Las violencias de la omisión PDF Imprimir E-Mail
Por Mirta Rodriguez Calderon   

Hay  una violencia no tipificada explícitamente ni por la Convención contra toda Forma de Discriminación contra la Mujer, ni por las leyes de prensa, ni por otros instrumentos normativos, la cual posee una cuádruple dimensión:

la que conspira contra una construcción de la equidad de géneros,

la que adjudica tratamientos y enfoques de las noticias y otros productos comunicativos que violentan el equilibrio intergenérico al minimizar (y a veces maltratar) al femenino,

la que deposita y populariza en el seno de la sociedad informaciones, estereotipos y aseveraciones que desdibujan a las personas de verdad, a los hombres y mujeres que tejemos la historia de lo cotidiano,

 y la que desnaturaliza el concepto de prensa libre, democrática y apegada a la justicia, cuando resta voz a una parte de los actores sociales, o niega poder y calidad noticiosa a sus acciones.

Denuncias en este orden de cosas ha habido muchas. Se necesita ya un ejercicio constructivo y consciente desde los y las productoras de comunicación.   Ello no implica una demanda para favorecer a las mujeres por una discriminación positiva, sino promover la equidad en el tratamiento de hombres y de mujeres desde la noticia y desde la comunicación en general porque no se puede hablar de derechos de humanas ni de humanos, ni de comunicación democrática, ni de justicia defendida y practicada desde la comunicación social, si  se ignora, minimiza u oculta lo que importa, aportan y reclaman las mujeres; si los enfoques con los que se les trata no les ofrecen voces y presencia iguales, oportunidades iguales y estímulos iguales a sus protagonismos en tanto que actoras sociales; o si quien redacta, titula, coloca en un determinado sitio de una plana o de un espacio aéreo, compara datos y elementos, y le “saca el jugo” a la información de que dispone, no procura visualizar aquellos ángulos del contenido donde se exprese una voluntad igualadora.

Tampoco podremos sentir que nuestros esfuerzos por erradicar la violencia contra la mujer alcanzan plenitud en sus objetivos, mientras no consideremos también a la omisión y al ocultamiento como acciones de violencia que reducen nuestras posibilidades, disminuyen nuestros saberes, enmascaran nuestras tristezas y aun nuestras alegrías y triunfos, y quitan impulso a nuestros empeños. Estas situaciones no se producen solamente desde la comunicación social, pero es el carácter multiplicador de ésta la que da o quita repercusiones al hecho por la resignificación que hacen las personas de sus propias vidas y de las de los demás cuando éstas son reflejadas en los medios masivos, lo cual es un proceso intrínseco al ejercicio periodístico y a sus resultados. La cualidad de los medios de comunicación para determinar la agenda de la cotidianidad es cosa suficientemente estudiada, más allá y más acá del reconocimiento a este   poder.

Si en el tiempo en que nos movemos la denuncia de una imagen femenina maltratada no ha tenido resultados suficientemente rectificadores ni ha significado una solución raigal, ¿cuál lo es?: cambiar las cosas desde adentro, contando con los y las periodistas, con los y las jefas de redacción, los camarógrafos y fotógrafos, con las y los creativos de publicidad, con los profesores que en universidades y otros centros no prestan atención –porque en muy pocos centros de altos estudios de esta parte del mundo la categoría género aparece en los pensums – para profundizar una toma de conciencia.  

 Esta forma de violencia contra una mitad de la población no suele estar voluntariamente determinada ni por los ejecutivos de medios de comunicación ni por sus profesionales, sino que son el resultado de un estado de cosas y de una historia que fue construyendo diferencias entre los hombres y las mujeres, colocándoles en estadios de valoración diferentes y, como bien sabemos, asignándonos roles distintos en que las conductas y misiones para ellos tienden a convertirlos en triunfadores, y las destinadas para nosotras a hacernos dadoras de servicios, ternuras y sostén.

 En el presente la construcción de redes o agrupaciones de periodistas y otros comunicadores que miran a la noticia con perspectiva de género está intentando abrir nuevos espacios para la equidad  , y para producir un periodismo que resulta diferente para esos medios masivos y esos colegas, sin ignorar que hubo desde hace tiempo en los medios alternativos –y aún las hay– materializaciones importantes de un quehacer profesional con este enfoque, que debe tender a la convergencia en lugar de a la bifurcación.

 Esta forma de violencia contra la mujer que se genera desde la comunicación social no es siempre resignificada como tal ni sujeta a análisis en lo que tiene de nociva, lo mismo que ocurre no pocas veces con la violencia psicológica, gestual, el acoso, el piropo callejero lesionante, por citar otras situaciones.  Más aún, no parece haber diferencia en el tratamiento que hacen de la noticia periodistas varones o periodistas mujeres como se evidenció desde hace  más de 25 años en un estudio de la británica Margaret Gallagher    

¿Qué pasa con los perceptores?

Una pregunta clave es ésta: ¿Se da o no se da cuenta la gente de cuándo y cuánto se violenta y subvierte la realidad cuando se reproducen estereotipos de género en productos comunicativos?; ¿qué piensan, sienten y comentan sobre eso si es que algo; a quiénes responsabilizan por ello si es que a alguien?; ¿existen diferencias entre las valoraciones que hacen las mujeres y los hombres al respecto?

Quiero objetivar el asunto entre nosotros y nosotras, presentándoles una tira cómica del conocido matrimonio de Pepita y Lorenzo.  Suele provocar sonrisas, ¿verdad? ¿Cuál es su efecto en los perceptores: niños y adolescentes sobre todo? ¿No hay implícito un juicio que nos incomoda por su contenido minimizante? ¿Hay o no hay una posición de género en esta creación? ¿A    quiénes violenta?

La chilena Virginia Guzmán le da mucha importancia a los chistes porque dice que ahí está el último reducto del más recalcitrante machismo: si alguien lo deja pasar le hace el juego, si lo enfrenta es una pesada.

Ejemplos habría centenares. Hace 500 años, uno de los navegantes que acompañó a Colón en aquellos viajes que agrandaron al mundo, Miguel de Cúneo, describió las experiencias que tuvo en la isla de Cabo de la Flecha, parte del archipiélago de las Once Mil Vírgenes, después de apoderarse de una canoa cuyos tripulantes habían venido al encuentro de ellos:

“... me vino el deseo de solazarme con ella y deseando poner en acción mis deseos y no admitiéndolo ella, me trató de tal manera con sus uñas, que más me conviniera no haber empezado, visto lo cual, si he de deciros la verdad, tomé una cuerda y la até fuertemente, de resultas de lo cual daba gritos increíbles...”

Cinco siglos después, una revista dominicana dedicada a la crónica roja publicaba una historia semejante.  Se trata de  noticias sobre  actos de violencia suprema, a los cuales se agrega la violencia del tratamiento. Cualquiera podría decir: pero eso ocurrió; la publicación no lo inventó. Y sería cierto. Pero la reflexión a la que convoca es al enfoque, al enfoque de género en esta noticia: porque ella no lo quería, él la mata, o la golpea y machetea. El enfoque es ése: violencia sobre violencia. La proyección de un titular consagra un ejercicio, un derecho, una conducta.  Lo subliminal es justificativo. Y lo mismo ocurre cuando se califica a un número de asesinos como simples hombres celosos con lo cual los criminales son prácticamente exonerados de culpas  

Estos ejemplos y reflexiones conducen a lo ya expresado por William A. Vargas, autor de un libro sobre el manejo de la noticia criminal, (1) quien postula que “con frecuencia la falta de una capacitación en la temática de género hace que las informaciones de sucesos y judiciales presenten un sesgo que lesiona los derechos humanos de las mujeres... Las informaciones de sucesos reafirman con frecuencia el estereotipo de mujeres chismosas, débiles, melodramáticas, incapaces, provocadoras... Con ello lo que se afianza en el público es la discriminación o, incluso, se justifica la agresión, violencia y violación sexual a las mujeres que, dicho sea de paso, es uno de los delitos que con más frecuencia se denuncian en los medios pero pocas veces se ubican en su adecuado contexto...”.

Trabajar con una perspectiva de género desde la comunicación presupone exaltar el contenido que iguala y potencia capacidades y cualidades desde una visión de justicia y de derechos democráticos para todos y todas. Equivale también a exonerar las noticias de y sobre mujeres de las cargas pasionales perversas, las posiciones lastimeras y victimizantes, y los contenidos subliminales asociados a la infelicidad.

Si una muchacha es madre soltera eso no entraña, necesariamente, que es desgraciada. Más probablemente es una mujer luchadora, optimista e íntegra. Si en una industria textil, en un campo de cultivo o en un laboratorio hay un porcentaje importante de mujeres, ellas no deben ser ignoradas en el reportaje acerca del lugar. Si un político que hace algo o aspira a algo es entrevistado, no debería ocurrir que ni periodistas hombres ni periodistas mujeres le interroguen acerca de su programa para mejorar las condiciones de trabajo o de seguridad social de ellas o contribuir a erradicar la violencia intrafamiliar, los salarios desiguales, etcétera. Si en una tribuna hay dos o tres mujeres en la mesa sería oportuno y edificante que sus nombres no queden subsumidos, después de enumerar los de los varones, en esa frase tan manida, “entre otros”, que por demás casi siempre se piensa y se redacta desde lo varonil.

Impregnar de una perspectiva de género los productos comunicativos significa, además, que el descubrimiento de nuevos ángulos para la noticia redunde en más noticias, que es lo que nos interesa a todos y todas.  

Podemos colegir que no hay confabulación de los varones ni de los directores de los medios de prensa para minimizarnos: ellos no se juntan para eso. Todo lo contrario, ellos pueden comprender la esencia democrática de estos planteamientos y también mirar con óptica de rentabilidad criterios novedosos en el tratamiento de la noticia, y el mayor número de informaciones que se obtiene cuando los rincones de la realidad son explorados con una mirada que propenda a la construcción de democracia y de justicia intergenérica.

Margarita Cordero ha hecho una precisión necesaria al subrayar que ello  no implica mirar o trabajar de manera segregada los asuntos de las mujeres ni desvincularlos del resto de la realidad, sino todo lo contrario:

“Un camino importante –significó ella – es rescatar la información como un derecho, como un derecho político, democrático y, en consecuencia, interpretar la ocultación de la realidad de un sector poblacionalmente mayoritario, como somos las mujeres en algunos países, como una denegación de justicia y de un derecho democrático...  Eso genera la necesidad de evitar pasados errores al resaltar exclusivamente el problema de las mujeres, como si ese problema estuviera disociado de otros problemas que son también generales a la sociedad.

“Para mí ya no solamente es el problema de género. Es saber negociar el problema de género dentro de un contexto de prioridades políticas que afectan a todos los grupos subordinados. Creo que en verdad el problema es complejo. Hay que situarlo en un contexto mucho más conflictivo del que simplemente refiere a la dicotomía buenomalo, hombremujer, que es una visión maniquea, para verlo en una dimensión mucho más proactiva y mucho más comprensiva de la realidad de la que las mujeres somos parte”. (2)

Se hace evidente que para implantar en lo profundo de la conciencia de la gente la noción de equidad de géneros, necesitamos apoyarnos en actos comunicativos conscientes y dirigidos. El desentendimiento informativo de los afanes de la mitad de la población es violencia contra ese segmento, y contra toda la población, a quienes se ocultan espacios sustantivos de la realidad o de la información de que se trate.

1 “Me gustan las noticias de sucesos. Guía para el manejo de la noticia criminal”. William A. Vargas Mora, Consejo Nacional para el Mejoramiento de la Administración de Justicia (CONAMAJ) San José, Costa Rica 1998

2 “Enfoque de Género en las políticas públicas: Periodismo y comunicación. Memorias”. Secretaría de Estado de la Mujer. República Dominicana. Abril 2001


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