Siempre que se habla del cubano José Martí -paradigma por excelencia para sus compatriotas de la Isla-, para resaltar su grandeza se planteaque ésta se basó, precisamente, en que fue un hombre de su tiempo. Esta autenticidad hace que su impronta sea una constante y enriquecedora influencia, a 150 años de su nacimiento, el 28 de enero de 1853, acontecimiento que se conmemora en todo el mundo, principalmente en nuestra América.
Luchador incansable por la independencia de Cuba, escritor, poeta, traductor, maestro y diplomático, el revolucionario cubano se dio a conocer en nuestro Continente por su labor periodística en las páginas de numerosas publicaciones del siglo XIX. Pero fueron sus colaboraciones en tres importantes diarios de nuestra región las que lo convirtieron en una de las firmas más prestigiosas de su época: La Opinión Nacional, de Caracas; el Partido Liberal, de México y La Nación, de Buenos Aires , sin olvidar su paso por importantes periódicos hispanos de la ciudad de Nueva York. Su periodismo constituyó una anticipación al reportaje documental cinematográfico. Su prosa modernista supo atrapar, con grandes riquezas de matices, la dinámica de acontecimientos políticos, sociales, económicos y culturales, principalmente de la sociedad norteamericana, en la que supo descubrir grandezas y miserias, por lo cual se le considera “el más notable de los extranjeros que han escrito acerca de este país “ . Y a pesar de su mentalidad latina y criolla, que lo hizo no valorar correctamente, recién llegado a Nueva York, las positivas señales de los nuevos tiempos en la entonces incipiente salida de las mujeres a los llamados espacios públicos -y en las que creyó ver en un principio cierta “virilidad”- más pronto de lo que muchos de los estudioso de su obra han subrayado, percibe los cambios que se le venían encima a esa sociedad y la necesidad de que la mujer tomara parte en ellos.
En la sociedad norteamericana del último tercio del XIX, la mujeres dejan cada vez más, en número ya significativo, la hasta entonces sacralizada “seguridad del hogar” con su incorporación al mercado de trabajo. Este proceso se llevaría a cabo en medio de enormes dificultades, no sólo en la esfera material sino también en la subjetiva: el tránsito del bordado en silencio, de la ejecución de piezas al piano en el seno del hogar o de las aparentemente intrascendentes faenas de ama de casa a los talleres y oficinas, a los escenarios de los teatros, a las aulas universitarias, a la renovación imprescindible de las relaciones de pareja; en fin, a las tribunas públicas para reclamar, con el ejercicio del sufragio, su derecho a participar en la vida política. José Martí no sólo reflejó en sus crónicas este mundo cambiante, necesario para superar tantas inequidades de género, sino que fue esclareciéndose él mismo de la necesidad de ir dejando atrás concepciones muy arraigadas en la mentalidad de los latinos. Con sagacidad e inteligencia para hacer esos planteamientos a sus lectores, por fuerza un público prácticamente masculino, prejuiciado y construido por esas sociedades decimonónicas latinoamericanas, él les revela un mundo aparentemente lejano pero que será ineludiblemente alguna vez su propio futuro. No pierde ocasión para visibilizar a las mujeres en sus crónicas, no sólo a escritoras, artistas patriotas, aristócratas y a personajes de ficción, sino que deja en sus artículos y, muy particularmente en sus diarios de campañas, la huella de mujeres “sin historia“ que sin esa mención habrían sido totalmente olvidadas. Por último, pero no por ello menos importante, mencionaré el protagonismo de las niñas en su Revista La Edad de Oro, proyecto esencial de la obra martiana, hasta hace pocas décadas subvalorada en su condición de literatura infantil y considerada ahora no sólo por su modernidad pedagógica sino como de los momentos cumbres del pensamiento del Apóstol de la independencia cubana.
Por supuesto, en su obra no hay una sistematización conceptual sobre el problema de las mujeres, y encontramos opiniones desacertadas o contradictorias , muchas de las cuales están vigentes aún en el sexismo de una gran parte de los medios de comunicación, como considerar lo viril sinónimo de lo mejor y más alto y la cualidad de lo femenino como expresión de debilidad y ausencia de valores. Sin embargo, sorprende encontrar en estas crónicas martianas de la década del 80 del siglo antepasado, referencias a problemas que en aquellos momentos eran de la misma magnitud que otros que hoy consideramos los más candentes, controvertidos y polémicos de nuestro siglo XXI: el divorcio, el sufragio femenino, las capacidades de la mujer para desarrollar cualquier actividad de la ciencia y las artes, su incorporación a las universidades, la necesidad de su presencia, para decirlo en términos contemporáneos, en la toma de decisiones. Consciente o inconscientemente, se reiteran las frases martianas más estereotipadas acerca de la mujer, pero esta visión idílica y romántica, en la que, obviamente, hay mucho de la época y su contexto, no minimiza lo positivo que tiene su pensamiento en tal sentido.
Por ello, dejemos a un lado las frases martianas estereotipadas sobre la mujer que siempre se repiten en sus efemérides e investiguemos profundamente la riqueza , diversidad y contradicciones de este ciudadano de América en esta temática, que por su presencia en el imaginario popular puede también contribuir a obtener eso por lo que el tanto se esforzó y entregó su vida: “ el equilibrio del mundo”, que en lo que se refiere al género, puede se reinterpretado en nuestro tiempo como equidad para todos y todas. Anexo: Frases extraídas de sus crónicas periodísticas: Hacen la labor de un hombre, y ganan un jornal mezquino, mucho más bajo que el de un hombre... ¿Se han de cerrar acaso los altos colegios a estas mujeres que han de ser luego compañeras de hombres? Pues sí no tienen los pies hechos al mismo camino, ni el gusto hecho a las mismas aficiones, ni los ojos a la misma claridad ¿cómo los acompañarán? Del idearios de las sufragistas: iSi ricas, absorbéis nuestras herencias! Si pobres, nos dais un salario miserable! iSi solteras, nos anheláis como a juguetes quebradizos! I Si casadas, nos burláis brutalmente! I Nos huís, luego que nos pervertís porque estamos pervertidas ! Puesto que nos dejáis solas, dadnos los medios de vivir solas. Dadnos el sufragio, para que nos demos estos medios. Fragmentos de crónicas aparecidas en La Nación, de Buenos Aires, en 1883, hace 120 años.
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