Comunicar la Historia de las Mujeres es un punto de contacto entre los trabajadores de los medios y los de la Historia. Otro pretexto hermoso de unión en el deseo común de propagar realidades. Esfuerzo simultáneo que evita que nuestras antepasadas, maltratadas ayer por sus contemporáneos, hoy sigan siendo lesionadas por la violencia del olvido.


Encarar la vida con las herramientas teóricas y prácticas del género traduce a un lenguaje racional y visible los traumatismos morales y psicológicos del legendario abuso físico e intelectual, doméstico y público, implícito y explícito aplicado por el sexismo a las que eufemísticamente hemos sido llamadas “Reinas del Hogar”. La relectura desprejuiciada del patrimonio histórico nacional (y universal), va quitando de la mirada contemporánea los axiomas precocidos con la lumbre discriminatoria que atrofió nuestros sentidos con el inculcado desprecio hacia todo cuanto tuviera signo femenino. Descontaminadas de esa insensibilidad, hoy regresamos a los viejos textos “de obligada consulta” y paladeamos el rancio sabor segregacionista que antes no supimos (o no pudimos) degustar. Y ya no nos abruma aquella adolescente inquietud de “¿... y dónde están las mujeres de la Historia ?” Semejantes cuestionamientos devienen convocatoria... a colegas y congéneres sobre la anulación de la memoria femenina. Permitimos la violencia contra mujeres que aunque son existencia pasada no son mujeressepultura sino mujeressimientes magnifica el calibre abusivo del desamor. Se nos lastiman los tímpanos al escuchar cómo a la altura del siglo XXI hay discursos, aun femeninos, que plantean que las actuales conquistas de las mujeres se deben al filantropismo benefactor masculino concedido a ese rebaño inválido, con los cuales se desprecia la lucha de cientos de féminas que en otras épocas e, incluso, en otros confines, libraron duros combates para subir peldaño a peldaño la escarpada cima desde donde se divisa la emancipación de ellas (y de nosotras); mujeres que en solitario enfrentaron la incomprensión o el repudio de reaccionarios y de timoratas; silentes heroínas de palabra clandestina y méritos usurpados por quienes apologetizan el presente triunfalista porque ignoran el pasado femenino. Comprendemos que entre las urgencias del ahora mismo está identificar cuál es más culpable: si el hombre que oprime o la mujer que se deja oprimir. De lo que se trata es no olvidar que la inferiorización de la mujer es la representación más primitiva y antigua de la explotación humana. El imperativo es desmontar los cánones marginadores mediante interpretaciones objetivas, es reeditar la narrativa histórica colocando a los sujetos masculinos y femeninos en la justa dimensión y equilibrio de sus actos ... Es definir, de una vez y por todas, que las personalidades relevantes (las matronasparadigmas) no constituyeron accidentes de la naturaleza femenina, sino que su trascendencia histórica de aquí, su resonancia radica en haber despertado las conciencias dormidas o ser portavoces de sus despiertas compatriotas.
Pertrechados con argumentos sólidos, veraces y abundantes, quién podrá arrebatarles espacio y seguir olvidando en nuestras lecciones de Historia la impresionante vitalidad movilizadora de la peruana Trinidad María Enríquez que en 1889 enfrentó al poder clerical y gubernamental cuando rechazó su admisión a los estudios superiores porque aún no era un derecho otorgado a todas sus compatriotas; o a Josephine Butler durante su campaña contra la prostitución reglamentada, en la Inglaterra de fines del siglo XIX; o a la cubana Edelmira Guerra, quien en 1898 redactó en nombre de su club patriótico femenino, un programa que demandaba para las mujeres el sufragio, el trabajo, el divorcio y hasta la separación de la iglesia del Estado. Para el presente profesional y humano, comunicar la Historia de las Mujeres bien en un libro o conferencia, en un periódico o una revista, por los hilos de la radio y la pantalla de la Tele o en cintas de video y navegando en Internet es enriquecer espiritualmente nuestro camino y el de las generaciones de más jóvenes. Hablar de la Historia de las Mujeres junto a noticias, comentarios, editoriales de temas tan actuales como la globalización, el oxígeno contaminado o la pobreza feminizada, es comprender y hacer comprender la vigencia del pasado o la necesidad de contener sus efectos no superados. Y si cada día decimos NO a la violencia contra las obreras de las maquilas miserablemente retribuídas, a la violencia doméstica que transforma en monstruos desnaturalizados a los hombresgolpeadores y en sobrevivientes torturadas a sus esposas e hijos, a esa demencial violencia que convierte a niñas y niños en mercancía de prostíbulos, también digamos NO a quienes mutilan sin piedad nuestras raíces. Vota por este artículo: Votar (0) >> ¿Qué es esto?
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