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Marta Rojas: La delegada que no faltó |
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Por Luis Beiro
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La gran batalla de su vida ha sido juntar palabras con altura y coraje; no medir a nadie por su forma de pensar o de decir. Pero mucho cuidado con equivocarnos. Detrás de la gran profesional, del otro lado de su amable fineza y educada estampa de guerrera del decir, se esconde una de las personalidades más fuertes e intensas de la contemporaneidad.Toda su vida ha sido una búsqueda constante, una exquisita aventura en pos de personajes de carne y hueso que merezcan compartir las esferas del tiempo. Mientras exista el periodismo, todos tendremos alguna vez que reverenciarnos ante su maestría porque, entre sus lecciones imborrales, creció el mito: el profesional, a pesar de las circunstancias y coyunturas, nunca debe darse por vencido.
La periodista cubana Marta Rojas nos enseñó a darlo todo en pos de la noticia. Incluso, la vida misma, si fuese necesario. Que siempre el reportero debe estar preparado para lo peor. Hoy parece fácil armar esta compleja lista de deberes. Ella la ha venido tejiendo con su propia existencia desde que el destino la puso frente al que sería el mayor acontecimiento de la historia de América Latina en los últimos 50 años: el Asalto al Cuartel Moncada, en 1953.
Ella era entonces una estudiante de periodismo que; en noche de carnaval, cubría con el gran fotógrafo Panchito Cano los incidentes del desfile de comparsas en la trocha santiaguera. Al sonar los tiros todos los confundieron con fuegos artificiales. Todos menos el experimentado maestro del lente, quien le aseguró que ''algo grande'' estaba pasando. De ahí fueron al cuartel y antes del amanecer, la entonces joven estudiante tenía la historia no oficial que conmocionaría al mundo, no sin antes burlar la censura de la soldadesca.
Sin un nombre hecho, sin dinero, y mucho menos, sin referencias personales, aquella joven se trasladó de Santiago de Cuba a La Habana y con una simple tarjeta de su amigo el fotógrafo se presentó en el despacho del flamante director de la revista ''Bohemia'', quien al principio no creyó ni una palabra de lo que le decía.
Así comenzó Marta Rojas su carrera profesional hasta el día de hoy. ...Ha sido testigo de excepción de algunos de los acontecimientos sociopolíticos más trascendentales de la humanidad moderna: de la epopeya cubana a la guerra de Viet Nam, en el período más cruento, pasando por los lauros de reconocida escritora y de activista política sin descanso.
Los suyos han sido más de cincuenta años de crepitar alrededor de la página en blanco. Madrugadas enteras en busca de la verdad. Años, lustros, décadas con la frente en alto, saltando puertas indóciles y dejando en el camino medianías y falsedades.
La lección de Marta Rojas debe aplicar no tan sólo al quienes hacemos periodismo, sino también a cualquiera que pretenda crecer desde sí mismo. La verdad no tiene precio, al igual que los principios y la conciencia humana. Esta hecha ''con esa sustancia con que amasamos una estrella'', como escribió su gran amigo, Nicolás Guillén.
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Luis Beiro |
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