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Aliarnos frente al sufrimiento innecesario |
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Por Mirta Rodriguez Calderon
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¿Qué hace posible la complicidad de ciertos profesionales de la justicia con los comisores de incesto?; ¿por qué las mujeres temen y callan?; ¿por qué no se sienten protegidas por la justicia de su país?; ¿por qué las sanciones a los agresores son mínimas?
El tratamiento que los medios de comunicación prodigaron en semanas recientes a la espiral de violencia contra las mujeres que vive el país, constituyó una demostración fehaciente de cómo los medios de comunicación y sus profesionales podemos hacer mucho para enfrentar coherentemente y en alianza grandes males sociales . Desde editoriales, crónicas, artículos de opinión e informativos; y desde los relatos y experiencias más traumáticos, (los que tienen que ver con el sufrimiento innecesario de niños y niñas) , el asunto de la severa amenaza social que encarnan los violentos masculinos, feminicidas y golpeadores, penetró en la conciencia pública hasta hacerse comentario de conchos; incitar a decisiones que involucraron advertencias de los más altos mandos de la Policía Nacional y del Ejército anunciando medidas muy severas para los alistados abusadores; reforzar pronunciamientos del Presidente de la Suprema Corte de Justicia; y motivar otras muchas expresiones de sensibilidad colectiva. La profusión de nuestras notas y otros productos comunicativos puso en la calle no sólo valoraciones trascendentes sobre la magnitud del problema, sino también convirtió en materiales periodísticos el abordaje de realidades por todos conocidas y por la inmensa mayoría silenciadas: el incesto, la extrema crueldad, la perversidad de los agresores, la vesania de los asesinossuicidas, el dolor de los huérfanos... Al mismo tiempo, periodistas y comentaristas del mayor prestigio hicieron suya la temática, alarmados por esta ola de barbarie que hasta la segunda decena de marzo ya había conducido a los cementerios a 55 mujeres asesinadas por hombres que habrían debido amarlas y cuidarlas, muchas de las cuales fueron además madres de los hijos de esos hombres. Aunque hubo, y aún hay, un producto muy serio y valioso desde los medios de comunicación para acompañar la denuncia y el análisis de los atropellos, no hubo ciertamente desde las instancias oficiales la respuesta ejecutiva que habría podido multiplicar la efectividad de lo que la comunicación social había conseguido al sensibilizar al grueso de la ciudadanía.
Paralizadas algunas estructuras por la ausencia de presupuestos para atender a las mujeres violentadas y salirle al paso a la violencia misma; inertes otras por carencia de experticio o ausencia de planes rigurosos; y sin articulación casi todas, el número de mujeres asesinadas siguió creciendo.
LAS TASAS MAS ALTAS DE FEMINICIDIOS Entonces nos faltó a las y los periodistas la iniciativa necesaria para reclamar y aun exigir de las autoridades medidas efectivas, y recomendar a éstas que capitalizaran la movilización social para enfrentar el desastre. Es sencillamente inaudito que un país de sólo 8 y medio millones de habitantes registre mayor tasa de feminicidios que España que tiene 40 y que la casi totalidad del resto de los países del Continente.
República Dominicana conoce de mujeres torturadas, las sabe muertas por decenas cada año, tiene conciencia de que las querellas que ellas presentan al ser agredidas casi siempre se quedan estancadas y que , lejos de esto, los insanos procesos de la llamada conciliación, las fuerzan a regresar o mantenerse junto a su agresor. Todo el mundo sabe que los costos de tramitación de una querella colocan a la mayoría de las agredidas en la imposibilidad de financiar tales gastos. Pero instituciones como la Secretaría de Estado de la Mujer u ONGs como CEDAIL o CENSEL carecen prácticamente de recursos para favorecer y auxiliar a las violentadas.
LA NATURALEZA DEL PROBLEMA Desde un periodismo con perspectiva de género es urgente ahora pasar al análisis de la naturaleza del problema. Ese fue el reclamo de un Foro sobre presupuestos para enfrentar la violencia que produjo el Centro de Atención a la Mujer Maltratada Aquelarre y que condujo la experta dominicana Dinys Luciano. Ella reconoció como el volumen de las informaciones que hemos estado produciendo es muy superior a los de tiempos precedentes, pero falta ahora develar los porqués. Y entre esos porqués habría que preguntarse qué hace posible la complicidad de ciertos profesionales de la justicia con los responsables de incesto; por qué las mujeres temen y callan; por qué no se sienten protegidas por la justicia de su país; por qué las sanciones a los agresores son mínimas en la mayoría de los casos (recordar la situación de Esperanza Valdés cuyo baleador la inutilizó de por vida y recibió sólo tres años de castigo); y pero aún cómo es posible que prominentes jurisconsultos pretendan modificar el Código Penal para eliminar y atenuar el rigor con que la sociedad y su justicia tienen que sancionar a los violadores y violentadores. Las y los periodistas tenemos que volver a la carga. Si el presupuesto de la nación está gravado por la corrupción y el derroche de fondos públicos, como vectores de la conciencia ciudadana debemos apuntalar la denuncia pero también la exigencia; y convertir la noticia en espuela frente a la indolencia oficial.
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Mirta Rodriguez Calderon |
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