No todas Somos iguales PDF Imprimir E-Mail
Por Marta Ramírez   

Introducción del concepto de raza
en el debate sobre género y comunicación.

Cuando desde la Red Dominicana de Periodistas con Perspectiva de Género y más concretamente desde A Primera Plana, sumadas a la labor diaria de muchos y de muchas colegas periodistas, propugnamos un periodismo inclusivo, hemos puesto el énfasis casi exclusivamente en la equidad de género.

Nuestro trabajo se ha centrado en influenciar a periodistas que trabajan en medios masivos dominicanos para que entre sus notas o reportajes no reflejen o refuercen estereotipos sobre hombres y mujeres y las relaciones entre ambos que denoten una desigualdad, tradicionalmente desfavorable para la mujer.

Ésta es madre, esposa, compañera de… Ésta es protagonista de reportajes sobre moda, belleza, actos sociales… Y en el caso de que haya triunfado como profesional, en muchas de las entrevistas que se le hagan, se le preguntará sobre cómo ha compaginado su vida pública con la familiar y, además, seguir manteniéndose tan bella. Y no se trata sólo de lo que se dice ni cómo se dice. La invisibilidad de las mujeres en los medios de comunicación también ha sido crítica de quienes se dedican a profundizar en el debate sobre género y comunicación. Ser mujer es una condición demasiado amplia como para reducirla a estereotipos que no permitan reflejar las mil y una formas de vivir como tal. Claro que sucede lo mismo con el hombre, sin embargo estamos acostumbrados a ver representados a éstos con muchos más rostros y como protagonistas de una mayor variedad de actividades.

Quizás una forma de explicar esta situación sea que se utiliza como referente al hombre, y la mujer hace el papel de ‘el otro’ (en este caso, ‘la otra’), el que ha entrado más tarde en la esfera pública y por tanto todavía no tiene una representación total como protagonista de ella. El concepto de ‘el otro’ es muy interesante ya que refleja que se va a describir siempre a éste como lo distinto a mí o en comparación a mí. Este papel protagonista ha estado tradicionalmente representado por el hombre y por unos patrones culturales androcéntricos, por lo que tanto a hombres como a mujeres nos cuesta despegarnos de este punto de referencia.

Cuando en sus inicios grupos feministas comenzaron a criticar estos patrones androcéntricos y a intentar ‘deconstruir’ (de forma teórica) la sociedad patriarcal, se hablaba de la mujer como un grupo homogéneo, transnacional y transcultural. Pero, ¿desde dónde se hablaba? Eran mujeres norteamericanas y europeas, principalmente, quienes abanderaban esta lucha. Además, casi en su totalidad, mujeres blancas. Para ellas, todas las mujeres del globo tenían que erradicar su opresión bajo un sistema patriarcal que reducía sus libertades y ámbitos de actuación. Este nuevo punto de referencia, en este caso para la propagación de un discurso a favor de los derechos de la mujer, encontró resistencia no sólo fuera de las sociedades en las que se había construido sino desde dentro mismo. Por un lado, muchos grupos de mujeres del Sur denunciaron que estos discursos eran una muestra más del imperialismo cultural que desde Europa y, especialmente, Estados Unidos les estaba imponiendo una nueva forma de sumisión. No se negaba que todas ellas tuviesen un objetivo prioritario común, pero veían necesario que para aunar fuerzas se respetase la diversidad dentro del movimiento de mujeres. Según las condiciones políticas y económicas, pero sobre todo las diferencias culturales y religiosas, hacían que las agendas de las organizaciones de mujeres en India, Nigeria o Nicaragua, por ejemplo, pudiesen ser bien distintas a las de sus compañeras del Norte.

  

Y esto no afectaba al reconocimiento de que siguía habiendo un objetivo común y que trabajando unidas se podía conseguir una mayor efectividad en las acciones. El discurso tenía que ser bidireccional, el punto de referencia ya no podía ser exclusivamente la mujer blanca, europea o estadounidense, y de clase media.

Las críticas que desde el seno de la sociedad estadounidense surgieron entre los grupos de mujeres negras tenían la misma base.

Criticaban que los discursos feministas hasta entonces habían invisibilizado a la mujer negra y la lucha contra el racismo, que era un añadido a los problemas de discriminación que ellas tenían que afrontar en la sociedad, además de los que sus compa ñeras feministas blancas describían.

Todas estas consideraciones han servido para desmantelar la idea casi mítica de la igualdad por encima de todo.

Aunque esta lucha a la que se han ido incorporando numerosas voces masculinas esté dirigida a que a las mujeres de todo el mundo se les reconozcan todos sus derechos, el reconocimiento de la diversidad y de las diferencias va a crear un punto de referencia mucho más integrador. El peligro es caer en la tentación de que al hablar de la mujer como un grupo homogéneo, con las mismas necesidades, estemos imponiendo una manera de ver a la mujer que excluya otras muchas formas de serlo, con obstáculos distintos en su camino y también necesidades.

En la tarea de llevar a cabo un periodismo que incluya por igual las experiencias de hombres y mujeres, no podemos marginar en este planteamiento a los grupos minoritarios de mujeres que en nuestra sociedad tienen que afrontar otro tipo de exclusión.

En el caso de la identidad racial, un tratamiento discriminatorio en los medios de comunicación dominicanos no viene sólo por su representación sino también por su invisibilidad en ciertas secciones informativas. Podría usarse como ejemplo el de las secciones de sociales y el de ‘mujer’, con reportajes sobre belleza, moda, suplementos…

El canon de belleza que en estas páginas domina no se corresponde con el de la mayoría de las mujeres dominicanas mulatas, sino que se exaltan las pieles más blancas, sin apenas curvas y con pelos lacios. Podría usarse también como ejemplo la representación en los medios de comunicación de la población dominicana de ascendencia haitiana cuya invisibilidad se suele romper cuando se la vincula con algún delito o con el aumento de los inmigrantes que desde la zona oeste de la isla llegan a República Dominicana.

Un periodismo que integre una diversidad de experiencias, de voces, de matices. Este es el periodismo incluyente al que nos hemos venido refiriendo. Porque las y los que nos hemos embarcado en este proyecto también queremos que las mujeres sean representadas en los medios de comunicación con mil y un rostros, compartiendo similitudes y defendiendo sus diferencias.
 
 


Vota por este artículo: Votar (1)   >> ¿Qué es esto?

Sea el primero en comentar el artículo

Para agregar sus comentarios a este artículo, favor acceda con su cuenta de usuario.
Si aún no tiene una, puede registrarse de manera gratuita.


Marta Ramírez Muñiz
Acerca del/a autor/a:
 

Lo que escribimos...

dominicanos periodistas periodismo rumor libertad expresion ciudadana movilizacion etica publicos participativo medios comunicacion

En esta edición...

La primera de A Primera
Razones y sinrazones
Los llantos, el coraje, la esperanza…
Ellas y ellos opinan del aborto terapéutico
Un millar de dominicanas asesinadas en una década
Violencia y Feminicidios
Las postales de Lorena Espinoza: Y tú ¿qué harías?
16 días de Lucha contra la Violencia de Género en todo el mundo
ONU - Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer
Fray Julián Cruzalta: “La iglesia no ha sido ejemplo de defensa de la vida a lo largo del tiempo”
Los úteros y su registro de propiedad
Famosas golpeadas en exposición “18 segundos”
México: la experiencia de Radio Cacerola, ‘Tuvimos que transmitir la caída del primer muerto’
Ojos abiertos a las imágenes del Louvre
II Encuentro de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género, en Asturias
Cortes e instancias internacionales fallan en 3 casos a favor de las mujeres
No dejar que nos dividan…
Hnas, Mirabal: el Día Internacional por la No Violencia contra la Mujer cobró vida con sus muertes
Prepararnos para la defensa ante nuevas violencias contra la mujer
¿Evoluciona tratamiento a los feminicidios en los periódicos y otros medios?
Nuestros talleres: para abrir horizontes nuevos
Crónica del Taller en Santiago: La red y sus raíces comunitarias
Lenguaje discriminatorio: ¡buenísimo!
Un reporte de trabajo sobre Los cuentos que “nos contaron”
Ni magias ni milagros: basta abrir los ojos
Premian a mujeres periodistas en Nueva York
Taller de Actualización Profesional

Feeds RSS