Cuando entre machos te veas PDF Imprimir E-Mail
Por Marián A. Capitán   

Image Al escuchar la noticia del disparo, todo el mundo se estremeció. Hasta dónde hemos llegado, dijeron algunos, si por atracarte te disparan al estómago. Otros, más pícaros y suspicaces, insinuaron que el asunto podía deberse a las anunciadas protestas de las que hablaba el agredido.

Ninguna de las dos cosas, sin embargo, tenía un ápice de verdad. No lo sabíamos aún, gracias a los filtros tradicionales, pero el incidente era más simple: se trataba de celos y faldas.

Les hablo del tiroteo en el que estuvo envuelto Ramón Pérez Figuereo, cuya vida personal me importa un bledo, y quien fue herido el domingo pasado mientras se encontraba en casa de su novia, tal como publicó El Nacional el martes pasado.

Corrido el velo, tras una oportuna indagación de Ruddy Germán Pérez, quien se adentró en el lugar de los hechos, surge una pregunta: ¿por qué la Policía Na cional se niega a dar los detalles pasionales que ro dean los sucesos en los que están envueltos hombres famosos (ha habido sonados casos) o, como Pérez Fi guereo, medianamente conocidos?

Pensando y pensando se me ocurre que se debe a una conspiración de machos que, colocándose –o sabiéndose en situaciones semejantes, prefieren ocultar los pecadillos de sus congéneres. ¿Será que quieren resguardar sus matrimonios?

Tal vez, queriéndoles un poco, la respuesta sea que lo que quieren evitar es que las esposas de esos individuos pasen por el dolor de saber que la traición de sus maridos se airea en los periódicos y/o medios nacionales.

Si bien es cierto que cada cual es libre de ser o tener el amante que le venga en gana, algo que jamás cuestionaría, lo que me molesta de este asunto es lo que hubiera sucedido si se hubiera tratado de una mujer: habrían dado, desde el principio, todas las señas.

Estamos cansadas (sí, las mujeres) de ver cómo los crímenes pasionales que envuelven a las mujeres se descubren en todos sus detalles y se informa a la prensa sin el más mínimo pudor. A nosotras nos acusan de ser cuerneras, amantes, concubinas, provocadoras, instigadoras, peladoras, asesinas... a nosotras, aunque seamos el blanco de sus agresiones, nunca se nos protege.

Pero es que esta sociedad, salvando algunos raros ejemplares, está poblada de machos (aunque no ca bríos, casi) que se tapan unos a otros y celebran sus jugarretas. ¿Las mujeres? Objetos de colección que, en caso de equivocarse, bien pueden ser desnudadas en todos los medios.

Dejando este tema, y reiterando que me da igual que Pérez Figuereo y su cuñado Rafael Paulino Acevedo hayan sido heridos tras tomarse unos tragos en casa de su novia y su concubina, que para más datos son herma nas, lo que huele mal en esta historia es lo que la socie dad puede terminar pensando producto de esta historia.

Es que, viendo que la Policía no quiso decirnos que Pérez Figuereo y Paulino Acevedo se incomodaron an te la presencia de unos amigos que estaban visitando a sus chicas, la gente puede llegar a cuestionarles en torno a los porqués que rodean los casos famosos que se han callado y se han dejado en el olvido. También una puede pensar que a la Policía no le temblará el pulso a la hora de mentirle al país si con ello protege a alguien.

Es probable que a muchos esto no les importe. La credibilidad de la Policía, al fin y al cabo, parece no importarle ni a ella misma. Quizás me equivoque. Espero que sea así. De cualquier manera, sé que acierto al cuestionar a la Policía en torno a su afán de proteger a los machos mientras jamás se cuida de no ofrecer informaciones que vayan en detrimento de la figura de cualquier mujer.


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