Las mujeres son el blanco de una gran cantidad de productos peligrosos, y de una cultura que las reduce a objetos de consumo. Siguen condenadas a la eterna búsqueda de lo imposible: la perfección
La cultura de consumo ha creado una imagen de mujer en términos de rostro y cuerpo. Modelos cadavéricas, tallas irregulares y una industria que ha encontrado la gallina de los huevos de oro, tejen desde hace años una peligrosa tela de araña en torno a la mujer actual.
Colágenos, liposucciones e implantes de pecho modifican su figura natural y se impone, más que nunca, la mujer esqueleto. La belleza de Rubens ejemplificaría hoy un caso de celulitis dolorosa. La ironía de esta imposición es extrema. Hoy, la sex simbol Marilyn Monroe tendría que luchar o caminar muchas cuadras para conseguir un jean, Con sus 5,3 pies pesaba más de 120 libras.
La estética actual ha convertido a la delgadez en casi una exigencia. Quizá haya que culpar a la británica Twiggy, quien ya en los 60 implantó la moda de una anorexia que nos sigue persiguiendo.
En nuestra mente empezamos a creer que la mujer verdadera, el significado de "femineidad", es el que vemos con tanta frecuencia en revistas de belleza o en las modelos que hacen publicidad de productos para la mujer. Belleza, sofisticación y seducción.
La televisión, las revistas e internet imponen un ideal irreal. Cuerpos esbeltos, cutis perfectos, inexistentes señales de vejez… Quienes no entran dentro de este molde deben hacer lo imposible para, aunque sea, acercarse a él. Dietas desordenadas, costosos tratamientos de belleza, horas en el gimnasio, cirugías… pero ese despreciable rollito jamás desaparece.
En el proceso de tratar de alcanzar "esta cosa real" las mujeres no solamente compiten con las demás por superarlas en sofisticación y seducción (por la atención sexual de los hombres), también pierden confianza en sí mismas y en su auténtico valor. De esta manera, la cultura de consumo manipula y distorsiona la personalidad de las mujeres, destruyendo su autoestima y convirtiéndolas en víctimas.
Para algunas personas comprar ropa supone un auténtico calvario. Empiezan por tratar de explicar a la jovenbellaflaca vendedora que no le dé esa talla de pantalón. "Una talla más por favor". "No entro, ¿tienes una talla más?".
En el probador comienza a armarse una pirámide de pantalones de todos los modelos, tallas y colores. Ninguno te entra, ninguno te queda bien. Media hora más tarde, sales despeinada y transpirada por luchar contra cierres y botones para ver si alguno se dignaba a cerrar. La vendedora te dice: "Esta es la talla más grande, ¿no te entra?". Frases como "sólo small" o "este modelo viene en talla única" aniquilan el amor propio a cualquiera. Regresas a casa sin pantalón, ni ganas de mirarte al espejo. Odiando a la vendedora y, sobre todo, sintiéndote mal con tu cuerpo. La moda parece que no entiende el concepto de individualidad. La moda quiere a todos iguales, pero en realidad somos diferentes.
En los últimos años muchos productos relacionados con la salud de la mujer han resultado ser peligrosos o han dado lugar a enfermedades que en algunos casos las llevaron a la muerte. Muchos de esos productos fueron prohibidos o restringidos en países desarrollados y pese a ello se siguen comercializando en muchas naciones en vías de desarrollo.
Cuando el culto al cuerpo es propulsado por falsos ideales y no por la salud y el bienestar, todo lo que se hace se puede volver perjudicial.
Muchos se han convertido así en convenientes vertederos de productos y medicamentos que trafican las trasnacionales. La mayoría de estos productos no cumplen las normas de seguridad de los países de origen y muchas mujeres se han convertido en desafortunados conejillos de indias. Algunos de estos productos son peligrosos anticonceptivos como Depo Provera, Dalkon Shield y Norplant.
Pero las trasnacionales no solamente afectaron la salud de muchas mujeres con la comercialización de anticonceptivos peligrosos; también han introducido nuevos alimentos y nuevos gustos a costa de sanos hábitos nutritivos tradicionales. Muchos de estos alimentos se presentan como modernos artículos de consumo.
Costosas bebidas, atractivas latas y botellas, alimentos enlatados, comidas congeladas, comidas rápidas y alimentos procesados no sólo llenan los supermercados, sino que además se exhiben prominentemente en almacenes de los barrios más remotos. Las familias empobrecidas han sido persuadidas por tácticas de venta para gastar el dinero que tanto les cuesta ganar en comer porquerías, y en productos que no necesitan. Ahora las mujeres de los pescadores prefieren comprar el pescado enlatado del que se hace publicidad en la radio, televisión y revistas. Vota por este artículo: Votar (0) >> ¿Qué es esto?
Para agregar sus comentarios a este artículo, favor acceda con su cuenta de usuario. Si aún no tiene una, puede registrarse de manera gratuita. |