Cuando se entrevista a una ministra, generalmente se le pregunta, ¿cómo puede abordar todo ese trabajo y atender a su familia? A un ministro nunca se le pregunta, ¿cómo puede coordinar ese trabajo tan importante y atender a su mujer, sus hijos y sus padres?"
Directora de la revista Mujeres, editora de la revista Espacio, profesora titular adjunta de La Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana, Isabel Moya se define, sobre todo, como "una mujer muy comprometida con mi tiempo y con un periodismo diferente, que defienda los derechos de los excluidos y marginados, de las mujeres en principio, pero de todos los excluidos y marginados de los grandes medios".
¿Cómo visualiza el modelo femenino en el presente tan complejo? En estos tiempos de globalización neoliberal se pretende y se presenta un modelo hegemónico de lo femenino y de lo masculino, pero lo importante es que hay una brecha muy grande entre ese modelo y la realidad vivenciada por mujeres y que está atravesada por el hecho de ser mujer, pero también por su raza, etnia, clase social y opción sexual. El reto para los medios es presentar esa pluralidad con estrategias muy diversas desde la propia presencia de la mujer como tal.
¿No es eso lo que han hecho los medios alternativos? Algunos medios alternativos con tal de defender a las mujeres, a veces no presentan sus contradicciones, sus problemas. Estamos en un proceso de "desconstrucción" y tratando de estructurar otras identidades femenina y masculina. Y ese es un proceso complejo con retrocesos y con avances.
El reto para los medios, entonces es ser capaces de reflejar eso. De construir también desde los medios otra mirada y otra identidad de lo femenino y lo masculino que rompa con el modelo hegemónico. Y que proponga un modelo plural, como plural es la realidad.
¿Cómo se puede "trabajar" el tratamiento de ese modelo desde la cotidianidad periodística? Para cambiar el tratamiento hay que ir desde la rutina productiva de los medios: muchas veces se cree en el mito de que los medios reflejan la realidad. Los medios, realmente, construyen una realidad que está atravesada por diferentes aspectos, como la propia subjetividad del comunicador o comunicadora.
Pero en los medios existen las llamadas rutinas productivas y los valores noticia que hacen que lo femenino, que los llamados "problemas de la mujer", no sean importantes, no sean valores-noticia.
¿Cómo cambiar esto? Primero introduciendo en los valores-noticia, como un componente importante, temas como la violencia familiar, temas del mundo privado que hasta ahora han sido totalmente re-legados, o de alguna manera destinados sólo a las llamadas publicaciones para las mujeres, también muy cuestionadas. Primero hay que hacer eso. Segundo: para tratar la imagen de la mujer, las y los comunicadores tienen que acercarse a ella con un enfoque esclarecido de lo que busca. No basta con que haya mujeres comunicadoras si siguen acercándose a la realidad con una mirada androcéntrica, que coloca lo masculino en el eje de su mirada, a veces sin que la propias mujeres pe-riodistas sean conscientes. A las mujeres tenemos que darles ese tratamiento de ente público y no vincularlas todo el tiempo sólo a la educación de los hijos Pero, por otra parte, también vincular los modelos masculinos a la familia y a sus responsabilidades en la educación de los hijos.
Otra cosa que se hace con frecuencia al entrevistar a una mujer es decir que es hermosa, tiene el pelo de esta forma, o los ojos rasgados. Eso nunca se hace para un hombre. Considero que eso es discriminatorio para los hombres y para las mujeres. Primero porque se vincula a las mujeres solo a lo físico, pero, por otra parte, se les quita a los hombres la posibilidad de ser físicamente descritos. Se trata de no sólo presentar a las mujeres como
víctimas, aunque es verdad que a veces lo son. Pero cuando hay mujeres que están empoderadas es necesario potenciar eso. No debe seguir ocurriendo que las mujeres aparezcan sólo golpeadas, matadas, victimizadas... Hay que adelantar propuestas desde los medios. Esas otras mujeres que han ido luchando y han ido ganando un espacio deben estar presentes en la información; y amplificar ese paradigma de que las mujeres también podemos romper con el ciclo de la violencia y la victi-mización. Y ser solidarias.
¿Cómo trabajar las diferencias de clases como tal con relación con la mujer en la TV? Hay que variar un poco la concepción estética de lo bello, porque lo bello se reduce a un lenguaje dicotómico, que contrapone lo bello y lo feo, no hay ma-tices. Un hogar humilde puede ser también una propuesta para los medios, pero no presentarlo sólo desde el punto de vista del show, o como lo peor de lo folclórico, sino como algo que está, en su integración y destacar también esa pobreza y la necesidad de cambiarla. No brindar sólo un mundo de burbuja, un espejismo de país, porque vamos entonces alejando a la gente de la propia realidad y construyendo un país mediático, que no existe. Desde un país de fantasía no se puede cambiar nada.
El periodismo tiene una vocación de servicio. Vivir es un hecho natural, pero a vivir también se aprende.
¿Cuál es el papel de los medios?: enseñar, ayudar a la gente a vivir. ¿Cómo? Hablando del problema de Afganistán, por supuesto. Pero hablando también de la cotidia-nidad de la mitad de la población, que somos las mujeres. O de esas cosas que a algunos les parecen intrascendentes, como puede ser el problema de las adultas mayores, o algo tan doloroso como es el ciclo de la violencia, que a veces parecería que no se puede romper.Cuando hay mujeres que están empoderadas es necesario potenciar eso. No debe seguir ocurriendo, que las mujeres aparezcan sólo golpeadas, matadas, victimizadas...
También hay que adelantar propuestas desde los medios.
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