“Ni una palabra asoma a mis labios sin que haya estado primero en mi corazón”. André Gide, escritor francés.
¿Cuál es el afán por defender a los maricones?, increpó el periodista, acerbamente, en voz alta y visiblemente irritado... Acababa de leer, sentado en su escritorio en el diario, una crónica de su autoría acerca del asesinato de un niño. Su ostensible enojo se produjo porque de la entrada o “lead” de su información fue eliminada la palabra homosexual, usada por la Policía y repetida por él para nombrar a un sospechoso del crimen. Obviamente, el periodista su nombre es irrelevante para los fines de esta historia no se había enterado de las normas de estilo aprobadas en el entonces diario El Siglo, hoy desaparecido, en su primera etapa, la fundacional, en 1989. Aunque antes, en otros medios masivos, algunas periodistas procuraban, motu proprio, una realización lingüística desprovista de sesgos excluyentes, discriminatorios y sexistas, El Siglo fue el primero en facilitar a su personal periodístico una especie de manual “Notas de redacción y estilo” para pautar su ejercicio. Precisamente, en la segunda palabra de la primera página del enunciado manual aparece, aunque implícitamente, la norma de estilo pertinente en este caso. Léase: “Al igual que admitir y reconocer, aceptar implica en general el reconocimiento de una acción impropia, error o algo similar. Por eso en algunos contextos puede dar una errónea connotación de algo censurable. Por ejemplo, una persona que dice ser homosexual, quizá no lo esté aceptando sino simplemente revelando o incluso proclamando esa condición, En ese caso es incorrecto usar los verbos aceptar, admitir o reconocer. En su lugar deben utilizarse otros sin connotación, como decir, manifestar o expresar.” Actuando conforme la norma enunciada y en aras de eliminar la connotación ostensiblemente prejuiciada del uso impertinente del término, en el área de corrección de estilo del diario se decidió cambiar la palabra homosexual por la de hombre, sin sospecharse que el autor de la reseña reaccionaría como lo hizo. Y como las normas de estilo no incluían ninguna sanción para quienes las infringiesen, el periodista de la historia sólo tuvo como respuesta la siguiente expresión, en boca de la periodista que corrigió su historia: “los maricones no necesitan quienes les defiendan; ellos y ellas se defienden solos, tanto que hasta tienen un día del orgullo gay”. A más de que en la crónica de marras, el perfil acerca del presunto asesino del niño, construido en base a testimonios de gente de su vecindario, lo presentaba como un hombre generoso, cariñoso y amigable y de que la opción sexual no es, necesariamente, un indicador de rechazo o propensión hacia el abuso infantil, cuando se acusa a un o a una heterosexual, nunca se les define como tales. Es decir, la preferencia sexual no se menciona, no sólo porque, en efecto, es irrelevante, sino porque las violaciones y abusos sexuales pueden ser resulta obvio comportamientos tanto de hombres como de mujeres, sean heterosexuales, bisexuales u homosexuales. Antes de que El Siglo colocara el hito pionero, correctores y correctoras de estilo, lo mismo que algunas y algunos periodistas, usaban, para su trabajo, el manual de Estilo de la agencia de prensa EFE, de España y los textos Ciencia del Lenguaje y Arte del Estilo, de Martín Alonso, doctor en Filosofía y Letras y redactor del Diccionario Histórico de la Real Academia Española. En el mismo diario, hubo esfuerzos, aunque no sistemáticos, por conseguir la eliminación del sexismo lingüístico y el ocultamiento de la mujer en las crónicas, a pesar de la reticencia y hasta el enojo, en ocasiones, de muchos redactores. El trabajo de recopilación de las notas de El Siglo fue realizado desde antes de la salida del diario. “Tomamos el cuidado dice la presentación del texto de elaborar, en realidad ensamblar, unas notas de estilo que sirvieran de pautas para el trabajo diario de los (las) periodistas, los correctores de estilo, los tituladores o titulistas y los correctores de páginas.” “Con ese objetivo añade preparamos un borrador, tributario de manuales de estilo de varios diarios y agencias informativas y los presentamos a la consideración del Jefe de Redacción, del Jefe de Información Nacional y de los editores, quienes hicieron observaciones que el señor Alejandro Paniagua (titular del primer cargo mencionado) incorporó al documento...” De acuerdo a la misma presentación, las notas “tienen el valor de darnos un marco de referencia común para la redacción de los textos noticiosos y ayudarnos, de este modo, a completar la coherencia que el diario debe tener en todos los cuerpos, secciones, informaciones y párrafos...”. Aunque ha habido progresos incuestionables en la realización lingüística no sexista ni discriminatoria en los medios masivos de República Dominicana, aún “...el varón es el sujeto y el objeto de todos los discursos. Sujeto en tanto que emisor y receptor de los mensajes lingüísticos. Objeto puesto que lo masculino es lo seleccionado como contenido relevante, lo que se nombra y de lo que se habla”, como sostienen Enriqueta García Pascual y Aguas Vivas Catalá Gonzálvez. Las “Notas de redacción y estilo” del desaparecido diario, pueden ser un referente, un punto de partida, para impulsar un trabajo sistemático, disciplinado que termine en la redacción de un manual de estilo abarcador, inclusivo, no discriminatorio, útil para los medios masivos de República Dominicana y, con las adecuaciones pertinentes, para toda América Latina. De esa manera, el vaticinio implícito en el último párrafo de la presentación de las notas, donde el redactor escribió: “Estamos seguros que con el tiempo y los aportes de cada uno de los integrantes de El Siglo mejoraremos estas notas hasta convertirlas en un verdadero libro de estilo”, se cumpliría. Y con creces. Otro hito En el pasado reciente, en septiembre de 1992 se trata de otro esfuerzo pionero, además del trabajo que CIPAF venía haciendo desde hacía tiempo, la Asociación Domnicana pro Bienestar de la Familia (Profamilia) inició el proyecto “Mujer y Medios de Comunicación”, cuyo objetivo general fue desarrollar acciones para concienciar a mujeres que trabajasen en el campo de la Comunicación Social, sobre su rol como emisoras y legitimadores de valores y actitudes que puedan contribuir con el proceso de la misma actividad: incrementar el conocimiento sobre la condición de la mujer en República Dominicana, a través de una publicación trimestral dirigida a 1,000 periodistas del país; propiciar que 50 comunicadoras sociales de periódicos, revistas, televisión y radio, oficinas de Relaciones Públicas, área docente y agencias de servicios informativos conozcan sus derechos reproductivos; lograr que el mismo número de mujeres analizaran el uso del lenguaje como instrumento de dominación o de liberación a través de un curso a nivel nacional, de manera tal que puedan replicar dichos conocimientos en su trabajo. Otro propósito del proyecto fue realizar un análisis de contenido de las informaciones escritas por las participantes, a fin de determinar el impacto del curso. Fueron construidas el análisis fue responsabilidad de esta cronista dos muestras para revisar las informaciones escritas por las periodistas y sometidas a revisión, en la primera de las cuales se buscó cuantificar los contenidos temáticos o de asuntos. Y la segunda muestra, de interés para estas líneas, por cuanto hubo un análisis de género en el discurso, estuvo conformada por 237 párrafos de las 27 informaciones de la muestra significativa. El análisis de esa muestra encontró manejo sexista del lenguaje en 145 párrafos, para el 61.18 por ciento del universo; 51 párrafos no sexistas el 21.51 por ciento y 41 párrafos “neutros”, el 17.29 por ciento, es decir, que el impacto del proyecto fue mínimo en sus participantes, sin duda porque como la concepción del mundo a la que accedemos e internalizamos nos viene informada y formada a través del lenguaje, romper con las realizaciones lingüísticas sexistas, discriminatorias y excluyentes demanda acciones sistemáticas y permanentes. Es que se trata de influir en el inconsciente colectivo donde persisten y se reproducen tales prácticas. Vota por este artículo: Votar (0) >> ¿Qué es esto?
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