En el único de los diálogos de inspiración filosófica de su primer Parque Jurásico, Steven Spilberg asegura que Dios destruyó a los dinosaurios para dar vida a los hombres. Pero estos, inconformes con un presente de tamañas ausencias, revivieron unas pobres criaturas incapaces del apareo.
El asunto le sirvió como anillo al dedo a la oportunidad "darwiniana" para recordarnos que "la naturaleza siempre encuentra soluciones" y los dinosaurios obligados a la no fecundidad, resolvieron el acertijo como ciertos batracios del continente africano. Más de un siglo cuenta en su salto tan histórica disquisición humana, del cara a cara íntimo de las parejas, a los foros sociales de mayor trascendencia en el mundo que, más allá del ser machista o del ser feminista, invoca el protagonismo cualquiera que sea el rol. Sin embargo, ¿nos reafirmamos...? La pregunta, tan ingenua como aún no salvada, se enreda en una telaraña de circunstancias. Ya no asombra aunque alguno se lamente que las mujeres presidan desde pequeños negocios hasta consejos de empresas privadas, que los numerólogos asienten por la abundancia, en clara comparación con estadísticas similares de dos décadas atrás. Lo que permanece fuera de la suma no es el asombro, sino el orgullo de muchos hombres por la inteligencia femenina, como factor ganado a las tradiciones patriarcales que, para esta época, asumen con nobleza de bestia cansada a las "mujeres de portafolio". Entretanto, no fue el Espíritu Santo el que sopló los aires nuevos. Ellas alcanzaron el pedestal por obra propia. El problema está en el pedestal. Hasta hoy la reivindicación es tan lógica e histórica como necesaria y definitiva. Ya se sabe hasta la médula que la mujer no es menos para organizar grupos de trabajo, liderar ideas, cambiar puntos de vista y otros tantos etcéteras que, a esta altura del tiempo, habían sido de un protagonismo masculino no ajeno a la afirmación de que "tras un hombre de éxito hay siempre una mujer". Cuando aquellos compartieron el feudo, para sellar con tabla un partido tan interminable, no tuvieron en cuenta tanta mansedumbre obligada para las hembras, ni ellas que el alcance del género no superara las expectativas.
Tras participar de enfoques y debates, y ganar posicionamiento, con la gloria más de una se olvidó de las memorias. La igualdad ganada no trastocó los roles. Después de lograr las metas, no son pocas las que vuelven a la tarima del machismo, si no es que continúanno porque masculinicen el verbo, sino al dejar de compartir la añoranza para mantener enfoques de poca ganancia para las semejantes que continúan a expensas de los cambios. ...Y por si fuera poco, no son menos los hombres a la saga de las mujeres líderes. A tenor de los nuevos tiempos, cabe otra interrogante ¿y detrás del éxito de las contemporáneas? ¿Quién está? Siguen existiendo las mujeres si la totalidad es matriarcal, por supuesto. Pero definitivamente tampoco están exentas de contar con los varones para mantener sus liderazgos. Sin embargo, alguno más que otro puede contar una mancilla, acoso o hasta violación de sus derechos individuales por su patrona o jefa, la directora o su segunda... Las veces traducidas en la prensa como un hecho curioso. El caso es que, como los dinosaurios de Spilberg, es poco probable que "las mujeres de portafolio" puedan mantenerse indiferentes a sus opuestos, o que prefieran la conversión como aquellas especies africanas que resolvieron el conflicto jurásico del cineasta. La cuestión es que siempre seremos hombres y mujeres, porque la solución edénica no fue a priori, si se tiene en cuenta que, definitivamente, los conflictos opuestos deben ser resueltos por la unidad de las mitades.
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