La representación sesgada de la mujer política en los medios de comunicación no es exclusiva de los países en vías de desarrollo o de aquellos en los que, por las condiciones políticas o religiosas, las mujeres son socialmente discriminadas. En España, por ejemplo, sólo 16 mujeres han llegado a ocupar un cargo en el Gobierno y, como la prensa española ha dado a entender en muchas ocasiones, la mayoría de las veces han presidido ministerios considerados "de segunda categoría", como Cultura, Educación o Asuntos Sociales.
Los estereotipos siguen siendo el principal obstáculo de aquellas mujeres que llevan décadas luchando por salir del ámbito doméstico al que históricamente han sido reducidas y participar en la esfera pública. A pesar de que desde mediados del siglo pasado los logros que han conseguido las mujeres son indiscutibles y su visibilidad fuera de los hogares es cada vez mayor, su voz en el ámbito político no ha crecido de forma paralela. Las mujeres todavía no han alcanzado la equidad para poder decidir sobre el funcionamiento de su país y de su relación con el resto del mundo. Y los medios de comunicación, en general, no las han ayudado a dar una imagen completa y real de ellas mismas, sino que los estereotipos se introducen, incluso, entre las letras supuestamente objetivas de los periódicos o a través de los lentes de las cámaras de televisión. Unos lentes con género masculino, ya que son mayoritariamente hombres los que están detrás de los medios de comunicación, definiendo, desde su punto de vista masculino, la realidad sobre la que están informando.
La necesidad y oportunidad de investigar acerca de la imagen de las mujeres en los medios de difusión ha sido puesta de manifiesto por distintos organismos internacionales. Así, la Asamblea Nacional de las Naciones Unidas destacó en junio de 2000 que "es lamentable que los medios de muchos países no ofrezcan una imagen equiponderada de la diversidad de la vida de la mujer y de la contribución de ésta a la sociedad". Sin embargo, incluso con esta afirmación, parece que se están refiriendo únicamente a aquellos países en los que la mujer es socialmente discriminada, de forma explícita, cuando la realidad de que los medios de comunicación dan una imagen muy parcial, difuminada por estereotipos tradicionales, se puede aplicar en la mayoría de los países del mundo que hoy llamamos desarrollados.
En el caso de Europa, el volumen de investigaciones sobre la imagen de las mujeres en los medios de comunicación ha aumentado considerablemente en los últimos años. Sin embargo, este tipo de iniciativas varía enormemente de un país a otro. En comparación con otros países europeos, España, por ejemplo, ha llevado a cabo muy pocos trabajos. Aunque entre la bibliografía sobre la representación de la mujer en los medios de comunicación españoles hay un texto muy interesante de Encarna Ruiz Molina, profesora en la Escuela Superior de Diseño de la Universidad Ramón Llul, en Barcelona, que realizó una investigación en varios periódicos, centrándose en El País, sobre la imagen que en ellos se daba de las mujeres políticas en España, concluyendo que "Èstas ocupan un lugar secundario en las páginas de este diario y que por encima de ellas se sitúan las noticias que hacen referencia a sus compañeros varones".
En España, sólo 16 mujeres han logrado formar parte de un Gobierno, catorce como ministras y dos como presidentas del Congreso y del Senado. La puesta en marcha en 1989 de la denominada Ley de Discriminación Positiva y la aprobación de la cuota del 25% ha hecho que, en la actualidad, de las 16 ministerios que forman el Ejecutivo español, tres están presididos por mujeres. Se está muy lejos de alcanzar la paridad parlamentaria pero, aún más, de tener una mujer al frente del Gobierno español o de cualquiera de los gobiernos autonómicos. Además, no han sido pocas las veces que se ha insinuado que la mayoría de las carteras ocupadas por mujeres en España son "de segunda categoría". Cultura, Educación, Asuntos Sociales, son ministerios que no extraña que sean presididos por mujeres. Pero, ¿y Trabajo, Asuntos Exteriores o Economía, por ejemplo? ¿Se vería con los mismos ojos si fuesen cargos ocupados por una mujer?
Los medios de comunicación también han contribuido a difundir esta idea. Según argumenta Encarna Ruiz Molina en el ensayo "La imagen de las mujeres políticas en la prensa de información general", la mayoría de las informaciones que se publican en los mass media están dirigidas por hombres que, normalmente, ocupan los puestos de dirección. Por eso, el tratamiento que se ofrece de las noticias referidas a mujeres acostumbra a ser muy desigual, si se comparan con las que hacen mención a los hombres. Este hecho provoca que la imagen que se transmite de la mujer en los medios de comunicación esté estereotipada y sesgada. Se trata de una realidad a la que tampoco escapan las mujeres que ocupan puestos de responsabilidad. Así, estas mujeres son tratadas y juzgadas por su condición femenina y no por la gestión que están llevando a cabo.
Cuando en el año 2000, el presidente del Gobierno español, José María Aznar, designó a Luisa Fernanda Rudi como presidenta del Congreso los comentarios que en los medios de comunicación se hicieron sobre este nombramiento fueron diversos. Los españoles estaban acostumbrados a que hubiese un par de mujeres en las listas del Gobierno, pero siempre dirigiendo carteras "poco serias", si calificamos por serios los ministerios de Economía, Interior o Asuntos Exteriores, por ejemplo, como si las condiciones para cumplir esta serie de cargos fuesen exclusivamente masculinas.
El hecho es que el nombramiento de Aznar sorprendió. Muchos ponderaban que el Presidente hubiese pensado en una mujer para presidir el Congreso. Además, este hecho se utilizó para recordar que este Gobierno había dado entrada a un mayor número de mujeres a cargo de ministerios, como si de un mérito sobrehumano se tratase el hecho de incluir más mujeres en el Gobierno. Estos nombramientos producen la sensación de que las mujeres que forman parte del Ejecutivo lo hacen porque el Gobierno tiene que cumplir con una norma, la Ley de Discriminación. Por otro lado, al Partido Popular le favoreció que los medios de comunicación se concentrasen en este hecho ya que dio un matiz aperturista al Gobierno, reforzando el esfuerzo que el Partido Popular siempre ha hecho por labrarse la imagen de partido de centroderecha, para desmarcarse de la derecha tradicional española.
Entre otros matices más sutiles, pero que también son ejemplo del grado discriminatorio de las mujeres en los medios, destaca el hincapié que muchas veces se hace, sin venir a cuento, en las informaciones sobre las ministras, sobre su condición de madre, hija, esposa o de sus características físicas. Por otro lado, el estereotipo de "mujer fatal" también tiene cabida en los medios de comunicación. Así, la ministra de Agricultura, Loyola de Palacios, ha sido presentada como la "mujer de hierro" española. De Palacio es una mujer con carácter y por eso se la ha comparado con los hombres, como si la dureza dialéctica fuese una condición masculina, indispensable para ser ministro.
Los medios de comunicación constituyen un canal fundamental para la difusión de la imagen social de las mujeres. Por este motivo, es importante que estos medios tomen conciencia de su contribución a que se sigan divulgando estereotipos que puedan resultar discriminatorios. Mientras que no exista una igualdad en el tratamiento mediático, que tiene que ir unida a una mayor participación de las mujeres en la dirección de los medios, de aquellas noticias referidas a mujeres con respecto a las que hacen mención a los hombres, querrá decir que en nuestra sociedad no habremos logrado la igualdad.
Marta Ramírez es periodista española que trabaja actualmente en República Dominicana.
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