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Por María Isabel Soldevila   

 Existe la tonta creencia de que a las mujeres no nos importa tanto el sexo. Que sólo los que portan cromosomas XY dedican gran parte de su tiempo a pensar, imaginar y necesitar de esa parte de la vida que se diseñó para reproducir la especie, pero que para tantas otras cosas ha servido. Todavía hay quienes creen –supongo que como forma de mantener la tranquilidad que las mujeres no hablamos de sexo. Noticia para los que no lo saben: cuando las mujeres se reúnen a hablar, no siempre es de dietas, ni de los hijos, ni de la casa, ni del trabajo, ni de lo que las hacen sufrir sus compañeros sentimentales. A las mujeres les gusta hablar de sexo y, por suerte, cada vez más mujeres lo están disfrutando.

Sí sería bueno puntualizar algunas características diferenciales entre las conversaciones femeninas y las masculinas: el lenguaje es más elaborado, sofisticado y preciso (recuérdese que esa es la parte del cerebro que tenemos más desarrollada normalmente) aunque no falta nunca una que suelta barbaridades. Hay una altísima conciencia de la protección (sí, las mujeres hablan de pastillas y preservativos. Nadie quiere un embarazo no planificado ni una enfermedad de transmisión sexual). Cada vez somos más exigentes porque sabemos lo que queremos. Podemos hablar de sexo y disfrutarlo porque hemos logrado vencer barreras personales. Las sociales son más difíciles. Sigue siendo impensable para la mayoría sentarse a conversar con los padres de ese tema –si supieran lo enriquecedor y saludable que es para los hijos e hijas poder tener la confianza de hablarles de esto o admitir en sociedad que se tienen relaciones sexuales. Todavía existe el temor a que "nadie te tome en serio", que te crean "fácil".

Si trasladamos estos patrones a la comunicación social, podríamos observar una interesante tendencia a incluir asuntos de educación sexual en la programación de espacios radiales y televisivos, sobre todo. En República Dominicana, temas como enfermedades de transmisión sexual y SIDA, métodos de prevención, educación preventiva han estado copando los espacios de más altos índices de audiencia. La radio, con la posibilidad de la interactividad, sirve como medio para que tanto mujeres como hombres de distintas edades planteen sus interrogantes. La respuesta ha sido un éxito rotundo y la ruptura de récords de audiencia.

Más allá de las técnicas de Cosmopolitan para "amarrarlo" en la cama, a las mujeres de hoy les preocupan temas que tengan que ver con su salud sexual y reproductiva y con el propio disfrute de una relación sexual, heterosexual o no.

Se hace evidente que los esquemas en las relaciones también han cambiado. Más de una de mis conocidas ha tenido cosas que contarme sobre un amante: han decidido (ellas, es lo sorprendente) relaciones que no impliquen serios compromisos. La reacción es realmente interesante: a una de ellas, llamémosla Betty, su compañero de amoríos le hizo crisis hace unas semanas. Dijo sentirse utilizado, se quejó de que no le dieran importancia a sus sentimientos, y pidió más compromiso en la relación. ¡El mundo está al revés! Un par de meses antes, los dos habían acordado tener un romance "relax" sin presiones, secreto, en el que cada uno (ambos solteros, que conste) seguiría su vida y compartirían momentos… sexuales.

Otra de las chicas tiene un "affair" hace casi un año con un hombre misterioso al que nadie conoce aún. Tememos que nunca le veremos la cara, pero ella ha decidido que no es para formar parte de su círculo social que lo quiere a su lado. El contrato es ése: una relación sin dependencias en la que uno más uno no da dos, cuéntese como se cuente.

¿Dónde entra el amor en todo esto? No lo sé exactamente. Teorías se pueden hacer muchas, y no es que las mujeres seamos unas insensibles y sinvergüenzas que no queremos a nadie. Aunque el egoísmo juega un papel en estas relaciones interpersonales, lo que pienso que plantea es una nueva forma de interacción entre las personas. Es un cambio en el cuento de hadas cuya protagonista es la niña que espera sentada a su príncipe, guardándose "pura" (como si ésta fuera la verdadera pureza) mientras el príncipe se entrena con las "impuras" (como si el sexo fuera impuro). La pobre princesa se casa un día con su príncipe azul, es feliz para siempre, concibe cinco hijos y nunca en su vida tiene un orgasmo.

En el cuento de hoy las cosas son distintas. La princesa no deja de ser pura por pensar en sí misma, quiere conocer a su príncipe antes de vivir con él en un castillo comprado por los dos, quiere ser feliz y disfrutar de su sexualidad.

El sexo es algo distinto para cada persona que lo practica o no. No es la meta final del compartir entre dos seres humanos, pero sí es parte importante del engranaje que hace rodar a quienes se aman. Es algo que esperar y con lo que soñar para algunos y algunas; el pan nuestro de cada día para otros y otras. Es lo que es. Y es bueno que podamos hablar de eso.

Los medios de comunicación, cada vez más preocupados por conectar con la audiencia femenina –está comprobado que son las que compran, consumen y más utilizan los medios deben tener en cuenta este interés legítimo de las mujeres por sacar del armario o de las conversaciones entre amigas los temas que más les importan, el sexo como una de las prioridades. Lo interesante es la perspectiva que le demos al asunto. No se trata de limitarse a dar tips estéticos para conquistar a la pareja, sino de aportar elementos que sirvan de referencia para la consecución y disfrute de una vida sexual sana y satisfactoria.

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