La mirada de género se ha convertido en el ojo del cíclope PDF Imprimir E-Mail
Por Margarita Cordero   

Image El objetivo del periodismo político en el que creo debe ofrecer a los lectores los elementos para un análisis crítico de los hechos. Debe ayudar a pensar, que no es lo mismo que pensar por los demás.

La democracia , pese a sus deficiencias ostensibles, sigue resultando el tipo de relación y organización política que más favorece a la igualdad.

Si a algo podría ayudar el periodismo político a las mujeres, y no al revés, es a permitirles desentrañar las complejidades de los procesos sociales en los cuales ellas, con diversos grados de intensidad y conciencia, se constituyen en sujetos plurales y críticos.

La mirada de género se ha convertido en el ojo del cíclope. Pero el gigante que hoy lo tiene en medio de la frente no es el vigoroso pensamiento feminista que revolucionó con el concepto "género" la epistemología de las ciencias sociales occidentales hace más de dos décadas. No, es un gigante hipertrofiado que, por demás, inspira respeto a poca gente.

De su indiscriminada y alegre aplicación a todo lo que se quiere resaltar como propio de las mujeres, ha terminado siendo, como lo señala Marta Lamas, una especie de fetiche que banaliza lo que se vincula a él, y convierte lo social en tautología: no hay diferencia entre hombres y mujeres, no importa su naturaleza, que no se explique en el "género".

¿Qué es, o qué sería, hacer periodismo político con "visión de género"? ¿Resaltar cada dos por tres el papel de las mujeres en la política, las inequidades que las afectan, el sexismo cupular en los partidos? ¿O será denunciar, con consagrada persistencia, que los políticos hombres, en la oposición o en el Estado, no las toman en cuenta?

Carente de una premisa que me permita entender exactamente qué es hacer periodismo político con perspectiva de género, no es fácil abordar el tema que, además, la contaminación genérica convierte en tópico. Intentemos, entonces, otra cosa.

Hablar de política

Si como periodista elegí escribir preferentemente sobre política, con toda seguridad se debe a que la actividad política, y durante mi primera juventud la partidista, fue parte fundamental en mi constitución como sujeto social. No digo que mi elección fuera un hecho fortuito o inercial. En ese mundo de sujetos simultáneos que soy, lo profesional y lo político se encontraron.

Las primeras opresiones y discriminaciones de las que tuve conciencia, estaban asociadas al estatus social. Por eso, antes que el patricardo y la respuesta femininista, estuvieron la tutumpocracia y el machepismo. Así que la política me pareció un insuperable instrumento para cambiar el mundo. Feminista me haría mucho después porque, como casi en todo lo que tiene que ver con el pensamiento, también con respecto al feminismo la discusión en el país fue tardía.

Como periodista y como militante política, y desde luego también como mujer feminista, me interesó en algún momento la relación de atracciónrechazo que las mujeres tienen con la política. Fruto de esta inquietud es el libro sobre las mujeres en los procesos electorales de 1986 y 1990, que hoy escribiría de muy distinta manera porque buena parte de mis presupuestos teóricos de entonces han cambiado.

Pero fuera de ese y otros libros que he escrito sobre las mujeres y la participación política, además de los numerosos artículos en que critico las desigualdades entre los sexos, nunca mis artículos sobre política han pretendido tener una "mirada de género", sino una mirada de sujeto.

¿Es serio planteárselo?

No dudo de las excelentes intenciones de quienes promueven iniciativas que incitan a posar sobre todo lo que nos rodea una mirada de "género", en la acepción que, por lo menos, me es más familiar, pero sí dudo de su eficacia para cambiar la realidad. No sé si otras elaboraciones teóricas que desconozco reivindican la pertinencia del concepto y le restituyen su calidad revulsiva, pero en lo que respecta al uso que hace de él una explicación a la medida de todos los problemas, pienso que entorpece más que ayuda a la construcción de un pensamiento democrático.

¿Cuál es, en principio, el objetivo del periodismo político en el que creo? Sin pretender erigirse en intérprete de la realidad, el o la periodista que escriba de política sí debe tener como propósito ofrecer a los lectores los elementos para un análisis crítico de los hechos. Debe ayudar a pensar, que no es lo mismo que pensar por los demás. Si así lo hace, estará contribuyendo a consolidar la democracia que, pese a sus deficiencias ostensibles, sigue resultando el tipo de relación y organización política que más favorece a la igualdad.

Si fuera posible algún tipo de periodismo político con "mirada de género", debería partir de un presupuesto planteado por Chantal Mouffe en 1993 y que a mí me sigue pareciendo válido. Ella dijo: "La política feminista debe ser entendida no como una forma de política, diseñada para la persecución de los intereses de las mujeres como mujeres, sino más bien como la persecución de las metas y aspiraciones feministas dentro del contexto de una más amplia articulación de las demandas".

¿Es posible construir la igualdad entre hombres y mujeres fuera de una realidad donde la democracia cierre paulatinamente la brecha entre subordinantes y subordinados? Esa igualdad está más allá del discurso deificante sobre el "género" convertido en identidad subjetiva femenina. Si a algo podría ayudar el periodismo político a las mujeres, y no al revés, es a permitirles desentrañar las complejidades de los procesos sociales en los cuales ellas, con diversos grados de intensidad y conciencia, se constituyen en sujetos plurales y críticos.

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Margarita Cordero
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