Déjela hablar! PDF Imprimir E-Mail
Por María Flórez-Estrada   

Image “Hable con ella”, la película de Almodóvar que se presenta actualmente en los cines del país, no es una película sobre el amor y tampoco sobre la ambigüedad de lo femenino y lo masculino, como cierta mirada (masculina) benevolente ha planteado.

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La película es, una vez más, sobre el desprecio inscrito en Almodóvar y en la cultura hacia las mujeres, desprecio que lo lleva a verlas, la mayor parte de las veces (quiero salvar a Todo sobre mi madre, pero tratándose de la madre ¿quién no se salva?) con condescendencia, y otras, como simpáticas estúpidas, siempre más o menos putanescas.

Las dos mujeres de esta nueva cinta están, precisamente, descerebradas después de sufrir sendos accidentes.

Lidia, queda en ese estado luego de ser corneada por un toro al que se atrevió a recibir de rodillas al momento de su entrada al ruedo, uno de los pases más peligrosos del toreo. Mensaje: como a Caperucita, eso le pasó por meterse en lo prohibido, las “cosas de hombres”.

La otra mujer, Alicia, como resultado de un accidente de tránsito. Clínicamente descerebrada queda en manos de Benigno, quien cuida de ella, le habla y posteriormente la viola y la deja embarazada. Sin embargo, para cierta crítica, Benigno es el “compañero sentimental”, la “pareja” de Alicia, únicamente porque éste ha decidido que Alicia le pertenece. Lo decidió porque puede, porque es hombre ycon independencia de su preferencia sexual, quiso. Así cometió la primera violación, de entrar al dormitorio de Alicia sin conocerla siquiera, sin tener su consentimiento, y llevarse un objeto de su fetiche. Así cometió la segunda, de Alicia descerebrada.

Ella, Alicia, es un cuerpo, reducido a una vagina, sin palabra y sin voluntad, sin poder de decisión. Pero, gracias a Almodóvar, Benigno queda exculpado de sus actos de violencia. Más aún, el director los ha transmutado en “amor”, y a Benigno y su amigo, en hombres “femeninos”, capaces de llorar. Por si fuera poco, la violación cometida por Benigno contra Alicia dejada sin palabra y sin poder de decisión por Almodóvar, como a la Bella Durmiente, ¡la salva, la despierta de su profundo coma!

Dícese que el valor de esta película radica en el amplio acervo cultural del director, quien evoca el mito griego del Minotauro. Puede ser. Pero, desde el momento en que la categoría de género es ignorada al acometer cualquier análisis, se cae inevitablemente en una mirada incompleta y, por tanto errónea. La cultura, los mitos, no son inmunes al género. Si no, veamos. ¿El mito del Minotauro? El dios Poseidón envía, de regalo para un sacrificio, un toro blanco a Persifae, esposa del rey Minos. Pero ella, en vez de sacrificarlo, lo mantiene con vida. En represalia, Poseidón hace que el toro viole a Persifae. Como producto de este bestialismo ella queda embarazada y nace el Minotauro. Para muchos autores, este es, precisamente, un mito sobre el adulterio de las mujeres. Es decir, del “castigo” que “se merecen” por actuar según su voluntad y no la de los hombres (quienes sí pueden ser todo lo adúlteros que quieran, porque son hombres). ¿Semejanzas con “Hable con ella”? Antes de ser violadas, tanto Persifae como Alicia son puestas en un estado de aniquilación de la voluntad por Poseidón y Almodóvar, respectivamente. Y hoy, en el 2003, ¡aplauden a Almodóvar y a Poseidón!

Pero esto es, precisamente, lo más significativo de todo. Que el “derecho” de los hombres sobre las mujeres está tan inscrito en la cultura después de todo escrita y decidida por los hombres, que la violación revestida de “romanticismo” y de “acto de la pasión” se encuentra tan naturalizada, que es despojada de su carácter de acto violento y violador de los derechos humanos.

Es lo mismo que están haciendo los médicos, el Estado y la jerarquía católica con la niña de nueve años que fue violada y que como consecuencia es obligada a llevar a término un embarazo sobre el cual no tiene derecho a la palabra ni, mucho menos, a decidir.

A pesar de que, como ha demostrado la reconocida abogada Rita Maxera, la legislación permite tanto a la medicina como al Estado interrumpir este embarazo, la ideología patriarcal que ha instituido el control masculino sobre los cuerpos de las mujeres, quitándoselos a ellas sobre sus cuerpos, se apropia de la vida de esta niña y atropella su derecho a una salud integral, para imponer, una vez más, su violento control sobre las mujeres.

Están cometiendo un crimen bestial con esta niña. Y aplauden.

(Agradecemos a Carmen Imbert por el reenvío de esta crónica)

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