El amor no mata PDF Imprimir E-Mail
Por María Isabel Soldevila   

Rosa Maribel Domínguez Blanco, de 36 años,  fue asesinada a puñaladas por su esposo el pasado lunes 28 de enero. Después de su crimen, Jesús Marcelino Reyes (de 46 años), se suicidó. Rosa Maribel, perteneciente a la clase social más desfavorecida, se suma a las espeluznantes cifras que elevan a 270 el número de mujeres que mueren brutalmente de manos de sus maridos desde 1998. Pero Rosa es más que una cifra. Es parte de una realidad que se diluye en las páginas de crónica roja de los medios de comunicación. "Los celos y la nostalgia que le provocó saber que su mujer iría al consulado en el día de hoy a buscar visa para marcharse a Estados Unidos, motivaron el crimen y el suicidio que provocó un hombre de 46 años...". Velas Así, con un hombre "celoso y nostálgico" que de paso golpeó a un hijo suyo con Rosa de forma tal que tuvo que ser hospitalizado, comienza un texto que describe lo que terminó siendo una pieza más de un rompecabezas frente al que pocas cabezas se voltean salvo en ocasiones puntuales y conmemorativas.

La preocupación sobre la violencia contra la mujer va más allá del 25 de noviembre o el 8 de marzo, como dice en esta entrega la comunicadora Belkis Genao. La violencia que sufren diariamente las mujeres no es cuestión de entregar ofrendas florales una vez al año. Desde A PRIMERA PLANA nos hemos planteado la necesidad de, precisamente, gritar con nuestras herramientas el imperativo de que comencemos a mirar los crímenes contra las mujeres como algo más que violaciones a la ley cometidas en nombre de la pasión.

La recientemente publicada Encuesta Experimental de Demografía y Salud (EDESA 99) revela que una de cada tres dominicanas admitió haber sido agredida por su compañero u otra persona. Ser divorciada es una variable que aumenta el riesgo: una de cada dos, el 50% de las mujeres separadas del compañero, dijo haber sido agredida. Pero, ¿qué podemos hacer los y las comunicadoras desde los medios en que nos desarrollamos para enfrentar este problema? ¿Cómo hacer "atractivo" en las redacciones un tema que ya no parece ser noticia?

Cuando una mujer muere de manos de su pareja, un conjunto de circunstancias se unen. Hay un crimen, y detrás del crimen una historia que puede ser la de todos los días de muchas mujeres. Una historia que puede hablar de negligencia de las autoridades (desde la burla hasta el soborno, pasando por las "conciliaciones" ilegales), de presiones familiares y sociales, de incomprensión, de silencio, de complicidades.

Cuando una mujer es golpeada, mutilada –físicamente o en su sensibilidad, en su intelecto, en su sexualidad ese cuerpo, esa alma herida cuenta muchas historias sobre el mundo en que vivimos. Dar una mirada diferente a un hecho tan tristemente común, o tan "extrañamente" fácil de ignorar que ya no ocupa las primeras planas, es el reto de los comunicadores y las comunicadoras que queremos ver el mundo de otra forma. El hombre que mata a palos a su mujer no es un nostálgico, es un asesino. Las cosas hay que nombrarlas tal y como son. El fenómeno de la violencia en el mundo afecta a un sector de la población más que a otro: el aprendizaje del "aguante" lleva a las mujeres a vivir en riesgo durante casi toda la vida. Cada día más mujeres sufren un maltrato que no sólo se manifiesta en moratones y traumas sicológicos. Es un abuso que acaba en las morgues y en expedientes judiciales que caen en el olvido. ¿Cuántos casos de asesinato han recibido una condena apropiada? ¿Cuántas veces se han cumplido las disposiciones legales sobre violencia? ¿Cuántas muertes podían haberse evitado de aplicarse la ley? ¿Cuántos casos más quedan silenciados por el miedo o la ignorancia y nunca salen de los aposentos?

¡Hay tantas preguntas que, desde nuestras redacciones, desde la calle, desde nuestra posición de periodistas tenemos la obligación de hacernos con respecto a la violencia contra la mujer!.

Mensajes alejados de la cultura del maltrato, personajes de comedia que no se burlen de la mujer, publicidad comercial que no trate de encasillarla en papeles pasivos y disminuidos. Una mirada que nos coloque en un lugar que por lo menos nos permita entender que ni es normal que se nos violen nuestros derechos, ni es cuestión de darle "un chance" a quien nos hace sufrir. Mensajes que le hagan saber a las mujeres, a los hijos e hijas y a los hombres, a los maridos, a las madres, hermanos y parientes, a las autoridades, que –de veras la violencia salió del dormitorio y ya no es un asunto de marido y mujer. Que es necesario entender que nadie se merece el maltrato. Y mucho menos la muerte.

Más allá del drama cotidiano, de los cientos de asesinatos que podían haberse evitado con una intervención y seguimiento oportunos por parte de las autoridades, es nuestra misión como comunicadores y comunicadoras levantar el velo de la simplicidad y dejar de ver el aumento de las estadísticas de brazos cruzados. En 1998, la revista Sucesos a través del trabajo de Belkis Genao recopiló 32 casos de mujeres muertas de forma violenta. En el 2001, las cifras cerraron el año con 107 mujeres asesinas por sus cónyuges. El aumento, más que preocupar, asusta.

Como Rosa Maribel, hay 271 mujeres que el ojo de una mujer periodista dominicana ha logrado contabilizar. Ahora es nuestro turno darle vida a esas estadísticas de mujeres muertas de manos de quienes debieron quererlas.  Y una cosa debe quedar clara: el amor no mata, el amor no puede matar.

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María Isabel Soldevila
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Contenido Edición No. 16

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