La Regla Ocha o Santería cubana, debido a la lejanía temporal y geográfica de la religión yoruba, que le da origen, sufre determinado grado de reelaboración en su necesaria adaptación al nuevo medio económico social en que se la desarrollan los hombres y mujeres africanos/as introducidos en Cuba en condición de esclavos/as desde mediados del siglo XVI y, aunque adopta nuevas formas, mantiene los elementos esenciales de aquella, en lo referente a lo considerado como lo femenino y como lo masculino, lo cual resulta una constante en la delimitación del desempeño de determinados comportamientos.
Esa normatización de la conducta de las personas involucradas, tipifica lo "apropiado" para cada sexo. Crea estereotipos con atribución radical a mujeres y a varones que, al ser asumidos por ellas y ellos se convierten en construcciones religiosas en las que los mitos desempeñan un importante papel, pues en ellos está contenido quien y qué hace cada persona iniciada en esa expresión religiosa.
Presencia de la mujer en la mitología
La mujer se encuentra presente, pero en su nivel de participación o exclusión, así como algunos de los factores que lo determina, permite constatar que en esas narraciones el liderazgo siempre se relaciona con el hombre. Que es el varón quien desempeña la inmensa mayoría de los roles de autoridad y dirección.
Los mitos reflejan la desigualdad que emana de su contenido sexista, por lo que la mujer es una imagen de la construcción social de su presencia en términos patriarcales o, una proyección de la realidad masculina.
Muchos mitos y tabúes hacen referencia a la menstruación. En ellos se incorporan elementos justificantes de la discriminación de que es objeto la mujer iniciada, por cuanto, además de construirle una impureza en determinados períodos de su vida, le dan un valor negativo y con ello las limitaciones, las prohibiciones y la subordinación al hombre.
Según las creencias, cuando los y las orichas bajaron a la tierra trajeron, además de su aché, asignados roles según su sexo. Así, por ejemplo, a los orichas le correspondió: la creación de los seres humanos, el conocimiento de los secretos de hombres y mujeres, el poder de la vida y de la muerte, abrir y cerrar los caminos, etc.
A las orichas: ser mensajeras de Olofi, conceder hijos a las mujeres estériles, repartir limosnas, tejer jamos para los pescadores, y sobre todo, la coquetería, la sexualidad y la maternidad.
En la mitología de la Regla Ocha (santería) se refleja, fundamentalmente, la experiencia de los hombres, a través de lo que consideran más destacado: la creación, las guerras, la lucha por la supervivencia, etcétera.
Esos mitos son concurrentes a la práctica religiosa. Su contenido posibilita la reproducción, transmisión y reafirmación de la visión sexista de esa expresión religiosa.
La mujer en la práctica religiosa
En la práctica social, al interior de la santería Los/as iniciados asumen diferentes ocupaciones a los de su oricha de cabecera. Aparentemente la santería espera lo mismo de la iyalocha o santera que del babalocha o santero, sin embargo, en el ejercicio de sus facultades como tales, sólo por ser mujer y por el hecho paradigmático de la menstruación, existen profundas diferencias entre ambos.
Hablan las iyalochas
El carácter totalizador que ella tiene de la fe le impide sentirse limitada o discriminada, como podemos observar en los planteamientos siguientes: "La mujer es más valiosa si el hombre reconoce su autoridad religiosa". "Lo que no podemos hacer en nuestro ritual es lo que está establecido en nuestra religión". Planteamientos que, lógicamente, responden no sólo al grado y a la intensidad de la fe de las iniciadas, sino a su patrón de identificación.
Pero existen iyalochas que, aunque sin proponerse transformaciones asumen una actitud diferente. En su discurso testimonial no sólo encontramos una manifestación subjetiva o un modelo personal de lo que significan para ellas sus creencias religiosas, su testimonio es también el reflejo de la realidad social en que se desenvuelven y la interacción comunicativa que establecen entre sus hermanos/as de fe.
Esas iniciadas testimonian todo aquello que no es tolerable, las diferencias injustificadas, sus relaciones de exclusión y reto, que van constituyendo su particular identidad religiosa y su modo de asumirse como mujer en esa esfera. Así lo expresa el planteamiento siguiente: "En la santería no hay nada que la mujer no pueda realizar, no hay nada que nos lo prohíba, pero por un problema económico los hombres se han ido adueñando de muchas actividades".
* (Hija de Ochún de 24 años de iniciada).
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