQ, que dirigía González Mantici, o de los libretos humorísticos de Castor Vispo o de los Dramas de la Guerra de Alejo Carpentier. Era la posibilidad de los artistas verdaderos de exponer su arte.

El desarrollo de la TV despierta el interés de los anunciantes cubanos, principalmente los de productos transnacionales, ya que querían contar con lo que era un éxito en Estados Unidos para trasladarlo a Cuba.

Vayamos entonces a la anécdota primera. Comenzaba el año 50 y yo trabajaba en Unión Radio, cuando una noche me llamó Gaspar Pumarejo, su dueño, para decirme que iba a traer la televisión a Cuba antes que Goar Mestre, que llevaba meses o quizás años fabricando el gran edificio de 23 y M, y quería que yo sirviera de intérprete en las conversaciones con la RCA Víctor, que se desarrollarían en un restaurante llamado El Patio, que hoy ya no existe, en la calle Prado.

Yo pensé que estaba loco, pues ese mes ni siquiera habíamos cobrado los salarios, pero precisamente ese era el motivo: la televisión tenía garantía de financiamiento.

Mientras Goar Mestre, formado en la Universidad de Yale, fabricaba un edificio, el de Radiocentro, concebido como un complejo de cine, radio y televisión, con una galería de tiendas, al estilo de Radio City de Nueva York; Pumarejo improvisaba unos estudios de televisión, en su propia casa de Mazón 52, esquina a San Miguel. Para allí me trasladé yo. Trabajaba en los bajos con la familia aún viviendo en los altos.

Era una carrera entre la Dumont, con quien Mestre tenía negocios, y la RCA que le enviaría los equipos a Pumarejo.

Las conversaciones se celebraron, llegaron los equipos desmontados de un estudio en los Estados Unidos, o sea, de uso,  y comenzó la carrera. ¿Quién saldría primero?

Fue Unión Radio Televisión, quien lanzó al aire la primera señal de televisión comercial en Cuba el 24 de octubre de 1950 por el Canal 4, una de las primeras en América. En 1957 cuando alrededor de 50 países tenían televisión, en Cuba ya contaba 7 años de edad.

Lo primero por el Canal 4 (aparte de las pruebas en nuestro “estudio”, en realidad el comedor de la casa de Pumarejo) fue una cajetilla de cigarros Competidora Gaditana con un jingle de Ñico Saquito, y la inauguración contó con el primer control remoto en TV desde el Palacio Presidencial, con las palabras del entonces Presidente de la República, Carlos Prío.

Por la noche transmitimos una gran fiesta en los jardines de la casa, a la cual asistieron estrellas mexicanas, como Pedro Almendáriz y cubanas como Carmen Montejo y Raquel Revuelta, y, por supuesto, Gaspar Pumarejo en primer plano, ya famoso como locutor de radio. Que por cierto era gago, pero al decirle: “Vamos al aire”, inmediatamente dejaba de gaguear.

Mientras preparábamos la salida al aire, alguien dijo: “pero nadie tiene televisor ¿quién va a ver la inauguración?” Yo pensé de inmediato en las vidrieras de las tiendas, que además era donde podían adquirirse los televisores, y así lo hicimos. Todas las tiendas encendieron los televisores en las vidrieras y fue así como por primera vez se disfrutó de ese medio maravilloso.

Hay que señalar que en aquellos primeros años, muchas mujeres participamos en la dirección de la emisora, en la dirección de programas, tales como Cuqui Ponce de León, Clara Ronay o Mary Zwiq y en muchas otras tareas creativas. Modestamente pienso que de cierta manera imprimimos a nuestras comunicaciones principios e ideas que iban encaminadas a la igualdad.

El 18 de diciembre de ese mismo año salió al aire el Canal 6, de Goar Mestre, con un programa dramático de tensión escrito por Marcos Behmaras y protagonizado por Alejandro Lugo.

El combate estaba abierto: en las emisiones y en los receptores. Lejos estaban entonces de pensar que sólo nueve años más tarde tendrían lugar en Cuba hechos cualitativamente nuevos que determinarían un cambio radical en el uso de los medios: la revolución triunfante en enero de 1959. Pero eso es otra historia.

Al buscar en mis recuerdos no quiero dejar de mencionar a algunas de las personas con quienes trabajé a lo largo de mis años en TV. De los primeros el propio Pumarejo, que tanto me enseñó cuando apenas tenía 18 años; Marcos Behmaras, tan importante en mi vida y un pionero que sentó cátedra en lo policiaco y lo humorístico; José M. Carballido Rey, un verdadero intelectual de los que creyeron en la televisión y Amaury Pérez, que hizo en televisión con musicales bien creativos, que no eran sólo retratar una plataforma.

Igualmente recordar a mi primo Eduardo Egea, que cuando personificaba a José Martí lo estudiaba tan a fondo, que me ayudó a conocer al verdadero héroe y no únicamente el de la Niña de Guatemala que me enseñaban en la escuela. Técnicos y artistas conformábamos una unidad creativa.

La televisión cubana tiene una historia mucho, mucho más larga y quizás más importante que la de aquel inicio, en la vida de nuestra patria. Pero no hay dudas de que es necesario recordar a los pioneros. Porque eso es la televisión, sus creadores, sus técnicos, su gente. Hay que quererla. ¡Yo, los quiero a todos!

* Destacada comunicadora y publicista Cubana.

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