* En el 2001, siete de cada diez personas estuvieron en desacuerdo con el criterio de que la política es un asunto de hombres- * Una pronunciada mayoría de 87 por ciento favorece una mayor participación de la mujer en la política
- * Un triunfo sobre los prejuicios discriminatorios que han prevalecido en toda nuestra existencia como nación
A pesar de que aún hay reticencias a que la mujer participe en política en igualdad de condiciones con el hombre, cada vez es mayor la tasa de aprobación a la incursión de las hembras en este mundo tradicionalmente ocupado y controlado por varones.
Los hallazgos enunciados son parte de los resultados obtenidos en la III Encuesta Nacional de Cultura Política y Democrática (Demos2001), realizada por las sociólogas Isis Duarte y Ramonina Brea, dentro del Proyecto para el Apoyo a Iniciativas Democráticas, de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y el Instituto de Estudios de Población y Desarrollo, de la Asociación Dominicana Pro Bienestar de la Familia.
En un resumen de los resultados de la investigación, publicado en febrero de este año, sostienen que la visión de la política como asunto masculino ha ido perdiendo sustentadores, afirmación que avalan resaltando que en los siete años que cubren las encuestas Demos han sido notorios los cambios hacia una mayor aceptación de la política como actividad que también compete a las mujeres.
Tras referir que en el 2001, siete de cada diez personas estuvieron en desacuerdo con el criterio de que la política es un asunto de hombres , resaltan que esa opinión se incrementó en 22 puntos porcentuales, para pasar de 49 por ciento en 1994 a 71 por ciento en el 2001.
Otros hallazgos de la investigación informan que una pronunciada mayoría de 87 por ciento favorece una mayor participación de la mujer en la política, idea que en el período estudiado experimentó un crecimiento de 15 puntos porcentuales.
"La extendida aceptación de la participación femenina, cuya contrapartida es la negación de que la política es un asunto privativo de hombres, significa en la cultura política comentan las investigadoras un triunfo sobre los prejuicios discriminatorios que han prevalecido en toda nuestra existencia como nación".
No obstante, la gente pone límites precisos a la participación femenina, por cuanto mientras el 87 por ciento la respalda, sólo el 70 por ciento del universo investigado considera que debe hacerlo en igualdad de condiciones con el hombre.
Con todo, la posición positiva ha ido ganando terreno, en razón de que en apenas siete años se elevó en 20 puntos porcentuales, porque mientras en la primera encuesta sólo era compartida por la mitad de las personas entrevistadas, en el 2001 fue respaldada por el 70 por ciento.
"Hay que tomar en cuenta los condicionantes a la participación de la mujer en términos de igualdad con el hombre: en ese mismo año el 23 por ciento optó porque la mujer sólo debe participar cuando no se lo impidan sus obligaciones, posición que es expresión de la falta de autonomía de la mujer y de su atadura a un destino social de responsabilidades en el hogar", dicen las sociólogas: y a seguidas consignan que esa posición experimentó una apreciable disminución de 15 puntos porcentuales ya que pasó de 38 por ciento en 1994 a 23 por ciento en 2001.
A pesar de la apertura, las investigadoras documentaron múltiples obstáculos que influyen para que la participación de la mujer sea bastante menor que la de los hombres en las actividades políticas tradicionales más frecuentes, como reuniones barriales para resolver problemas y actos partidistas y proselitistas.
Cuotas de poder para mujeres
Acerca de esta cuestión, Duarte y Brea refieren que igual que en 1997, en el 2001 ocho de cada diez personas entrevistadas estuvieron de acuerdo con el establecimiento de una cuota de 30 por ciento de candidaturas femeninas (en 1999 la pregunta versó acerca del 25 por ciento).
"En aquella ocasión, dijimos que el respaldo tan elevado a la cuota electoral femenina era un ´potencial´, tanto en la población masculina como en la femenina, dispuesto a apoyar fórmulas que promuevan positivamente a la mujer en política" cuentan , para de inmediato recordar que entonces interpretaron el hecho como una prevención frente a las prácticas obstaculizadoras del acceso de las mujeres a los puestos de poder.
Al respecto subrayan que, primero, la cultura política de la población puede diferir de las actitudes y prácticas de las élites partidistas, las que podían sentir amenazados sus espacios de influencia y actuar en consonancia; segundo, la ausencia de estrategias femeninas que incluyan desde la formación de discursos, símbolos y acciones alrededor de la mujer hasta aspectos más o menos trascendentes como el manejo de los asuntos electorales y de poder, incluyendo la boleta electoral.
Y al aludir al conjunto de indicadores sobre la aceptación de la participación política de la mujer, dicen que el más crucial es la percepción de sus capacidades para el ejercicio del poder.
Aunque durante el período la opinión de que la mujer tiene igual o mayor capacidad que el hombre para gobernar se incrementó en 15 puntos porcentuales, esta visión es la menos compartida, sustentada sólo por un 63 por ciento de las personas entrevistadas en el 2001, resaltan las analistas.
De inmediato ponderan que en los últimos tiempos se han ido erosionando los obstáculos al acceso de la mujer a la educación, el trabajo, al derecho al voto, y es mayor su independencia económica, pero el valladar más inexpugnable sigue siendo el acceso a posiciones de poder o de mando.
Confianza en candidaturas femeninas
Desde que se iniciaron estas encuestas en 1997, a la población investigada se la ha preguntado: ¿Hasta qué punto el alto grado de aceptación de la cuota electoral y de la participación política de las mujeres se convierte en confianza en las candidaturas femeninas?
Tras referir que los datos registran durante el período un aumento significativo de la confianza en las candidaturas femeninas, sostienen que el fenómeno debe llamar la atención puesto que todos los indicadores registran niveles más compartidos de aceptación de la incursión de la mujer en la política y de la confianza de la población en las candidaturas y en la capacidad de gobernar de las mujeres.
La novedad es que al final del período un mayor porcentaje opina que la capacidad femenina de gobernar es mayor que la masculina, y a su vez decrecieron en 14 puntos porcentuales las personas que atribuyen una mayor capacidad al hombre
Y en cuanto a la autonomía personal de la mujer, encontraron que en el período no incrementó su aceptación, como ocurrió con la aceptación de su participación en política. Vota por este artículo: Votar (0) >> ¿Qué es esto?
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