¿Y para qué la ética? PDF Imprimir E-Mail
Por Lydia Cacho   

¿Para qué procurar que nuestros hijos e hijas observen otros valores diferentes a aquellos que les deparen la relevancia y el prestigio social, además del imprescindible crédito bancario? ¿Cómo mostrarles referencias válidas, conductas intachables, cuando los medios de comunicación acostumbran a poblarse con tristes medianías casi siempre sirviendo de caja de resonancia a los defraudadores del erario y la vergüenza pública.
Estas palabras escritas por el periodista Juan Carlos Campos Sagaseta (Koldo para las amistades) se plantaron frente a mí este domingo, luego de haber participado, aquí en Cancún, en el V encuentro de la Red de Periodistas de México, Centroamérica y el Caribe. Red en la que circulamos 175 periodistas de 10 países y que durante tres días residió en el hotel Gran Oasis debatiendo temas que van desde la ética periodística, el plan PueblaPanamá, los tratados y protocolos internacionales contra la violencia, hasta el fortalecimiento de los gobiernos de derecha y las dificultades que enfrentan las y los migrantes del mundo ante las guerras y la globalización de la violencia.

Retomo las letras del dominicano Koldo para ya no retomar las propias después de la vergüenza que las periodistas locales que participamos en el encuentro enfrentamos al recibir los comentarios analíticos sobre nuestros medios locales; análisis certero elaborado por las y los colegas de otros países mientras la nota trascendental era un chisme digno de cantina, periodismo de posturas maniqueas en dos esquinas del ring (unas con mascarita sagrada y otros con Black Jack) como si la vida fuera blanco y negro.

Quisimos explicarles que nuestros medios no siempre eran así, pero preferimos guardar silencio para escuchar lo importante. Y lo importante resultó ser la asistencia al encuentro de la dominicana Belkis Genao; una excelente periodista que a través del reportaje de investigación logró sacar a la luz pública veintenas de asesinatos de mujeres en su país. Una mujer fuerte e inteligente que asegura, a toda voz, que el amor no mata (o no debería matar).

Belkis, como buena reportera, entraba y salía de las periciales, de los juzgados, de la morgue, buscaba las historias humanas detrás de las mujeres asesinadas, que según la ética periodística no tienen cabida mas que en la plana roja que miran los morbosos y alguno que otro despistado o despistada que busca historias de su ciudad o de su gente. La ética periodística, por supuesto, nos dice que no debemos involucrarnos con las y los actores de la noticia, que la imparcialidad es la clave del éxito, las y los editores aseguran que una extirpación de corazón antes de entrar a la redacción es requisito para convertirse en periodista respetable y serio; eso por supuesto excluye de los espacios del “buen periodismo” a todas aquellas y aquellos que exploran el lado humano, que buscan los orígenes de la violencia y la discriminación en la otra cara de la moneda.

A Belkis Genao, la Periodista, así con mayúsculas, le tocó ver el lado oscuro de la luna hace apenas dos semanas; cuando su hija de19 años le llamó para pedirle que le cuidara a sus dos bebés porque su esposo la invitaba al cine. A las tres de la madrugada la policía le llamó a su celular. Habían encontrado el cuerpo balaceado de una joven de19 años en la calle. Y como ella era, además de la experta en estos temas la madre de la difunta debería asistir a la comisaría. Imposible narrar lo que este evento hizo en el alma de nuestra compañera. El esposo, un joven militar de 24 años, asesinó a su cónyuge supuestamente por celos, pero sobre todo porque era “suya”.

Belkis, ahora en Cancún con los ojos llenos del asombro que produce un dolor así, debatió con el resto de las y los periodistas, habló sobre al necesidad de dar voz a las millones de mujeres que cotidianamente son violentadas por su pareja, por la cultura, por los jueces y los legisladores que inventan leyes y luego no tipifican el delito, asintió ante la discusión sobre cómo los patrones culturales de hombres y mujeres nos enseñan a negociar la dignidad de las mujeres a cambio de afecto. Y en lugar de quedarse en su país a llorar y decir “la vida es una mierda” para luego dedicarse a la sección de finanzas a escribir sobre el Dow Jones que sube o baja al ritmo de los corazones de los líderes empresariales, o la sección de sociales y moda donde la angustia es qué pensarán los unos de las otras, Belkis se sienta y dialoga sobre cómo en Dominicana hubo un solo secuestro y de inmediato se creó una ley contra el secuestro apoyada por grandes líderes empresariales. O de cómo se creó con una inversión pública importante una Fuerza Especial Antiterrorista cuando jamás ha habido terrorismo en su país y, como dice su amigo Koldo, después de más de 80 mujeres asesinadas por sus esposos, un delito cuya atenuante jurídica es la pasión amorosa que los hombres sienten al momento del asesinato, no hay ley que las proteja, ni proyecto nacional de equidad, ni campaña nacional contra la violencia hacia las mujeres, ni periódico que exhiba este tema de políticas públicas.

Así, después de despedir a Belkis, quedé con la clara sensación de que no hay ética real si ésta no somete a crítica el pensamiento reiterativo que convierte, a fuerza de publicarlas, las percepciones parciales en realidades absolutas, que debe cuestionar las interpretaciones de una moral condicionada socialmente que disfraza de valores comunes aquellos que discriminan sistemáticamente a las mujeres, ya sean vivas o muertas.

* Lydia Cacho, excelente periodista mexicana, narradora y artista plástica fue la anfitriona del V Encuentro de la Red de Periodistas de México, Centroamérica y el Caribe. Dirige la revista Esta boca es mía y conduce el programa de TV del  mismo nombre.

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