Toques que marchitan PDF Imprimir E-Mail
Por María Isabel Soldevila   

Tiene 25 años. Es un estudiante meritorio de término de una carrera muy vinculada al trato con la gente. Es un tipo súper sociable, dinámico, simpático en verdad. Acaba de terminar con su novia, pero no se pierde una fiesta. Es cariñoso, sobresaliente en todo lo que hace. Nadie se imagina que, desde la infancia hasta los primeros años de su adolescencia, uno de sus tíos abusó sexualmente de él. Le da vergüenza contármelo, pero ya ha pasado tantas veces por esa misma confesión, que lo supera. A V le ayudó la gente de su parroquia (es muy religioso, aunque ha tenido varias crisis de fe, como él mismo dice). Nunca se lo contó a sus padres. Estaba seguro de que no creerían la historia de que su tío le obligaba a hacer y le hacía cosas que no acababa de comprender. Y no fue el único de sus hermanos que fue violentado. A V, que le ha costado mucho entenderse, le quedaron como herencia de ese maltrato sufrido muchos malos ratos de dudas sobre su sexualidad, un gran sentimiento de culpa (el sólo pensar que alguna vez sintió placer con los toques de su agresor o que él era responsable de lo que le estaba pasando, lo volvía loco) y un deseo irrefrenable de ''limpiarse''. Pero quien lo ve no se lo imagina. Su caso dista de ser único, aunque no deja de ser sorprendente el que haya logrado tomar las riendas de su vida. En Santo Domingo, tres de cada diez niños y niñas han sido agredidos sexualmente, según el Organismo Rector para el Sistema de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes. En el 85 por ciento de los casos, el abuso fue cometido por un familiar o conocido. En nuestro país las denuncias de incesto han ido en aumento, al punto de que el año pasado llegaron al Programa de verificación de denuncias de abuso sexual a niños y niñas'' al menos 141 denuncias relacionadas con una agresión sexual perpetrada por un familiar. Según Luis Veras, director técnico ejecutivo del Organismo Rector, más gente se atreve a ir a las instancias correspondientes a exigir justicia. Y ahí puede estar la génesis del cambio. Las estadísticas las guarda la dirección técnica del organismo rector. En enero del año pasado al Programa de verificación de denuncias de abuso sexual a niños y niñas se reportaron ocho casos de incesto, aunque, al determinar el parentesco de los agresores y las víctimas, se comprobó que, en ese mes, cinco agresiones fueron cometidas por un padre, tres por un hermano, dos por un primo y cinco por un padrastro, para un total de quince. En febrero de 2002 fueron 13 las denuncias por incesto, aunque al desglosar los casos, el número volvió a crecer: siete papás, seis tíos, dos primos, un abuelo y cinco padrastros. En total, 21 casos de incesto. En marzo, la situación siguió su curso. En dos casos hubo denuncias contra un padre, en igual número de ocasiones contra un hermano. En tres casos la querella fue contra un tío, en siete contra el padrastro y una contra un primo. En la gran mayoría de los casos de violencia sexual contra menores, los y las sobrevivientes tenían entre 11 y 16 años al momento de la agresión, en el caso de las niñas. Los varones, eran menores, rondaban los ocho años al ser abusados. Existe una vinculación marcada entre el género y el incesto. Al menos en las denuncias reportadas, el 92 por ciento de las víctimas fueron niñas. Aunque las estadísticas no reflejan de forma muy clara el drama que se mueve detrás de este serio problema, los números son importantes. Abril de 2002 fue un mes intenso para las denuncias de incesto. Nueve papás, tres tíos, dos hermanos, seis primos, dos padrastros y un abuelastro abusaron sexualmente de menores a quienes debieron cuidar y querer. Veintitrés denuncias que parten el alma. Llama la atención que Villa Mella es una de las comunidades de la que más reportes provienen. Destacan, también, Los Mina, Los Alcarrizos, Cristo Rey y Herrera. Pero el incesto no es privativo de los sectores empobrecidos. Pasa también en Gazcue, Bella Vista, Evaristo Morales, La Julia, Piantini y Arroyo Hondo, según las estadísticas.

El incesto en Latinoamérica
''En estudios realizados en 19 países, entre ellos la República Dominicana, Suecia y Sudáfrica, se informó de abuso sexual entre el 7 y el 37 por ciento de las niñas y entre el 3 y el 29 por ciento de los niños. Según una encuesta de adolescentes en un hogar de protección en Costa Rica, el 95 por ciento de las niñas embarazadas menores de 15 años de edad, había sufrido incesto, mientras que en México, el 50 por ciento de los delitos sexuales habían sido perpetrado contra niñas y mujeres adolescentes'', según la vigésimo tercera edición de Agenda salud, publicada por Isis internacional en 2001. La nicaragüense jefa de redacción de Envío, María López Vigil, señala en su texto ''Incesto: una plaga silenciada de la que hay que hablar'', que en Estados Unidos, donde según el FBI, cada minuto es violada una mujer, ''organismos feministas calculan que una de cada cuatro niñas en el rango de 012 años ha sido víctima de incesto. En México, 7 de cada 10 agresiones sexuales son cometidas por conocidos, el 35 por ciento de ellas por familiares''.La agencia de prensa Fempress reportó que, según un estudio sobre incesto realizado con 50 familias de Sao Paulo (Brasil), en los años 1993, 1995 y 1997, ''de 63 víctimas, todas eran niñas; de los agresores, 37 fueron padres biológicos y seis padrastros; once de las niñas dieron a luz hijos que eran al mismo tiempo sus hermanos''. Pero el hecho de que otros países tengan índices más elevados en la materia, no significa que República Dominicana puede dormirse en sus laureles. En mayo llegaron al Programa de verificación de denuncias de abuso sexual a niños y niñas 12 denuncias de incesto. Sin embargo, a la hora de tipificarlas, de acuerdo al agresor, en 24 casos el abuso estaba vinculado al incesto. Julio y septiembre no fueron diferentes. Veinte casos de incesto fueron presentados en julio y 23 en el mes de septiembre.

El panel denominado Productos Comunicativos y Enfoque de Género, fue uno de los más apoyados por la concurrencia. La mesa, moderada por la cubana Mayda Alvarez, fue compartida por las costarricenses Lucía Faerrón y Ligia Córdoba, la nicaragüense María de los Angeles Siézar y Julia Nordelo, Iraida María Hernández, Karen Hernández y Lázaro Bacallao, de Cuba.

Otras ponencias presentadas fueron la experiencia en Costa Rica de los episodios televisivos de "Palabra de Mujer", un enfoque de género desde la Sierra Maestra cubana,Desempeño de la Mujer en los medios de Comunicación nicaragüenses, Estudios de género en el periódico Invasor, de la zona oriental cubana y un vistazo al tratamiento de la femineidad en la prensa de la mayor de Las Antillas, tomando como referencia la década del 50 del siglo XX.

Ante colegas de distintas naciones iberoamericanas y amparada en los conocimientos adquiridos en su labor de coordinadora de un telediario matutino, Euri Fuentes recordó la revolución informativa que aportó Miladys de Cabral, la fundadora del primer programa matutino de corte político, y en consecuencia propiciador de opinión pública en la República Dominicana. A pesar del seguimiento y masificación del proyecto "todavía hoy la participación de la mujer se ve reducida a una figura necesaria como contraparte", se lamentaba Fuentes, quien sustenta la afirmación en que las comentaristas "suelen tener buena apariencia y son más jóvenes que sus compañeros, regularmente alguien a quien se identifica como el portador de experiencia y conocimiento.Otro de los escollos vislumbrados y compartidos por esta joven periodista dominicana en su disertación titulada "Incidencia de las Mujeres en los programas Matutinos informativos de Televisión", es la exclusión o presencia sólo por excepción  de las siluetas femeninas en los paneles donde suele tomarse el pulso a la cotidianidad nacional. La coordinadora periodística de Diario Libre AM nos confesó que si todas las comparecencias de la semana son masculinas no ocurre nada, pero si las invitaciones a mujeres (empresarias, funcionarias de distintos ministerios, profesionales de diversas áreas, voceras de juntas de vecinos o entidades populares) son recurrentes, encuentran "peros" en la isla de producción.

FEMINICIDIOS
Para apoyar su alocución con matices tecnológicos, la reportera de la Revista Sucesos, Belkis Genao, plasmó en transparencias la composición titular y gráfica de una publicación sensacionalista, acostumbrada a hechizar a la colectividad acentuando el tono de la sangre y explotando aquellos hechos colmados de rareza y calificados como "lamentables".

Belkis también cargó con ejemplares del producto al cual sirve y en el cual propugna por variar frases como "Ella se lo buscó" o "No debió decir que no" para culpar a una víctima, siempre con cara de mujer, de su propia ejecución. Precisamente por palpar la violencia contra la mujer en la República Dominicana y las penosas estadísticas que suman los casos, "Los feminicidios. Una mirada crítica al enfoque machista de la crónica roja", superó las expectativas y hurtó la atención del auditorio, a punto de ser objeto de varias reseñas periodísticas en los medios cubanos.

Las leyes están contigo

La 2497, sobre violencia intrafamiliar, define incesto como "todo acto de naturaleza sexual, realizado por un adulto mediante engaño, violencia, amenaza, sorpresa o constreñimiento a un niño, niña o adolescente con el cual estuviere ligado por lazos de parentesco natural, legítimo o adoptivo, es decir, si es cometido por el padre, la madre, abuelo, abuela, tío, tía, hermano, hermana, primo o prima". (Artículo 3321). Al que comente incesto, le cae la pena máxima, 30 años de prisión y sin posibilidad de salir libre bajo fianza. (Articulo 3322). Además, la pena es la misma para el que lo hace y para el que lo intenta, según el artículo 3323. Las modificaciones al Código Penal, pendientes de aprobación plantean un retraso de estos logros.

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