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Por Doris Pantaleón
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Cada día trae su prisa. Con ella el cambiante mundo de los hechos y acontecimientos. Vivir de espaldas a la realidad nacional e internacional sería igual que estar ajenos a todo nuestro derredor. Para lograr que cualquier persona pueda, desde afuera, trazarse un juicio en torno a esa realidad, es necesario llevarle datos objetivos.
El comunicador social juega un papel trascendental: llevar a la población los hechos con la mayor fidelidad posible a la realidad, lejos de criterios personales o de apasionamientos.
Para cualquier medio de comunicación, lograr una cobertura ampliamente abarcadora de las incidencias que se dan en su país es una meta fundamental. Para conseguirla se nutre de un cuerpo de periodistas que, distribuidos y distribuidas por fuentes o áreas noticiosas, tienen por misión hurgar más allá de las versiones que los departamentos de Relaciones Públicas quieren difundir.
Cumplir con esa misión no es tarea fácil. Esta realidad se complica aún más cuando se trata de dar cobertura a las instituciones estatales cuya misión es garantizar uno de los derechos fundamentales del ser humano: el acceso a los servicios de salud.
A través de los años, acceder a la revisión de documentos oficiales sobre la realidad de determinado momento, es una tarea llena de dificultades que las y los comunicadores asignados al área de salud deben enfrentar virtualmente cada día, del mismo modo que deben luchar contra el tradicional interés de escoger aquellas informaciones cuyos actores entienden como fracasos en sus políticas.
Es ahí donde debe entrar el ingenio periodístico para dar cobertura a la fuente. Ganarse la confianza o crear amigos y amigas en las instituciones asignadas, sin menospreciar desde el más simple hasta el más encumbrado de los servidores, es básico para conseguir una información extraoficial que te permita llegar con más certeza a la confirmación del dato.
Para ello, la verdad y la objetividad en el enfoque de los hechos juegan papeles fundamentales. Permiten que el trabajo nunca quede en entredicho ni dé pie al famoso desmentido. Las posturas personales no deben darse cuando se trata de una información objetiva. Al contrario, el periodista o la periodista debe siempre renunciar a tales posturas para dar paso a la profesionalidad.
En los temas de salud, las informaciones deben manejarse siempre con un enfoque preventivo. El medio y el espacio deben servir para llevar educación en salud a la población. No se trata de simplemente abrir el debate sobre la incidencia de determinada enfermedad o el fallo en el control epidemiológico por parte de las autoridades oficiales... Es enfocar la historia de forma tal que quien la lea conozca las implicaciones de cualquier enfermedad y qué hacer para prevenirla.
*Promotora, junto con Altagracia Ortiz, de enfoques originales y agudos en las noticias de salud y nominada en el 2002 al Premio a la Excelencia Periodística. Alegra con su firma esta página.
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