Instrumentos para la formación de la opinión pública PDF Imprimir E-Mail
Por Gabriela Delgado Ballesteros   

La agencia mexicana de información CIMAC publicó este artículo sobre cómo la radio y la televisión permiten tomar conciencia para la formación de opinión pública. Esta reflexión viene motivada por la propuesta de reforma de la Ley de Radio y Televisión en este país.

La radio y la televisión son instrumentos de comunicación que permiten contar con información, esparcimiento y toma de conciencia para formar opinión pública. Esta industria tiene que ser rentable, pero sin olvidar que los beneficios económicos que se derivan de ella corresponden a la sociedad a la que se deben; ello por ser de interés público su quehacer, ya que nadie se salva de los efectos de sus emisiones.

Lo que transmiten influye en la vida diaria, en las reacciones que se tienen a los acontecimientos que se suceden a escala mundial. La transmisión de información e imágenes a lo largo del planeta da la posibilidad de estar en contacto regular con otros que piensan diferente y viven de forma distinta, causa temores o aspiraciones y crea nuevos retos. También influye en los aspectos íntimos y personales de nuestras vidas. Por ello, los sistemas familiares están transformándose o en tensión. A las mujeres las enfrenta a múltiples decisiones, de las cuales, en su gran mayoría, representan retos y riesgos, sujetas a tradiciones ancestrales y difíciles de cambiar.

Para bien o para mal nos impulsan a un orden global que nadie comprende, pero todos sentimos sus efectos. La impotencia que experimentamos frente a la forma en que están normados refleja las detituciones. Necesitamos crear nuevas formas de vinculación y respeto entre concesionarios y la ciudadanía.

El “decretazo”, en México, del 10 de octubre del 2002, es prueba de esta falta de respeto y relación. Los forcejeos para la regulación de los medios, desde 1959 a la fecha, son prueba de que un bien de la humanidad, como la comunicación vía ondas satelitales, se ha convertido en una comercialización privada; en los medios, los consumidores y los asalariados de este trabajo quedamos fuera de la jugada.

En el 2001, insólitamente, monologaron académicos, funcionarios públicos, representantes de los partidos políticos, legisladores, con cesionarios, directivos de emisoras culturales, radio escuchas y televidentes.

En el 2005 seguimos en esta acción, con la esperanza de que ahora sí sea un diálogo, para que los medios de difusión evolucionen como un bien público y de beneficio social, con información inclusiva y orientada al desarrollo, donde todas las personas puedan crear, utilizar y compartir información y conocimiento.

El propósito, en suma, sería contar con una normativa y una política democrática en la Reforma a la Ley Federal de Radio y Televisión que permita reflejar las necesidades y problemáticas, que no cree falsas expectativas y aspiraciones en la ciudadanía.
 

La televisión y el hogar

Estudios demuestran que el promedio de horas que niñas y niños pasan frente al televisor es mayor que el empleado en el aprendizaje escolar, incluso que disminuyen la comunicación familiar. Las personas saben perfectamente los factores que determinan las rupturas, conflictos o alegrías de los personajes de una telenovela, pero no la vida de sus propios familiares.

Las reglas de los medios están basadas en las leyes del mercado y sus particulares intereses de oferta y demanda. Nos convertimos en tiraje, audiencia o rating para que al mismo tiempo, los anunciantes nos perfilen como consumidores y consumidoras de productos, ideas y aspiraciones.

Por lo tanto, la radio y la televisión no son inocuas, ya que tienen un efecto emotivo e ideológico en el modo en que concebimos el mundo y en la defensa del statu quo. Por medio de ellos, hemos aprendido y unificado aspiraciones, hemos construido imaginarios sociales, familiares y laborales, en donde cada personaje tiene un lugar determinado en la estructura en que se desenvuelve.

Es ahí donde se encuentran los estereotipos que generan, de manera silenciosa, la violencia de género aceptada y promovida de manera social y políticamente “correcta”. Lo anterior, lo vemos a diario “suavecito”, sin necesidad de tener escenas de violencia explícita, pero que a la larga nos habrán formado como mujeres y hombres acostumbrados a relaciones de género desiguales, marcadas por el poder de unos sobre las otras.

El poder de reproducción que ejercen los medios se debe a dos razones: por el tiempo en el que pasan las personas ante ellos y, porque los dueños de los medios son grupos hegemónicos con poder político y económico, a quienes les conviene mantener el statu quo.

Ejemplo de ello son “las concesiones televisivas que no han sido contrapeso, sino parte, de los excesos del poder público; no han sido impulso, sino contra prisa, al ejercicio de la libertad ciudadana de expresión. No han promovido la cultura, sino el comercio y la vulgaridad; no han servido para atenuar las enormes injusticias sociales, pero si para enriquecer desmesuradamente a sus concesionarios; no han impulsado la democratización, sino que han atacado y denostado a los luchadores por la democracia, ya fueran individuos u organizaciones.” (Editorial La Jornada, jueves 17 octubre 2002, Pág. 2)

El pensar en reformas legislativas podría ser un esfuerzo en vano de no contar con una autoridad autónoma en materia de comunicación, como la ciudadanización del Consejo Nacional de Radio y Televisión, que daría a los concesionarios seguridad jurídica, al Ejecutivo independencia efectiva y a la ciudadanía certeza, transparencia e imparcialidad en el cumplimiento de la Ley y en el otorgamiento de las concesiones y permisos.

Trabajar en red: legisladores, administradores, empresarios, trabajadores de la radio y la televisión y ciudadanos; implica la posibilidad de una mayor colaboración, de compartir lo aprendido, las experiencias y de establecer vínculos para influir en resultados de bienestar social.

* Observatorio de Familias y Políticas Públicas.


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