Confieso que la primera vez que hice un trabajo sobre el personaje femenino en la historieta -así se llamó el artículo para la Revista C-Línea, luego reproducido en El Espectador de Bogotá,estaba muy lejos de imaginar que yo formaría parte de los autores de personajes femeninos en este género.
El artículo fue una petición del desaparecido Fidel Morales que en aquellos momentos creaba una saga que primero denominó “Macheteros” y finalmente adoptó el nombre de la protagonista “Milo, La Pinera. Nunca me perdonaré haber cedido a la petición de un buen amigo de visita en Cuba y haberle regalado mi único ejemplar en que aparecía la historia y mi artículo.
Lo cierto es que en aquel momento yo tenía una limitada visión del personaje femenino y tuve que dedicar un tiempo a la investigación. El resultado fue que muy pocos personajes se relacionaban con la realidad social de la mujer y se evadían en historias sentimentales (soap operas, Cenicientas) o dedicadas a satisfacer el ego de la igualdad con superheroínas que corrían aventuras y practicaban la violencia como sus similares masculinos tan a la moda entonces y aún. El resto podían ser simples secretarias, casi siempre con un por ciento de tontería, amas de casa enfrascadas en las necesidades diarias de esposos e hijos, ajenas a las vicisitudes de la vida. Así de simple. Nada de interés en la participación social y mucho menos política de su entorno o realidad.
Fidel Morales estaba delante del resto de nosotros. Construyó su personaje basado en la experiencia de muchas mujeres ignoradas que compartían, desde siempre, los rigores del corte de caña con sus congéneres masculinos. Todo por pura necesidad de subsistencia. Para entonces yo veía el personaje de historieta desde el punto de vista de la aventura y no percibía que el testimonio de la vida es la aventura misma. Tenía la intuición de que siempre se creaban personajes masculinos como protagonistas de las historias y que la mujer era una contrafigura para lograr el esquema dramático de los peligros y dificultades en que el héroe debía hacer gala de su astucia y fortaleza. De esta forma cuando la revista COMICOS de la Editorial Pablo de la Torriente me pidió trabajar un personaje de aventuras decidí que sería una mujer; “Camila”.
Sólo después que conocí la dedicación de mis compañeras periodistas y profesionales por lograr un lugar decoroso y reconocido para la mujer, libre de los prejuicios, en cualquier profesión o trabajo y supe cómo muchas mujeres enfrentaron tareas hasta ese momento reconocidas sólo para hombres y cómo era necesario que aún muchas mujeres abandonaran el espacio cerrado del desconocimiento a que estaban sometidas, que muchas por su propia ignorancia se sometían a la violencia, comencé a analizar las cosas desde un prisma distinto.
En esta alternativa surgió “Crónicas de Ana” que pretendía traer a nuestra historieta los temas cotidianos con una concepción desde luego artística en su elaboración, pero que su mensaje fuese dirigido al “yo también puedo” de cada lectora y la aceptación de esa realidad por los lectores. Cecilio comenzó , por su parte, a incorporar una heroína de profesión periodista: “Yami”.
Lamentablemente tuvimos una situación difícil en el país y la mayor parte de las historias planificadas quedaron esperando la posibilidad de una recuperación luego del Período Especial que debió sortear Cuba en la década del 90. Aún tengo esa deuda con el personaje femenino en la historieta. Hacer una historia desde la perspectiva de la mujer buscando su espacio en el complejo mundo actual, sin dejar de enamorarse y cumplir la sublime función de procrear, donde no es la única responsable. Estoy convencido de que hoy muchos hombres comparten con principios de equidad la tarea de criar los hijos y se enorgullecen de tener una esposa inteligente, audaz, amorosa con quien compartir los avatares de la vida. De otra parte, cuántas cosas quedan por mostrar aún de esta reafirmación de los derechos de nuestras féminas, de su intervención en el afán de hacer un mundo mejor para esa humanidad de las que ellas comparten su creación y por tanto aceptan su lugar en la lucha. ¡Cuántos cuadritos nos faltan por llenar con tantas buenas historias!
La historieta necesita de la figura femenina en su protagonismo más completo y, como tal, ser expresada sin voluptuosidades en el dibujo, sin enmascaramiento de los problemas: esa sería la forma honesta de presentarla...Y no sólo en la historieta, ¿verdad?.
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