Partir de la Ciudadanía Activa que sabe Proponer y Dialogar PDF Imprimir E-Mail
Por Rosa Maria Alfaro Moreno   

Comunicar puede construir confianzas y autovaloraciones que tendrán más efectos que las cifras de la pobreza.

 

Desde la sociedad civil solemos partir de problemáticas sociales, inspirados en principios éticos de cambio social que buscan aterrizar en finalidades a conseguir, o logros a conquistar. Este camino fue una virtud de la sociedad civil, en su momento, útil para establecer diagnósticos de esta realidad social y definir proyectos concretos de cambios que logren transformaciones aisladas, desde temáticas y especializaciones en sí. Hubo otra corriente por la que pasaron cientos de instituciones, dedicándose a empoderar a los sujetos sociales, entendidos como organizaciones o movimientos, destacando su importancia social y política. Fue la época de talleres, escuelas, formación de líderes o de empresarios potenciales. En ambos casos el sustento obedecía a una visión romántica del cambio, mirado desde la temática misma y no desde los sujetos y sus realidades. Ello llevó a que de una manera u otra se tratara de juntar ambas dimensiones, más batallando por el deber ser que por lo que se podía hacer. La solidez de nuestras prácticas como incidencia y rutas de largo plazo, siempre estuvo en cuestión. Camino que impidió, por ejemplo, articular temáticas y problemas, pues se siguió de alguna manera la versión disciplinar moderna que segmenta y establece fronteras duras entre uno y otro saber, la que no permite comprender la complejidad del sujeto y su realidad social.

No solemos partir de lo que los otros son, piensan y sienten. Sólo se toma en cuenta su realidad social y no como ésta es percibida desde subjetividades multifacéticas. Aún usamos visiones fundamentalistas sin admitir que la identidad del sujeto no es más unitaria o coherente, mas bien cuenta con una pluralidad de visiones e interpretaciones de la realidad y del sí mismo, entre dinámicas de resistencia, alejamientos o complicidades con el poder. En ese sentido el sujeto es siempre inestable. “Podremos entonces concebir al agente social como una identidad constituida por un conjunto de posiciones de sujeto que no pueden estar nunca totalmente fijadas en un sistema cerrado de diferencias; una entidad construida por una diversidad de discursos entre los cuales no tiene que haber necesariamente relación, sino un movimiento constante de sobredeterminación y desplazamiento”. Esta suposición que las identidades son fijas y armónicas, provenientes del sector social, la cultura y la educación recibida, puede ser un error grave, pues al convocar a la participación ciudadana no estamos ni frente a buenos ni a malos sino a ciudadanos errantes con posiciones diferenciadas, pues en unos lugares serán dirigentes y en otros subordinados, entre muchas más diferenciaciones. Por ello no se identifica contradicciones y conflictos que los habitan y que pueden jugar a favor o en contra de una intervención. Unos los consideran como “buenos salvajes”, otros como totalmente subordinados. De allí que partir del otro y convocarlo, significa apelar a muchos de sus sentidos y capacidades para ponerse en actividad o movimiento. Tampoco se toma en cuenta la inmensa necesidad de nuestros pueblos de ser representados y reconocidos simbólicamente como iguales y capaces de transformar la realidad, admitiendo las diferencias como algo natural y a favor. Mucho menos se apela al ciudadano para ayudarlo a avanzar. Para incidir sobre la sociedad y la política tenemos que partir de dónde la gente está y es, buscando interpelaciones integrales de diverso tipo haciendo que la acción política sea educativa.

Para incidir sobre la sociedad y la política tenemos que partir de dónde la gente está y es.

Los vínculos sociales están, rotos pero reconstruirlos no es una lucha sólo racional. Tampoco el impacto de los sujetos sobre su realidad es mecánica, no podemos embarcarnos en propuestas abstractas sino en aquellas que movilicen y sean viables de resolver, o sea en lo que es posible hacer en el tipo de sociedad en la que nos encontramos.

Comunicar puede construir con fianzas y autovaloraciones que tendrán más efectos que las cifras de la pobreza. Los procesos son importante no sólo porque se va yendo de a pocos y en una adecuada línea gerencial o pedagógica, sino porque se toma en cuenta que tales procesos nos ayudan a pensar, mas bien redefinir los propios sentidos de lo que queremos conseguir y estamos haciendo. La sociedad civil ha generado una costumbre de moverse en el mundo supuestamente objetivo tomando poco en cuenta lo que se va sembrando para luego poder reajustar o virar hacia otro camino. Por ello, que toda programación de incidencia debe ser flexible en sus estrategias y rigurosa en la evaluación de lo que se va construyendo, tomando en cuenta lo que muchos podemos aportar.

Ello nos lleva a definir al ciudadano no como una víctima del sistema social, tampoco como el bueno de la película, sino como alguien que puede modificar la realidad desde una participación tanto emotiva como creativa e inteligente, ayudándose a sí mismo a resolver sus propios problemas y los de otros, desde alianzas políticas construidas. En ese sentido nos sirve la idea de contar y promover el incremento del capital social y cultural con que contamos . Es decir, estaríamos frente a un ciudadano activo que sí tiene capacidad de proponer e influir y no sólo de protestar. Se trata de colocarlo en un camino de incidencia sobre autoridades, organización social y sobre sí mismo, con una capacidad política de interlocución.

NOTAS
1 Académica peruana de gran vuelo y comunicadora de largo ejercicio, Rosa María Alfaro fue la Facilitadora del Taller organizado por la WACC y efectuado en El Salvador en mayo. Este texto es un fragmento seleccionado por APP de un artículo en el que la autora se pregunta si podemos o no podemos incidir políticamente desde el ejercicio comunicacional y periodístico. El interés mayor del segmento escogido reside en el énfasis sobre la contribución a los procesos de construcción de ciudadanías.

2 MOUFFE Chantal “El retorno de lo político. Comunidad, ciudadanía, pluralismo, democracia radical”. PAIDOS Estado y Sociedad. 1,999. Barcelona. Página 110

3 En ese sentido es interesante tomar en cuenta la perspectiva que se fundamenta en “Capital social y cultura: claves estratégicas para el desarrollo”. BID, Fundación Felipe Herrera, Universidad de Maryland, Fondo de Cultura Económica. Compiladores Bernardo Kliksberg y Luciano Tomassini. México 2000.

4 ALFARO Moreno Rosa María. “La salud, un asunto público”. Consorcio de Universidades. Lima 2005. páginas 5465.


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