Organizar el optimismo PDF Imprimir E-Mail
Por Consuelo Albornoz Tinajero   

Erase una vez un grupo de mujeres inquietas, con preocupaciones políticas, acceso a los medios de información, mucha energía, algo de tiempo y una gran disposición para trabajar en favor de una utopía:   "elevar el nivel del debate político" en Ecuador. Corría 1990 y, como era costumbre, el parlamento nacional vivía una serie de incidentes que provocaron el rechazo y la crítica de amplios sectores ciudadanos.  Las organizaciones de mujeres se hicieron eco de esa indignación social y, con el liderazgo de Magdalena Adoum, se convocaron para conformar un movimiento nacional "deliberante y vigilante por la dignidad, la ética, la paz y la justicia".  El llamamiento fue acogido por la opinión pública.

La misma Magdalena mantenía contactos paralelos con mujeres vinculadas a la comunicación para convencerlas de la necesidad de constituir una red de comunicadoras, que compartiera e intercambiara información y promoviera la discusión pública sobre ciertos temas en los medios de información.  Aquel grupo reconocía la influencia de los medios. También advertía la predisposición comunicacional innata de las mujeres, que para Magdalena eran "la mitad de la humanidad y madres de la otra mitad de la humanidad".

Talleres, foros y encuentros en las tres principales ciudades ecuatorianas: Quito, Guayaquil y Cuenca, congregaron durante el primer trimestre de 1991 a mujeres periodistas, a comunicadoras populares y de medios alternativos, así como a las responsables de la comunicación en los centros y organizaciones de mujeres.
Tal proceso culminó en un primer momento con la creación de la Red de Mujeres en Comunicación, cuya presentación pública fue el 30 de mayo de 1991, con la consigna de "organizar el optimismo".

Para entonces la Red había afinado su objetivo:   "contribuir desde las mujeres y hacia la sociedad a lograr un cambio en el comportamiento social y en el discurso y la acción políticos, a través de la producción y difusión de la información que se vierte desde los espacios que constituyen la sociedad civil".  La Red asumía la comunicación como un territorio de educación y formación.  Y la percibía como provocadora de procesos de intercambio y de convergencia de los diversos sectores sociales, y como opción para la construcción del futuro.
¿Por qué desde las mujeres?  Porque la Red las veía como "elementos catalizadores" de los procesos sociales y capaces de pronunciar una "palabra propositiva, fresca, renovadora".
Ya era visible para la Red, en ese inicio de los 90, la conversión de la práctica política en "un espectáculo de fieras".  También preveía "el desmoronamiento de las instituciones y el debilitamiento de las formas de convivencia humana" y las "impredecibles consecuencias que se podrían derivar de la pérdida de credibilidad de las instituciones que sustentan la democracia".

Sin quedarse en la denuncia

Pero la Red no pretendía quedarse en la denuncia.   Aspiraba a lo propositivo y fue con esa intención que comenzó a adquirir presencia en los medios.  Consiguió una columna en el suplemento dominical del diario El Comercio, de Quito, con circulación nacional, y un espacio editorial semanal en un programa informativo trasmitido por una cadena de radiodifusoras en todo el país.

La coyuntura de las elecciones generales de 1992 fue la oportunidad que aprovechó la Red para emprender la publicación de su suplemento Sexto Sentido, distribuido con otro diario de alcance nacional: el periódico Hoy, de Quito.

Aquel primer número planteó a los candidatos presidenciales un conjunto de problemas invisibles o muy limitadamente expuestos en la prensa nacional, de honda significación para los sectores menos influyentes pero mayoritarios:   mujeres, jóvenes, niños.

Esa primera experiencia tuvo otra particularidad: convertir los diálogos con los candidatos, en esa ocasión, y en el futuro con expertas, especialistas, investigadores que se constituían en fuentes de información, en espacios de formación y de aprendizaje sobre los problemas de las realidades nacionales e internacionales, desde diversas perspectivas del conocimiento y distintas situaciones.

Aunque la Red había ganado presencia en los medios, contactos y capacidad de convocatoria con dirigentes de los partidos políticos y organizaciones sociales, sus recursos económicos se mantenían limitados. Tampoco el poder e importancia de la comunicación era valorado por los organismos de cooperación internacional que financiaban proyectos de mujeres.

Una de esas oficinas aceptó dialogar con las integrantes de la Red, para evaluar la posibilidad de financiar el mantenimiento de la publicación.

"Nosotras dijo su representante podemos auspiciar su suplemento si éste aborda la reivindicación del movimiento de mujeres:  exigir la visibilización de las mujeres en los medios de información y en la actividad política".  Como ejemplo entregó dos boletines de un par de organizaciones donde el discurso de uno era el reclamo de las mujeres a los medios por no entregarles los espacios para la expresión de sus voces.  El otro también reclamaba por la débil participación de las mujeres en la actividad política.

¿Cómo?  "Nosotras contestaron las mujeres de la Red no estamos reclamando.  Tenemos presencia en los medios de información con nuestro suplemento, desarrollamos una participación activa en la vida política nacional e influimos directa e indirectamente en ella".

Tales argumentos no convencieron a la representante de esa oficina de cooperación.  Pareció no impresionarle que la Red hubiera logrado concretar en acciones ese discurso de reclamo y denuncia.

Así que el suplemento nunca logró apoyo de la cooperación internacional.  La Red lo pudo mantener con publicidad, aportes de gobiernos locales y de organismos internacionales. Lo publicó, con ciertos lapsos de interrupción, hasta 1998.

Dejar aquel espacio de reflexión, debate, formación y acción que conjugaba la producción de Sexto Sentido fue clave para el futuro de la Red.   Aunque no faltaron las iniciativas, pocas de ellas las concretó. Coadyuvó a ello la crisis económica y sociopolítica que hundió a Ecuador entre 1999 y el 2000.  También los nuevos rumbos que tomaron sus integrantes, algunas de ellas precisamente catapultadas por sus vivencias en la Red.

El 2001 significó un golpe para la Red, pues el 5 de febrero falleció Magdalena Adoum.  Y en este 2002 es compromiso de todas las "redes" iniciar un nuevo compromiso en su trabajo de comunicación, precisamente para no perder aquel espacio entrañable y de encuentro que lo tejieron durante casi una década.

Consuelo Albornoz Tinajero es editora de la revista de comunicación Holograma, de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador. Prominente periodista. Recientemente una entrevista suya con el sociólogo Bolívar Echeverría alcanzó gran repercusión y ganó un premio; su título habla del interés del tema: "La caída del socialismo real liberó el pensamiento de Marx."

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Mirta Rodriguez Calderon
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