Colón y la perspectiva de género PDF Imprimir E-Mail
Por Carina Gobbi   

Image Cuando se cumplen 506 años del primer viaje de Colón, las feministas no podemos dejar de conmemorar la fecha que universalizó ese componente fundamental de nuestras vidas: las especias. Ayer, al degustar en una cena un conejo a la bilbaína (¿ a quién se le podía ocurrir mezclar ajo con chocolate y avellanas?, ¿cómo se produjo esa síntesis vascoazteca?) pensaba cuánto le debemos a una serie de viajes sin los cuales aquel tierno alimento, aquel simpático animalito que yacía indiferente en medio de la salsa, nunca hubiera dejado de ser un bicho cualquiera, pasto sólo de fieras, perros de caza y buscadores de buena fortuna.

Creo que, para hacer una lectura de género de tan significativa fecha, deberíamos recordar, no a Colón, sino a quien durante 506 años ha permanecido en la más absurda invisibilidad: la mujer de Colón.

Quién, si no ella, se ocupaba de los nenes, la comida, la limpieza; de conseguir los "cuartos" para pagar el alquiler, cuidar a la madre (la de él, ¡faltaba más!); soportar a los amigos de Colón, delirantes como él, que le llenaban la casa de papeles, mapas, globos, brújulas, huevos (¿se imaginan cuántos debieron romper hasta poder parar uno?) y todavía terminaban borrachos, vomitando arriba de lo que después iba a ser el insigne legado documental del Almirante. Si no fuera por ella, no hubiera quedado nada.

Eso sin hablar del "affaire" con Isabel, que ella se bancó como un general ( acá habría que ver cómo andamos con lo de la perspectiva de género aplicada a "general").

¿Y todo para qué? Allá se fue él dejándole los nenes, la cuñada, el cuñado, la suegra y algún borracho que ni embarcar pudo y encima tuvo el tupé de aquerenciarse.

Pero la Historia nada de esto ha recogido porque, claro, entrar en la Historia es parte de la jubilación de las amas de casa, deuda pendiente, si las hay.

¡ Y todo a cambio de qué!

Porque las joyas y el oro y la plata y todo lo demás quedaban en la casa de la Reina (o sea, el Palacio) que era a donde primero iba cuando regresaba de tanta vuelta inútil para encontrar la India.

A su casa llegaba apenas con un paquetito de orégano o pimienta y gracias. Por eso se me ocurrieron algunas preguntas que podríamos utilizar para introducir el tema en cualquier taller sobre perspectiva de género:

¿Qué dijo la esposa de Colón cuando lo vio partir?
Este inventa cualquier cosa con tal de no estar en casa

¿Qué dijo cuando lo vio llegar?
¡Tanto lío por un paquetito de orégano, ché....!

¿Qué dijo cuando lo vio llegar por segunda vez?
Querido, en el próximo viaje traéme McCormick

¿Qué dijo al verlo llegar por tercera vez?
¡Otra vez me dejaste sin espejos...! ¿Te acordaste de la pimienta? !Un año para traer un paquete de orégano y te olvidás de la mitad de las cosas...!

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